Quienes anunciaron que las primarias del 5 de febrero en 24 estados dejarían sentenciadas las nominaciones para las presidenciales de los EE.UU. de 2008 se equivocaron.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Aunque, como señaló «The Washington Post» en su editorial de ayer, «como en el cubo de 'Rubik', el significado real no se sabrá hasta que se cuenten todos los delegados», el duelo entre Hillary Clinton y Barack Obama por la nominación demócrata continuará durante semanas o meses.
En el Partido Republicano, John MacCain logró ya una ventaja suficiente como para asegurarse la nominación, pero tampoco venció por nocaut como presagiaron muchos observadores.
Con su victoria en los estados más importantes (California y Nueva York), Clinton mantiene su ventaja en número de delegados, pero el sistema proporcional de las principales primarias demócratas relativiza esa ventaja y la victoria de Obama en 12 o 13 de los estados en juego el «supermartes» deja completamente abierta la carrera.
Tendremos que esperar a ver qué sucede en las próximas semanas en Ohio, Texas, Louisiana, Washington y Virginia. No sólo eso. Clinton y Obama han logrado movilizar al doble de votantes que los republicanos, pero la división de sus votantes por señas de identidad (raza, clase y género) es tan profunda que, si no trabajan seriamente en reducir la brecha y se prolonga la agonía, el partido puede llegar muy tocado a la convención.
Una mayoría aplastante de negros y de jóvenes apuesta por Obama, mientras que Clinton cuenta con una mayoría de mujeres y de hispanos. El voto blanco se divide y se complica la formación de un ticket ganador en noviembre si los seguidores de una y de otro se niegan a subirse al carro del vencedor.
La victoria más importantepara Clinton el « supermartes» fue Massachusetts, cuyos dos senadores (Edward Kennedy y John Kerry) y su gobernador (Deval Patrick) apoyaron a Obama. El senador de Illinois arrasó en su estado, pero, como victoria simbólica más destacada, sobresalen los 4 de cada 10 blancos que lo votaron en Georgia, prueba de que su apoyo va mucho más allá de su raza.
Tras su triunfo en Nueva York (con la ayuda de Rudolph Giuliani), Missouri, Arizona, Illinois, Oklahoma, Delaware y California, el senador McCain tiene mucho más cerca los 1.191 delegados que necesita para la nominación republicana, pero su derrota en 11 estados (5 del Sur que prefirieron al ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee y 6 que optaron por el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney) refleja la empinadacuesta que tendrá que subir si aspira a ganar en noviembre para unificar el partido.
Los republicanos más conservadores no se fían de él. «Mc-Cain destruirá el partido», adelantó Rush Limbaugh, el radiopredicador conservador más influyente. «Antes perder que votar a McCain», señaló Ann Coulter, otra radiopredicadora republicana con gran audiencia.
Por el momento, McCain ha hecho trizas la teoría de Karl Rove, que dio la victoria a George Bush en 2000 y 2004, de que, para ganar, un candidato republicano tiene que contar primero con el apoyo de la franja más conservadora del partido. Si partiendo del centro, McCain, además de la nominación, gana la presidencia, será una revolucióncompleta en el Partido Republicano.
Como Obama, McCain ha apostado en la campaña por el cambio, pero a diferencia del candidato demócrata ofrece experiencia y un conocimiento profundo de los temas de seguridad, defensa y política exterior. Su talón de Aquiles son la economía y la salud, que nunca le han interesado mucho.
Clinton sostiene que si Obama gana la nominación demócrata, la maquinaria republicana lo triturará en pocas semanas, mientras que, además de experiencia y el apoyo de los políticos más influyentes del partido, ella lleva 15 años enfrentándose y resistiendo con bastante éxito a dicha maquinaria.
La reducción de bajas en Irak en las últimas semanas ha mejorado la posición de McCain, que siempre ha defendido seguir en el pantano iraquí hasta la victoria, aunque cueste cien años lograrlo.
Según las últimas encuestas, la máxima prioridad de los votantes republicanos sigue siendo la seguridad, donde McCain parece más sólido, mientras 9 de cada 10 votantes demócratas consideran mucho más importante la economía, en puertas de una recesión.
Todos coinciden en que serán las elecciones más caras de la historia y también las más inciertas, pues -por primera vez desde 1928- no se presenta ningún presidente o vicepresidente. Los debates televisados (18 ya y otros tantos previstos de aquí al verano) e Internet seguirán siendo decisivos.
Dejá tu comentario