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27 de julio 2005 - 00:00

Surcorea quiere lograr un acuerdo entre Washington y Pyongyang

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La simultaneidad es la piedra de toque de la pugna entre Estados Unidos y Corea del Norte, principales protagonistas de la crisis que disienten sobre quién debe dar el primer paso.

Washington exige a Pyongyang un desmantelamiento "irreversible, completo y verificable", al que Corea del Norte no piensa acceder sin una garantía de no agresión por parte de EEUU.

Song Min-soon, viceministro de Exteriores surcoreano, señaló en su discurso en la sesión plenaria de la cuarta ronda de diálogo con el Norte, EEUU, Japón, Rusia y China (país anfitrión), que hay "dos pilares" necesarios en la solución de la crisis y que deberían estar incluidos en un documento común.
 
Se trata de "la promesa de Corea del Norte de abandonar su programa nuclear y la de las otras cinco partes de normalizar sus relaciones con Pyongyang, y garantizar su seguridad y la cooperación económica", indicó Song, según la agencia oficial Xinhua.

Tras la caída en los años 90 de la Unión Soviética, principal aliado junto con China del hermético régimen norcoreano, éste inició su ambicioso programa armamentístico para protegerse de un eventual ataque de EEUU, que mantiene 40.000 efectivos en Corea del Sur desde la firma del armisticio con el Norte en 1953.

En caso de conflicto entre Pyongyang y Seúl, el ejército surcoreano quedaría bajo el mando de EEUU y el miedo del Norte a un ataque similar al sufrido por Irak aumentó después de que en 2002 el presidente norteamericano, George W. Bush, incluyera a Corea del Norte en el "eje del mal", junto a Irak e Irán.

Según la propuesta de Song, citado por un miembro anónimo de su delegación, el documento puede ser una "declaración conjunta" que incluiría también la oferta de ayuda energética de Seúl a Pyongyang de dos millones de kilovatios anuales y alimentos.

Aunque se desconoce la respuesta del Norte a la propuesta del Sur, convoyes de arroz cruzaron ayer la frontera entre ambos lados, lo que indica que Pyongyang podría haber aceptado la oferta de Seúl incluso antes de la ronda de conversaciones.

A la oferta energética, con un presupuesto de 2.400 millones de dólares iniciales y un suministro efectivo a partir de 2008, Pyongyang respondió el pasado día 22 con la propuesta de cambiar el armisticio por un "mecanismo de paz duradero" que garantizaría de rebote la no agresión de EEUU.

Japón recibió hoy positivamente la propuesta de Seúl. "Si Corea del Norte desmantela su programa nuclear, prometemos facilitar una garantía de seguridad", dijo Kenichiro Sasae, viceministro de Japón, el mayor aliado militar de EEUU en Asia.

Sin embargo, recordó que siguen en pie sus exigencias, entre las que se encuentran una solución para los japoneses secuestrados por Pyongyang en los años 80 y el desmantelamiento de los cerca de 300 misiles "No Dong" norcoreanos que apuntan a Japón.

Según declararon observadores occidentales, Pyongyang cedería inmediatamente si Washington le garantiza la no agresión, ya que el "régimen eremita" está completamente depauperado.

Los más críticos acusan a Pyongyang de enrocarse de nuevo tras conseguir ayuda y apuntan hacia la magnitud de su armamento, sobre la que no se ponen de acuerdo los servicios secretos de EEUU.

Después de que Pyongyang anunciase el pasado 10 de febrero que estaba en posesión de un arsenal nuclear, EEUU dice que el régimen estalinista puede haber desarrollado un programa de plutonio y otro de uranio.

Corea del Norte cuenta con un ejército de 1,1 millones de efectivos y hasta 5.000 armas químicas, además de un número indeterminado de misiles de largo alcance "Taepo Dong 2" capaces de llegar hasta las costas de EEUU.

Aunque no hay fecha de conclusión, de firmarse un documento como el propuesto hoy por Seúl, esta sería la primera de las cuatro rondas celebradas en Pekín desde 2003 que se cerraría con un resultado tangible tras el estallido de la crisis en 2002.

En octubre pasado, Pyongyang reconoció el reinicio de su programa nuclear, rompiendo el Acuerdo Marco firmado con EEUU en 1994, y poco después expulsó a los inspectores de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

La amenaza de que Washington endurezca las sanciones a Pyongyang si no hay resultados ha obligado a que las delegaciones se apremien, mientras combaten el calor pequinés con sopa fría de judías verdes en la idílica Residencia de Jefes de Estado de Diaoyutai.

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