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26 de febrero 2007 - 00:00

Teherán: el desafío de las potencias

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Washington (AFP) - Las seis superpotencias que intentan convencer a Irán de que renuncie al enriquecimiento de uranio afrontarán hoy la ardua tarea de ponerse de acuerdo sobre qué medios emplearán para disuadir a un Teherán desafiante.

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Dos meses después de acordar, con dificultad, las primeras sanciones contra Irán, las superpotencias (Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia) constataron el miércoles que el país islámico había dejado expirar el plazo de 60 días que le había dado la comunidad internacional para detener algunas actividades de su programa nuclear.

No solamente desoyó las demandas de la Resolución 1.737 del Consejo de Seguridad de la ONU, sino que, además, amplió su capacidad de enriquecimiento de uranio, principal motivo de preocupación para la comunidad internacional, informó la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Esa actividad provee combustible a las centrales nucleares civiles, pero puede destinarse a la fabricación de bombas atómicas, por lo que el Consejo estima que la mejor garantía de que las actividades nucleares de Irán queden circunscritas a fines civiles es que renuncie a enriquecer uranio.

Irán anunció en reiteradas ocasiones que no se propone fabricar una bomba atómica y ha reivindicado su derecho al desarrollo de tecnología nuclear, estipulado en el Tratado de No Proliferación del que es signatario.

Ante esta actitud, Estados Unidos, la más firme de las seis potencias, así como Francia y Gran Bretaña, estiman que el caso debe ser llevado de nuevo ante el Consejo de Seguridad para que le imponga más sanciones.

EE.UU. afirma que las primeras sanciones -la prohibición de transferencia de tecnología y el congelamiento de los activos de personas y empresas iraníesempezaron a surtir efecto al dividir a los dirigentes iraníes, y que se debe mantener la presión.

El gobierno estadounidense, sin embargo, se abstuvo de expresar públicamente la naturaleza de las nuevas sanciones, ante las difíciles negociaciones con sus aliados. Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tienen importantes intereses económicos, energéticos o estratégicos en Irán y ya en diciembre pasado se habían mostrado reticentes a endurecer las sanciones contra el país islámico. La posición de Rusia y China se ha reforzado por la inquietud de una escalada militar. El presidente estadounidense, George W. Bush, ordenó el envío de un segundo portaaviones al Golfo Pérsico, donde Irán realizará al mismo tiempo ensayos con misiles. Además, las disputas entre Washington y Teherán por el caso de Irak se agravaron profundamente.

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