18 de junio 2008 - 00:00

Tortura, en la lupa del Senado

Washington (EFE) - El Pentágono usó un programa de entrenamiento a miembros de las fuerzas especiales para resistir torturas en caso de ser capturados como fuente de ideas para maltratar a detenidos, según una investigación del Senado divulgada ayer.

El programa «SERE» (Supervivencia, evasión, resistencia y fuga) coloca a los soldados estadounidenses en situaciones extremas, bajo estricta supervisión, para prepararlos para lo que podrían sufrir en manos de enemigos.

Su lista de técnicas incluye mantener a la persona largo tiempo en la misma posición, desnudarla, amedrentarla con perros, privarla de luz y de sonido, trastornar su sueño, tratarla como un animal y someterla a temperaturas excesivas. Hasta hace poco, algunos militares también experimentaron, aunque muy brevemente, las asfixias simuladas consideradas como tortura por las organizaciones de derechos humanos. EE.UU terminó por usar esos métodos contra los detenidos en Guantánamo, Afganistán y la prisión iraquí de Abu Ghraib.

El SERE estaba basado en los sufrimientos de los soldados norteamericanos capturados en Vietnam y otras guerras, según dijo en la audiencia el teniente coronel Daniel Baumgartner, ex jefe de gabinete de la agencia que supervisa el programa.

Los miembros del Comité de las Fuerzas Armadas no ocultaron su rechazo de que el Pentágono adoptara unos métodos propios de las dictaduras militares sudamericanas de los 70 y los 80. «Los abogados de la administración usaron teorías legales estrambóticas para justificar técnicas duras en los interrogatorios», dijo el senador republicano Lindsey Graham.

Añadió que pasará a «la historia como el análisis legal más irresponsable y miope dado a la comunidad de inteligencia militar de la Nación». Los abogados de la administración reinterpretaron la normativa y definieron «tortura» de forma muy restrictiva. Por ejemplo, John Fredman, un abogado de la CIA, afirmó en una reunión en octubre de 2002 que los estatutos sobre la tortura son vagos y que «es básicamente un asunto de percepción. Si el detenido muere, lo has hecho mal», según actas del encuentro divulgadas ayer.

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