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3 de noviembre 2009 - 21:55

Un ex asesor de la Casa Blanca asegura que EEUU restó importancia a la caída del Muro

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Brent Scowcroft fue consejero de Seguridad Nacional de los presidentes Gerald Ford (1975-1977) y George Bush (1989-1993).
Estados Unidos se empeñó en impedir una reacción soviética cuando cayó el Muro de Berlín y restó importancia al momento jubiloso, al considerar que sólo se trataba de "otro paso" en el camino del derrumbe del comunismo en Europa del Este, afirmó el general retirado Bent Scowcroft, uno de los principales asesores de la Casa Blanca cuando se produjo el histórico acontecimiento.

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Mientras el mundo entero celebraba la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, a la Casa Blanca le preocupaba el peligro de que el rápido desarrollo de los acontecimientos podría llevar al presidente soviético Mijail Gorbachov a reprimir el movimiento reformista en Europa del Este, explicó Scowcroft.

"Lo que a todos nos preocupaba era que si nos regocijáramos con lo que estaba pasando, podríamos provocar una reacción de la Unión Soviética. Por eso, quisimos restar importancia al tema diciendo que se trataba de un paso adelante para todo el mundo pero no una ocasión jubilosa", dijo Scowcroft, quien fuera asesor de seguridad nacional del presidente George Bush.

En la entrevista, concedida con motivo del XX aniversario de la caída del Muro de Berlín, Scowcroft, de 84 años, ofrece la visión desde el interior de la Casa Blanca sobre el acontecimiento, sobre el debate en torno a la reunificación de Alemania y las lecciones aprendidas desde el fin de la Guerra Fría.

"Casi de inmediato comenzamos a preocuparnos porque Gorbachov expresaba una gran inquietud sobre lo que estaba ocurriendo", relató Scowcroft. "Eso nos preocupaba, así que fue una reacción entremezclada".

Tras la caída del Muro de Berlín, las conversaciones mudaron rápidamente hacia el debate de la reunificación de Alemania. El gobierno Bush respaldó el plan del canciller Helmut Kohl de reunificar rápidamente, en contra de los deseos del Reino Unido y Francia, pero no lo hizo hasta después de un duro debate entre los consejeros de Bush.

El entonces secretario de Estado, James Baker, apoyaba la idea. Scowcroft admite que él era uno de los escépticos.

"Estaba nervioso por toda esta cosa y no quería que nos expusiésemos en asuntos de la unificación alemana, porque era un tema extremadamente sensible y los propios alemanes estaban divididos al respecto", argumentó Scowcroft. "Y sabía que los británicos y los franceses se oponían a ello, por no hablar de los rusos".

En diciembre, Bush y sus asesores se reunieron con Kohl para escuchar los planes del canciller para la reunificación. Fue entonces cuando Bush decidió respaldarla, zanjando así las deliberaciones en la Casa Blanca.

"Y así fue. Y creo que salió todo bien", comentó Scowcrof, quien en la actualidad dirige una empresa de consultoría para empresas internacionales en Washington. Él formará parte de la delegación que acudirá a Berlín para celebrar el aniversario del acontecimiento histórico.

Bush buscó asegurarse que Kohl realmente estaba comprometido con la unificación de Alemania al amparo de la OTAN. Gorbachov quería una Alemania neutral. Scowcroft dijo que le preocupaba que Kohl se inclinase por las demandas de Gorbachov y unificase Alemania "a cualquier precio", aparcando el deseo de Estados Unidos de que el país europeo se quedase en la alianza.

"Me preocupaba que él tal vez, no por un deseo maligno, sino porque su responsabilidad era Alemania, sintiese que tuviese que pagar cualquier precio para una Alemania unificada", indicó.

"Uno de los errores que cometimos, y que fue gradual, que olvidamos que para Rusia esto (el fin de la Guerra Fría) era una experiencia totalmente diferente", dijo el ex asesor. "Y cuando nosotros intentábamos decir que esto 'es una nueva era y es prometedora para todo el mundo', para ellos era una profunda humillación".

"Y en absoluto era para humillar a los rusos. Se hizo por motivos que merecían la pena, pero se ignoraron factores muy importantes que crecieron y ahora nos persiguen", señaló.

Scowcroft comentó que la poderosa posición de Estados Unidos en el mundo es comparable a la del Imperio Romano, pero los tiempos han cambiado y "nos hemos dado cuenta de que no podemos utilizar el poder como lo hicimos en el pasado. No sirve, y creo -concluye- que todavía estamos en la fase de aprendizaje".

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