La mayoría chiíta, sojuzgada durante más de dos décadas por Saddam Hussein, se está tornando en el principal problema para el gobierno estadounidense de Irak. Una masiva peregrinación religiosa a Kerbala es usada por los chiítas para exigir el retiro de EE.UU. de su país. El Pentágono ya advirtió que no tolerará un gobierno islámico, aun si fuera electo en las urnas.
El titular del régimen estadounidense en Irak, el general retirado Además, enarbolaron otras consignas: «Si Estados Unidos se queda en Irak, lo pagará», «No a Israel», «Sí a la unión del Islam».
En la gigantesca plaza de Kerbala, en el centro de Irak, adonde desde hace días están llegando fieles de todo el país, se suceden las manifestaciones y las concentraciones, integradas sólo por hombres que se golpean el pecho en memoria del mártir Hussein, muerto en combate en el año 680.
Las celebraciones más importantes se realizan entre ayer y hoy, y se aguarda la presencia de más de un millón de personas, provenientes de todas partes de Irak, dando rienda suelta a su fe religiosa tras décadas de prohibiciones. Los chiítas representan más de 50 por ciento de la población iraquí.
«La revolución del imán Hussein es un grito en la cara a los opresores», exclamaban los manifestantes, todos vestidos con atuendos blancos. Desde El Cairo, también abogó por un pronto retiro de las tropas angloestadounidenses
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