18 de marzo 2003 - 00:00

Una guerra diferente, 12 años después

Erbil, norte de Irak - Tal como se perfila el panorama, el ataque comenzará esta misma semana. Una de estas noches, Saddam Hussein y sus generales notarán que las luces se extinguen y que sus teléfonos, sus computadoras y sus radios dejan de funcionar. Será la señal inequívoca de que entraron en acción las bombas-e, unos sofisticados artefactos capaces de poner en cortocircuito todo tipo de equipo eléctrico.

En 1991, también estaba Saddam a un lado y había un Bush, un Powell y un Cheney en el otro. También los carros blindados son Abrams, hay helicópteros Apache y los aviones se llaman F-14, F-15, F-16, F-18, Stealth o B-2. Pero las coincidencias son sólo superficiales. No sólo por innovaciones como las bombas-e o la mastodóntica Madre de todas las Bombas probada hace unos días en los pantanos de Florida.

El eje del rotor de los Apache incluye ahora un innovador sistema de tiro, llamado Longbow, que permite al piloto disparar simultáneamente contra 16 carros blindados. Los Abrams van dotados de GPS -Global Positioning System-, que facilitan a cada tanquista, en cada momento, su localización precisa.

Los transportes blindados cuentan con lo que en el argot bélico-informático se denomina FBCB2: un invento que empezó a probarse en Bosnia y que no es otra cosa que un sistema de comunicaciones vía Internet, capaz de dar al alto mando un conocimiento preciso, instantáneo y exacto de lo que ocurre en el campo de batalla.

El despliegue es casi opuesto al de 1991, cuando los Estados Unidos reunieron 35 aliados, amasaron medio millón de hombres y levantaron en la frontera de Arabia Saudita una «montaña de acero» hecha de tanques, aviones y baterías artilleras. Esta vez no hay aliados; si se exceptúa a los británicos, sólo se han movilizado 250.000 hombres y se han dispersado las unidades por la región, colocando batallones, barcos y aeroplanos en Kuwait, Qatar, Omán, Diego García, Bahrain, Rumanía y, pronto, hasta en el Kurdistán iraquí.

Un detalle sobre el que se ha hecho escaso énfasis, pero será muy relevante, es que Irak carece de defensas antiaéreas. Con la excusa de hacer respetar la zona de exclusión aérea decretada por los EE.UU. y Gran Bretaña, los pilotos estadounidenses y británicos llevan 10 años desmantelando todo lo bombardeable. Ni un radar fijo, ni una batería iraquí digna de tal nombre y con emplazamiento concreto se han salvado del castigo.

Como hizo en el año 1990, Saddam Hussein está reclutando a la fuerza a miles de desventurados -kurdos, cristianos, chiítas- para usarlos como carne de cañón. La furia y el sofisticado material de la 4ª División de Infantería, la 101ª Aerotransportada, las Ratas del Desierto, los rangers, los marines y los especialistas disfrazados de pastores o de camelleros, que andan por montañas y desiertos espiando, caerán sobre las unidades de elite de Irak y la Guardia Republicana, compuesta por 40.000 hombres.

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