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27 de marzo 2007 - 00:00

Una necesidad en lo político y lo económico

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El pacto entre unionistas y republicanos alcanzado ayer puede calificarse de «histórico» por varios motivos. En primer lugar, es la culminación de los Acuerdos de Viernes Santo de 1998, que consagraban un juego político pacífico en Irlanda del Norte.

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El «pacto del 26 de marzo» es consecuencia de las elecciones del último día 7. Los unionistas obtuvieron la mayoría, 36 de los 108 escaños de la Asamblea. Los republicanos volvieron a ser la segunda fuerza, con 28 diputados. El gobierno laborista de Londres puso como condición para restaurar la autonomía en el territorio, suspendida desde 2002, que ambas facciones llegaran a un acuerdo con la fecha límite del 26 de marzo. El reverendo Ian Paisley se resistió hasta el último minuto, pero al final accedió.

El acuerdo también es «histórico» para el primer ministro británico, Tony Blair, quien después del fracaso de la guerra de Irak, podrá dejar el gobierno con un éxito en casa.

  • Histórico

  • Finalmente, reunir en una misma mesa a dos enemigos que parecían irreconciliables, Paisley y el republicano Gerry Adams, también se merece el calificativo de «histórico». Nunca antes habían negociado en un encuentro personal, y por supuesto nunca habían sido fotografiados en una misma mesa. Aunque ayer se mostraron con un más que calculado espacio de distancia entre ambos.

    Confinados en el norte de la isla, en un territorio de 14.000 kilómetros cuadrados, viven hoy 1.685.000 norirlandeses. El 53,1% es protestante, y 43,8% católico. La economía atraviesa una grave crisis desde la década del 60. Las florecientes industrias naval (responsable de la construcción del Titanic) y textil son un lejano recuerdo.

    Antes de la firma del pacto, Paisley negoció con Blair el futuro económico del Ulster. Londres se comprometió a destinar 53.000 millones de euros en los próximos cuatro años si unionistas y republicanos llegaban a un acuerdo.

  • Madurez

    Los analistas coinciden en que este pacto es mucho más maduro que los anteriores, pero todo es posible en Belfast. Lo que tanto unos como otros quisieron evitar es que Londres y Dublín siguieran bloqueando el futuro del territorio. Y de esta manera, los diputados recién elegidos volverán a percibir sus salarios. Algo nada desdeñable dada la extracción humilde de muchos de ellos.

    La profunda división entre las comunidades protestante y católica se agravó en el siglo XVII. La corona británica trasladó a Irlanda del Norte a colonos procedentes de Escocia y de Inglaterra.

    La revuelta que nació en Dublín en 1916 contra el dominio británico culminó en la partición de la isla en 1921. La República de Irlanda quedó formada por los 26 condados del sur, mientras que los seis del norte permanecían en el Reino Unido. Las periódicas explosiones de violencia se intensificaron en la década del 60, cuando miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA) lanzaron ataques contra los soldados de Londres.

    El conflicto provocó la muerte de 3.600 personas. En 1997, el IRA anunció un alto el fuego que desembocó en los Acuerdos de Viernes Santo del año siguiente.
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