Usarán a FF.AA. para frenar las protestas
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El presidente
de Bolivia,
Evo Morales,
dispuso un
fuerte
despliegue
de las
fuerzas de
seguridad
en las calles
para
contener la
peor ola de
huelgas y
protestas
desde su
llegada al
poder.
Incluso
amenazó
con apelar a
las fuerzas
armadas.
«El gobierno recurrirá a la policía y, de ser necesario, a las fuerzas armadas, para evitar la toma de pozos gasíferos o gasoductos», dijo el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, al anunciar una decisión adoptada por Morales en reunión de gabinete que comenzó a las 5 de la madrugada.
«Un cierre de válvulas no lo va a permitir el gobierno porque afecta la economía, la seguridad y el salario de todos los bolivianos», agregó, calificando a las presiones cívicas como «impropias, antidemocráticas y atentatorias contra la economía de los bolivianos».
Desde el martes, en la mayor concentración de conflictos desde que Morales asumió el gobierno, Bolivia sufrió cuatro huelgas sectoriales, dos paros regionales que incluyeron el bloqueo de un gasoducto a la Argentina y una movilización de indígenas guaraníes que amenazan con impedir el bombeo de gas a Brasil.
Una huelga nacional del transporte fue levantada en la madrugada de ayer, luego de que el gobierno se comprometió a estudiar facilidades para el pago de multas por infracciones de tránsito y a gestionar ante los municipios cambios en un plan de reempadronamiento de vehículos.
Compromisos de investigación de denuncias de corrupción dieron fin a una huelga de los trabajadores postales, pero persistían y se radicalizaban ayer otra de maestros, en su segundo y último día, en demanda de la renuncia del ministro de Educación, y un paro en la seguridad social en defensa de ex dirigentes sindicales despedidos.
Sobre las amenazas de tomas de pozos y gasoductos, el ministro Quintana dijo que el gobierno las considera «deplorables» y sugirió que podrían tener motivaciones políticas.
Quintana no se refirió específicamente a la amenaza de los indígenas guaraníes de cortar la exportación de gas a Brasil en protesta contra una empresa privada que se niega a acelerar la ejecución de un plan de desarrollo regional.




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