11 de abril 2005 - 00:00

Vaticano: campaña ya para beatificar a Juan Pablo II

FUNERAL. Doscientos líderes mundiales y un millón de fieles en el Vaticano, además de centenares de millones de personas de todo el mundo, fueron testigos el viernes de las exequias de Karol Wojtyla, «el Grande».
FUNERAL. Doscientos líderes mundiales y un millón de fieles en el Vaticano, además de centenares de millones de personas de todo el mundo, fueron testigos el viernes de las exequias de Karol Wojtyla, «el Grande».
Ciudad del Vaticano (AFP, Reuters, ANSA, EFE) -Oficialmente, el Vaticano no abrirá el proceso de beatificación de Juan Pablo II hasta que no lo decida el nuevo papa, pero en la Santa Sede la campaña parece haber comenzado a juzgar por los testimonios de los allegados del difunto Pontífice.

El secretario personal de Juan Pablo II, el polaco Stanislaw Dziwisz, fue ayer primera página del diario «La Stampa» relatando un supuesto milagro realizado por el Papa a finales de los años '90.

• Milagro

«He aquí el milagro», titulala publicación, que hace referencia a un hecho narrado por el confidente del difunto Papa hace algún tiempo, sobre un estadounidense que estaba muy enfermo de cáncer y se curó tras recibir la comunión de manos del Pontífice.

El hecho ocurrió en 1998 cuando este hombre, creyéndose deshauciado, llegó al Vaticano con el deseo de ver al Papa. Juan Pablo II, que iba a celebrar una misa privada, le dio la comunión con sus propias manos y después lo saludó personalmente. Sólo después de la misa supo que el enfermo no era católico, ni siquiera cristiano, sino judío.

Según Dziwisz, algún tiempo después, supieron que el hombre, que sufría un tumor cerebral, se había curado.

Además, el sábado, durante la primera misa del novenario por Juan Pablo II, el cardenal
Francesco Marchisano aseguró que una caricia del Papa en su cuello hizo que volviera hablar de inmediato.

El purpurado había sido operado de carótida y un error médico le había dejado las
cuerdas vocales muy estropeadas, con sólo un hilo de voz. Según «La Stampa»,
el Vaticano ha abierto un informe para recibir casos de curaciones ocurridas gracias a la intercesión de Juan Pablo II y otros supuestos milagros se le han atribuido, por lo que ya en vida se ganó una fama de santo.

• Pruebas

Pero ser beato y posteriormente santo hoy en día es complicado ya que, en teoría, se deben superar escrupulosas pruebas científicas y respetar márgenes específicos de tiempo.

Juan Pablo II fue conocido como el mayor hacedor de santos y beatos de la historia de la Iglesia con un total de 1.342 beatificaciones y 482 canonizaciones. Según él, la santidad era como el «ADN
de la Iglesia».

Hoy en día las canonizaciones transcurren por varios pasos. El primero de ellos es ser considerado siervo de Dios, título reservado para una persona muerta que ha tenido una existencia ejemplar desde el punto de vista de la Iglesia.

Luego, se debe esperar cinco años, pero en el caso del Papa el plazo se puede reducir gracias a una orden especial. Así mismo es necesario un milagro comprobado después de su muerte. El Vaticano recordó que la apertura del proceso de beatificación será competencia exclusiva del nuevo pontífice.

En tanto, el papa Juan Pablo II reposa desde este viernes en la cripta de la Basílica de San Pedro tras un histórico funeral, presenciado en directo o por la televisión por millones de personas que le dedicaron una emotiva despedida de santo.

El Pontífice más carismático y viajero de la historia recibió el último tributo en una multitudinaria misa que consiguió reunir a los más humildes con los poderosos del mundo, entre ellos el presidente estadounidense
George W. Bush, el iraní Mohamad Khatami, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el rey Juan Carlos de España.

«¡Santo,
santo, santo!», corearon durante largos minutos los cientos de miles de devotos y peregrinos de todos los orígenes que se encontraban en la Plaza San Pedro del Vaticano. Juan Pablo II «nos ve y nos bendice», dijo durante su homilía el cardenal alemán Joseph Ratzinger, decano del colegio cardenalicio, quien presidió la misa de dos horas y media de duración en el atrio de la basílica. «Desde la ventana de la casa del Señor, nos ve y nos bendice», agregó el cardenal.

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