Washington (AFP) - El ex administrador estadounidense en Irak, Paul Bremer, aprovechó ayer cuanta entrevista televisiva le hicieron para confesar el nivel de padecimiento con el que vivía su interinato en el país árabe. En concreto, el funcionario temía por su vida y no veía la hora de abandonar Bagdad, en donde representó a la Casa Blanca durante trece meses.
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«Lo que más quería era salir del espacio aéreo (iraquí) a salvo. Vayámonos de aquí a salvo», admitió Paul Bremer a la cadena NBC.
«Es como haber sacado un pesado fardo de mis espaldas», agregó a la cadena ABC. «Estoy feliz de estar de regreso y reencontrarme con mi familia», señaló Bremer, de 62 años, quien fuera calificado por Lajdar Brahimi, enviado especial de las Naciones Unidas a Bagdad, como «dictador de Irak».
Como balance de su gestión admitió que « hubiera sido mejor haber logrado mayor seguridad y antes, no hay duda al respecto». Sin embargo, se mostró optimista: «Esta será ciertamente una sociedad pluralista, no una democracia basada en el modelo estadounidense, sino iraquí. Este país será un éxito y constituirá un ejemplo para otros países de la región», predijo el ex regidor, enrolado en el sector de los halcones de la Casa Blanca y cercano al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. «No hay duda de a que los iraquíes no les gustó la ocupación. ¿A quién le gusta eso? Y francamente, nosotros tampoco estuvimos muy cómodos en el rol de ocupantes», se sinceró en otra entrevista.
Bremer es un experto en riesgos políticos, graduado en la Universidad de Yale, en Harvard y en el Instituto de Estudios Políticos de París. Fue el enviado por la Casa Blanca para poner orden en el país invadido, pero sólo tiene para mostrar un traspaso de soberanía sumamente condicionado a funcionarios designados con el acuerdo de Washington, mientras persisten los problemas de infraestructura y el futuro político se muestra sumamente incierto. Las últimas encuestas señalan que sólo 2 por ciento de los iraquíes están de acuerdo con la presencia estadounidense.
A pesar de la fatiga y de las quejas, Bremer no oculta que le gustaría volver algún día a Irak «para llevar a mi nieta y mostrarle el país».
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