Caso atípico en la región, el presidente de Chile que salga de las urnas no tendrá ante sí una titánica tarea fundacional sino, simplemente, velar por el brillante legado económico que le permitió al país crecer 5,8% promedio en los últimos 16 años y ponerse al borde mismo del desarrollo. Todas las encuestas auguran el domingo un triunfo de Michelle Bachelet, pero parece firme la posibilidad de que deba esperar a una segunda vuelta el 15 de enero para convertirseen la primera mujer en gobernar su país. Es una socialista moderna y moderada, defensora del modelo económico en curso. Sus rivales, Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, más liberal el primero y más conservador el segundo, pelean entre sí para quedar segundos. Eso les permitirá competir en el ballottage con la esperanza de, uniendo fuerzas, batir todos los pronósticos. Dirimirán, además, el liderazgo de la derecha local para los años por venir.
En la centroizquierda se ubicala Concertación por la Democracia, que gobierna el país desde hace casi 16 años y que hegemonizan en relativa paridad de fuerzas el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, dos formaciones que supieron ser férreas rivales antes del régimen de La médica, ex ministra de Defensa e hija de un militar muerto por torturas durante la dictadura,
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