25 de agosto 2006 - 00:00

Vuelve la lapidación de mujeres

No es el título de una película. Salven a Malek Ghorbany es una llamada desesperada para impedir que se reanuden en Irán las lapidaciones de mujeres adúlteras o deshonestas. Este método de ejecución había caído en desuso durante la presidencia del reformista Muhammed Khatami, pero ha cobrado de nuevo fuerza al llegar Mahmud Ahmadinejad al poder.

Shamana Malek Ghorbany es una mujer de 34 años, casada y con dos hijos -Samieh y Ahmad-, que vivía en la ciudad kurda de Nagadeh, en el noroeste de Irán. Acusada de mantener relaciones fuera del matrimonio, el pasado 28 de junio un tribunal islámico la encontró culpable de adulterio y la condenó a muerte. No es el único caso. Según el Comité Internacional contra las Lapidaciones, al menos otras cinco iraníes pueden seguir la suerte de Ghorbany.

Al conocerse la sentencia, el Comité de Derechos Humanos del Kurdistán iraní inició una recolección de firmas que fue seguida por una campaña internacional organizada inicialmente por Lily Mazhery, una norteamericana comprometida con esta causa. En estos momentos más de 10.600 personas respaldan la carrera contrarrelojpara que no se ejecute la sentencia y para que el gobierno iraní elimine de su código penal este bárbaro procedimiento.

  • Procedimiento

  • Según la ley islámica vigente, no sólo puede ser motivo de lapidación un adulterio sino también «los actos incompatibles con la moralidad». En los artículos que regulan esta forma de pena capital, se especifica el procedimiento a seguir con la condenada. Primero se la envuelve en una mortaja blanca; después es enterrada hasta la cintura en un hoyo excavado al efecto.

    Finalmente, los verdugos arrojan las piedras, que no deben ser ni tan pequeñas que no le hagan daño ni tan grandes que le puedan provocar la muerte instantánea. Las ejecuciones son públicas y, además, se invita a los espectadores a participar en ellas.

    En una de las últimas realizadas, en Bokan, otra ciudad kurda, el público, en vez de apedrear a la condenada, la emprendió a pedradas contra los ejecutores, que desenterraron precipitadamente a la víctima pensando que estaba muerta. Ya en el depósito de cadáveres, descubrieron con horror que aún estaba viva, por lo que el proceso judicial tuvo que empezar de nuevo.

    Una campaña internacional semejante a la puesta en marcha en favor de Malek Ghorbany y la revuelta que estalló en Bokan por este motivo terminaron por salvar la vida de Zuleija Koijoda, que tenía 20 años cuando fue acusada igualmente de adulterio en 1997. Ese mismo año el reformista Khatami llegó a la presidencia y las lapidaciones comenzaron a disminuir en el país.

    Fuera de Irán, las primeras en movilizarsepara salvar a Malek Ghorbany fueron las feministas de Turquía, que en julio se plantaron ante el consulado iraní en Estambul con un manifiesto en el que equiparaban este tipo de sentencias con los «crímenes contra la humanidad». Después, las protestas se han extendido a todo el mundo, enviando incluso mensajes al secretario general de la ONU, Kofi Annan, y a la máxima autoridad iraní, Ali Khamenei.

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