Ankara- El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se muestran los dientes. El intercambio de mensajes alcanzó el fin de semana un tono tan violento que dio la sensación de que la guerra ya ha comenzado. Los terroristas kurdos aseguraron en un comunicado que van a abandonar las montañas del norte de Irak para desplegar una cadena de atentados sin precedentes en territorio turco.
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En este sentido, designaron como objetivo de posibles ataques a los dos principales partidos políticos turcos: el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista moderado) y el opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP, nacionalista y laico).
Según el analista político Sedat Laciner, el objetivo del sector más duro del PKK es impedir el acercamiento entre los kurdos y el Estado turco, que se había logrado paulatinamente mediante la normalización económica del sudeste de Turquía y la entrada en el Parlamento de los nacionalistas kurdos del Partido de la Sociedad Democrática (DTP). «Al PKK lo favorece el aumento de la tensión», afirmó.
Mientras, Erdogan advirtió que Turquía pagará el « precio» que haga falta, incluso la condena de la comunidad internacional, por una operación militar transfronteriza contra el PKK en el Kurdistán iraquí.
Acusación
La ofensiva del ejército turco podría ser inminente. «No necesitamos el consejo de nadie. Estados Unidos atacó Irak sin pedir permiso a nadie», recordó el primer ministro.
En este sentido, reconoció que las relaciones entre Turquía y EE.UU. están en peligro después de la condena del genocidio armenio por la Cámara de Representantes. «Cuando la cuerda se tensa, se rompe por el punto más débil», escenificó Erdogan, quien acusó a Occidente de no luchar contra el PKK.
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