Yemen: crece temor a guerra civil tras otra violenta jornada que dejó más de 40 muertos
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El enfrentamiento fue el más sangriento en Yemen desde el inicio de las protestas en enero.
Estados Unidos y Arabia Saudí, ambos blancos de fallidos atentados de la rama yemení de Al Qaeda, han intentado poner fin a una crisis e impedir la expansión de la anarquía que podría dar más espacio a la red extremista.
Existe temor a que Yemen, al borde de la ruina financiera, pueda desestabilizar la seguridad regional y suponga un serio riesgo para la vecina Arabia Saudí, el principal exportador de petróleo del mundo.
En una reunión en el balneario francés de Deauville, los líderes de las potencias del G-8 pidieron la renuncia de Saleh para evitar una guerra civil.
"Deploramos los combates que ocurrieron durante la noche, que fueron resultado (...) del actual estancamiento político, por el cual el presidente Saleh tiene responsabilidad directa debido a su negativa a firmar el acuerdo de transición del GCC", dijo un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores francés, en referencia al Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.
Estados Unidos, que ha considerado a Saleh como un aliado en la lucha contra Al Qaeda, aumentó también la presión sobre el presidente.
"Seguimos apoyando la partida del presidente Saleh, que constantemente ha acordado que debe renunciar () y luego constantemente ha renegado de esos acuerdos", dijo la secretaria de Estado Hillary Clinton en París.
Washington ordenó la salida del país de sus diplomáticos no esenciales y sus familiares.
El fiscal general yemení ordenó el arresto de líderes "rebeldes" de los grupos tribales encabezados por la familia al-Ahmar y un funcionario del Gobierno dijo que la sede de la cadena de televisión de la oposición había sido "destruida", sin dar más detalles.
El líder tribal Sadiq al-Ahmar dijo a Reuters que no había posibilidad de mediación con Saleh y pidió a las potencias regionales y globales que fuercen su salida antes de que el país de la Península Arábiga se vea inmerso en una guerra civil.
"Ali Abdullah Saleh es un mentiroso, mentiroso, mentiroso", dijo Ahmar, líder de la federación tribal Hashed. "Somos firmes. Se va a ir de este país descalzo".
Saleh dijo el miércoles que no se rendirá ante los "dictados" internacionales para que renuncie y abandone Yemen, a pesar de las crecientes protestas y la presión externa.
La intensificación de los combates tras un tenso pero contenido enfrentamiento entre Saleh y sus opositores, el pánico comenzó a apoderarse de la capital.
Los residentes formaban largas filas delante de las panaderías, bancos y gasolineras, tratando de aprovisionarse antes de refugiarse en zonas más seguras de la empobrecida nación.
"Me voy a Hudaida. Después de lo que pasó anoche no puedo quedarme más tiempo", dijo Hani Zobeidi, un empleado público con cinco hijos, que pidió un mes de vacaciones en su trabajo.
Vidrios rotos, corredores manchados de sangre y una clínica improvisada para los heridos daban una idea de los daños en la mansión de Ahmar.
Un funcionario del Gobierno había dicho que el aeropuerto fue brevemente cerrado por los combates, pero luego reabrió.
El más reciente brote de enfrentamientos estalló un día después de que Saleh se negó por tercera vez de un acuerdo mediado por los vecinos del Golfo Pérsico, que proponía su dimisión a cambio de inmunidad judicial.
La presión ha ido en aumento desde febrero, cuando manifestantes inspirados en las revoluciones democráticas en Túnez y Egipto comenzaron a acampar en plazas y a marchar por centenares de miles para pedir la marcha de Saleh.
Sus intentos de frenar las protestas por la fuerza han dejado 260 muertos.
La coalición de partidos opositores que se puso de lado de los manifestantes y debía haber firmado el acuerdo del Golfo sostuvo el jueves una reunión de emergencia sobre lo que describió como "la insistencia (de Saleh) de arrastrar a Yemen hacia una guerra civil".
El presidente estadounidense, Barack Obama, ha pedido que Saleh firme el acuerdo, pero los analistas dicen que Washington tiene poca influencia aunque haya destinado unos 300 millones de dólares en ayuda para apuntar al Gobierno.
Saleh dijo el miércoles que no haría concesiones a quienes buscan su partida, pero la capital del país de 23 millones de habitantes tiene la atmósfera de una ciudad en guerra.
Testigos y funcionarios dijeron que los partidarios del líder de la federación tribal Hashed, a la que pertenece la tribu Sanhan del presidente, controlaban varios edificios de ministerios, incluyendo los de Comercio y Turismo.
Los manifestantes dijeron estar preocupados por el giro de los acontecimientos y lo que describieron como la disposición de Saleh a desatar una guerra civil antes que renunciar.
"El aplastó nuestro futuro y nosotros aceptamos lo nuestro, pero queremos salvar el futuro de nuestros hijos", dijo Mohammed al-Jaradi, un ex soldado de 50 años. "Es por eso que no daremos marcha atrás".


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