El abrazo partido: el original sistema con el que los residentes de un geriátrico le escapan al olvido

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En Tandil, un hogar tomó una idea europea y la reformuló para que tanto los adultos mayores como sus familiares puedan verse en medio de la pandemia. Huelga de hambre y planteos previos ante la falta de visitas: "Decime que mi hijo se murió".

Detrás de un abrazo hay una historia. Y una mirada, en contrapunto, que viaja hacia el otro lado de la vida. Basta con ver la reacción de una madre al ver a su hija luego de tres meses para entender cómo todo aquello que estaba en pausa, vuelve a encenderse.

En Tandil, el hogar Reminiscensias tomó como referencia un modelo que había sido difundido por las redes en España y lo adecuó a su realidad para que tanto los residentes del geriátrico como sus familiares no sólo puedan verse sino, a su manera, abrazarse.

“Están súper contentos, que era el objetivo principal”, le cuenta a este medio Anahí Soulié, dueña del hogar ubicado en la calle Montevideo 365, quien lleva 18 años en el rubro. “Ver sus caras de felicidad no tiene precio”, completa.

Se trata de una manga, colocada en la puerta de entrada, mediante la cual los familiares pueden abrazar a los adultos mayores sin entrar en contacto directo con ellos y por lo tanto, sin ponerlos en riesgo.

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Ellos necesitan el abrazo más que cualquiera. Nos quejamos de que no podemos tomarnos un café en un bar, pero esto es otra cosa. Es genuino”, asegura Soulié, quien además explica que desde que se implementó el sistema “el humor es otro. Establecimos un sistema para que venga cierta cantidad de familiares por día y la espera por su llegada, crece. Las abuelas se ponen contentas por las amigas a las que les toca recibir visitas”.

La llegada del coronavirus marcó un quiebre y los adultos mayores pasaron a ser un factor de riesgo importante durante el aislamiento obligatorio, preventivo y social. En ese marco, los casi 50 hombres y mujeres que habitan la residencia se quedaron sin visitas.

“Están asustados, pero a veces entienden que estamos en cuarentena y otras no. El hogar da a la calle y ven cómo pasan los autos o la gente caminando y se preguntan por qué no los vienen a ver. El otro día una abuela justo me exigió que le diga la verdad sobre la situación. ‘Decime que mi hijo se murió’, me planteó. Otra abuela se había negado a comer porque hacía tres meses que no veía a su hija”, cuenta la propietaria.

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Se trata de una mayoría de mujeres que van desde los 65 años y que llegan a los 101. “Un día nuestro para ellos es un año. Viven el día a día de verdad. Y en estos momentos una sonrisa vale mucho”, cuenta la propietaria.

Con el impedimento de que ingrese gente de afuera, los residentes del hogar se quedaron sin distintas actividades a las que estaban acostumbrados. Sin embargo, Souilié cuenta que nos convertimos en profesoras de gimnasia, pedicuras y en todo aquello que ellas necesiten. Y así andamos”. A la espera de un nuevo abrazo del alma.

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