Decidieron instalarse en Iguazú y llevar adelante todos los preceptos judíos. Tienen un hostel, hoy cerrado por la pandemia, en el que reciben a familias judías y no judías que deseen experimentar una vivencia cercana a la ortodoxia. Actualmente viven de sus ahorros y supieron aprovistarse con alimentos no perecederos. “Dios proveerá, no nos preocupa la comida sino la salud”.
Haim Mizrahi y Dina Braja, un matrimonio judío observante (ortodoxo) llegó hace más de una década a la ciudad de las Cataratas desde de el barrio porteño de Once con el objetivo de instalar la semilla del judaísmo observante. “Nos gusta mucho Iguazú. Conocíamos el lugar cuando estuvimos como turistas”, recuerdan hoy a punto de tener que emprender el regreso súbitamente por la falta de turismo, el motor de su economía doméstica.
“Cerramos una semana antes del 20 de marzo, cuando el presidente Alberto Fernández anunció la cuarentena. Vamos a cumplir seis meses en que no recibimos ni un pasajero. Tenemos pedidos de reserva de agencias de turismo nacionales e internacionales, pero por el momento no tomamos ninguna reserva porque no sabemos hasta cuando se prolongará la pandemia”, dijo Dina con tono de resignación.
“Fue duro instalarnos en Puerto Iguazú porque como judíos se nos hizo difícil practicar los preceptos judaicos como ser conseguir comida Kasher” (supervisada por rabinos)”, contó la mujer.
Haim, por su parte, sostuvo que “a Iguazú llegan cientos de turistas judíos, provenientes de Israel y de otras partes del mundo, por eso pensamos en instalar un albergue para recibir a quienes deseen, aunque sea por un período corto de tiempo cumplir los preceptos judaicos”, como ser comer comida Kasher o celebrar el Shabat (resguardar el sábado) inclusive celebrar con nosotros distintas festividades judías.
Dina aclaró que quienes deseen celebrar el Shabat junto con ellos no pagan ni la comida ni la estadía. “Sólo les cobramos a quienes deseen pasar la semana entre el domingo y el viernes”, explicó.
La mayoría de los israelíes que llegó hasta su hostel fueron jóvenes entre 20 y 22 años que terminaron de cumplir con el servicio militar obligatorio (las mujeres deben permanecer dos años y los hombres tres años en el ejército) y, antes de ingresar a la universidad o comenzar su vida laboral se toman un tiempo para viajar.
Al principio recibían a los turistas en forma gratuita en su departamento ubicado en el centro de la ciudad de las Cataratas. Pero con el correr de los años instalaron el hostel (denominado en hebreo Bait Kasher Iguazú) en uno de los barrios de la ciudad de Iguazú.
“No solo recibimos a quienes profesan el judaísmo sino también de otras religiones que desean durante su estadía llevar adelante los preceptos judaicos. Inclusive hay gente que se hospeda en otros hoteles y decide compartir con nosotros las comidas kasher o el shabat”, enfatizaron.
Haim Misrahi y Dina Braja saben que residen en una ciudad ubicada en la denominada Triple Frontera. Un lugar para muchos peligroso debido a las supuestas células terroristas que estarían instaladas principalmente en Foz de Iguazú. “Nunca tuvimos problema alguno. Personalmente cruzo (antes del cierre de la frontera) varias veces a la semana tanto a Foz de Iguazú como a Ciudad del Este”, dijo Haim
“Hablo el árabe en forma fluida y eso me permite a la vez poder dialogar re bien con los comerciantes que en su mayoría son de origen musulmán”, cerró Haim.
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