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1 de octubre 2026 - 22:00

De lavar platos a facturar US$30 millones: la historia del salvadoreño que conquistó Estados Unidos

Carlos Castro pasó de los trabajos precarios a levantar una cadena familiar en Virginia con 190 empleados y dos locales.

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Carlos Castro usó todo su esfuerzo para crear un proyecto familiar que creció durante décadas.

Gentileza - National Grocers Association

Carlos Castro creció en Mejicanos, cerca de San Salvador, en una casa de bambú, barro y madera que los vecinos conocían como "la casa de cartón". A los 12 años ya trabajaba en construcciones mientras estudiaba de noche y, años después, la violencia de la guerra civil lo empujó a dejar su país.

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Su llegada a Estados Unidos no fue nada fácil, ya que cruzó la frontera sin documentos, fue detenido y deportado, volvió a intentarlo y recién varios años después consiguió regularizar su situación. Antes de abrir su primer supermercado pasó por trabajos que iban desde limpiar letrinas hasta la construcción.

Antes de abrir su primer supermercado, pasó por trabajos como lavaplatos, ayudante de cocina y construcción.

Cómo un inmigrante indocumentado construyó un imperio de supermercados en Virginia

Castro llegó por primera vez en 1980, cuando tenía 25 años. Cruzó el Río Grande con ayuda de un coyote, pero poco después fue detenido por la Patrulla Fronteriza y pasó 45 días en un centro de detención en El Paso, Texas.

Cuando volvió a El Salvador, decidió intentarlo otra vez, consiguió u$s1.000 prestados, emprendió nuevamente el viaje y esta vez logró llegar a Washington D.C. Su primer trabajo fue limpiando letrinas, después pasó a trabajar como lavaplatos, ayudante de cocina y finalmente en construcción, donde empezó a ganar más dinero gracias a que sabía leer planos.

Su esposa llegó al país dos años después y, en 1986, ambos obtuvieron la residencia. Para entonces Castro ya se había asentado dentro del rubro de la construcción y llegó a conseguir un contrato por u$s50.000.

La idea del supermercado apareció durante una fiesta en Woodbridge, Virginia, cuando una amiga le comentó que prácticamente no había negocios de comida latina en la zona y le preguntó por qué no abría uno.

Al principio se rió porque no sabía nada del rubro, pero siguió hablando del proyecto con amigos y finalmente decidió avanzar. Para empezar invirtieron u$s160.000 y llegaron a hipotecar su casa dos veces. El primer nombre fue "La Cuzcatleca", por Cuzcatlán, antigua denominación de El Salvador.

Poco después lo cambiaron por "Todos", porque muchos clientes pensaban que vendían solamente productos salvadoreños cuando la propuesta apuntaba a toda la comunidad latina.

Todos Supermarket nació con una gran apuesta económica y llegó a consolidarse con dos locales en Virginia.

El día que casi vende su negocio y por qué cambió de opinión

Los primeros años fueron mucho más difíciles de lo que imaginaba. Para el tercer año, Castro y su esposa estaban agotados y prácticamente sin fondos disponibles. Uno de sus socios ya no quería seguir aportando dinero y apareció un interesado dispuesto a comprar el supermercado.

Esa misma noche, Castro se sentó a revisar las cuentas. Ahí descubrió que el problema no era la falta de ventas, sino el crecimiento del negocio. Gran parte del dinero que entraba tenía que volver a la mercadería, salarios y gastos de funcionamiento. Al día siguiente llamó al comprador y rechazó la oferta.

Todavía faltaba tiempo para que el supermercado empezara a dejarles dinero disponible. Fue recién a los cinco años que lograron estabilizar las cuentas y tuvo que esperar una década para poder pagarse un buen sueldo. Si hubiera vendido aquel tercer año, "Todos" no habría llegado a la escala que tiene hoy.

Hoy, la empresa emplea a unas 190 personas y muchos son trabajadores latinos.

De “la casa de cartón” en El Salvador a dos tiendas y 190 empleados

Hoy, "Todos Supermarket" cuenta con dos locales en Virginia y 190 empleados. La compañía proyecta ingresos brutos por unos u$s30 millones anuales. La distancia con su infancia en Mejicanos es enorme, ya que Castro creció junto a otros diez chicos, empezó a trabajar en construcción a los 12 años y llegó a Estados Unidos sin documentos.

También convirtió al empleo latino en una parte central de su empresa, ya que el 95% de la plantilla está formada por trabajadores de esa comunidad. Castro sostiene que todavía existen prejuicios sobre los negocios de propietarios hispanos, como asociarlos con desorden, falta de profesionalización o deudas.

Su empresa buscó romper esa imagen y con los años incorporó tecnología, profesionalizó la operación y armó un equipo que hoy le permite delegar el funcionamiento diario. Después de décadas de trabajo, él y su esposa pueden viajar con a El Salvador, el país que dejó en 1980 cuando la violencia de la guerra civil no le permitió quedarse.

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