Scott Bessent conoce la Argentina de cuando trabajaba para el Fondo de George Soros, tres décadas atrás, y se comenta que nos ha visitado varias veces por negocios más alguna visita a la Patagonia.
En pocos días se cumple un año del proceso de rescate financiero a la Argentina, que encabezo el secretario del Tesoro de los EEUU. ¿Está hoy el norteamericano en condiciones de llevar a cabo un rescate similar?
El establishment financiero argentino ve a Scott Bessent, Secretario del Tesoro de los EE.UU. como el gran salvador de los argentinos. El año pasado fue clave para salvar al gobierno de la LLA, la duda es si estaría en condiciones de hacerlo nuevamente.
Scott Bessent conoce la Argentina de cuando trabajaba para el Fondo de George Soros, tres décadas atrás, y se comenta que nos ha visitado varias veces por negocios más alguna visita a la Patagonia.
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A principios de los 90, Soros proveyó el capital inicial a Eduardo Elsztain para la compra de IRSA y Cresud, desvinculándose de los argentinos, no en los mejores términos, hacia fines del siglo XX. Tal vez buscando revancha contra sus antiguos socios, en 2002 fue uno de los primeros socios de Adecoagro alcanzando a controlar 20-34% del capital, antes de retirarse en 2017. Otra de las nacionales en las que estuvo involucrado, fue YPF donde mantuvo una posición minoritaria, aunque significativa hasta 2016 cuando prácticamente se desinvirtió de la petrolera.
Bessent trabajó para el húngaro norteamericano entre 1991 y el 2000, y luego entre 2011 y 2015 por lo que estuvo involucrado en muchas de estas operaciones.
La primera vez que Bessent vino a nuestro país teniendo un cargo oficial fue el 24 de abril del año pasado, apenas 12 horas, en las que se reunió con el presidente, Javier Milei, su ministro de Economía, Luis Caputo, y algunos actores del sector privado. El objetivo, evidenciar el apoyo del gobierno norteamericano al gobierno libertario y las reformas que se estaban introduciendo.
A mediados de marzo se hizo evidente que el plan económico “hacia agua” y para el 8 de abril estábamos al borde de algo muy parecido a una corrida financiera: el dólar trepaba más de 10%, el EMBI+ subía 54% y el S&PMerval retrocedía 21%.
El gobierno salió entonces a llamar a Washington y Nueva York moviendo todos los hilos, buscando acelerar el acuerdo que había pendiente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Al día siguiente los funcionarios del organismo dieron su visto bueno a un Acuerdo de Facilidades Extendidas por u$s 20.000 millones a 48 meses, el 10 se anunció que el secretario del Tesoro viajaría a Buenos Aires (su primer viaje oficial al extranjero) y el 14 el Directorio Ejecutivo del FMI -se acordó el fin del CEPO- aprobaba oficialmente el acuerdo que incluía un inédito desembolso inmediato de 60% del total, u$s12.000 millones.
Con esto el mercado dio por garantizada el apoyo del Fondo y los EEUU, Manuel Adorni ganó el 18 la Legislativa en la Ciudad de Buenos Aires, y las aguas comenzaron a calmarse… al menos hasta fines de mayo.
Si bien “ex post” hubo quien quiso achacar lo sucedido a la cuestión de las elecciones, estas estaban aún muy lejos (del riesgo “kuka” se comenzó a hablar recién en mayo con el tweet del capanga de Mercado Libre) y siendo lo sucedido algo que se terminó arreglando “con plata”, es claro que se trató de un “problema de plata”.
Hay quien dice que Caputo y Bessent ya se conocían de antes, pero la realidad apunta a que se reunieron por primera vez poco antes de estos hechos, el 23 de febrero, cuando Milei se encontró con Donald Trump en Washington. Un viaje para el cruce de gentilezas, un espaldarazo político y, especialmente, asegurar el apoyo norteamericano en las negociaciones con el FMI, que sería clave con la “corrida” en abril.
Aunque las crónicas no lo consignan, en una entrevista posterior (21 de mayo 2026), José Luis Daza, número dos de Caputo, confirmó que aquel primer encuentro con el cecretario del Tesoro: “nosotros fuimos a Washington y nos reunimos con el secretario del Tesoro, con Scott Bessent. Eso fue en febrero”.
El verdadero contacto/interlocutor con Bessent es el viceministro Daza, fundamentalmente a través de su esposa Tania Reif.
El vínculo entre “Toto” y José Luis venía de principios de su carrera cuando ambos ingresaron como “trainees” al J.P.Morgan en 1992 (principios de la convertibilidad), Caputo por el lado de la mesa/trading y Daza por el de la investigación/research. Esta relación se reforzó cuando ambos pasaron al Deutsche a principios de los 2000.
Lo de la Reif… Reif trabajó con Bessent en el Soros Fund Management, aproximadamente entre 2011 y 2013, antes casarse con Daza en 2015. El comentario es que Bessent había invertido en QFR Capital Management -al punto de ser en algún momento el principal inversor merced al dinero de Soros-, el Fondo de Inversión fundado por Daza, Reidel, Sekiguchi y Boyle, hacia 2011/12.
En 2013 les vino la debacle que terminó con la liquidación del fondo -al menos en la práctica-, hacia 2020. Se dice que, en algún momento luego del casamiento, Scott llegó a ofrecerle a José Luis un lugar en su fondo Key Square, pero por entonces un golpeado y ya no tan prestigioso José Luis -que aun luchaba por “zafar” del entuerto-, había decidido abandonar Wall Street (la actividad de inversión), para dedicarse al trabajo de asesoramiento y la política.
A los pocos días del anuncio de que Bessent sería el secretario del Tesoro de Trump, a quien felicitó, Daza declaró en una radio: “Conozco hace bastante tiempo al secretario del Tesoro, Scott Bessent. Es una persona que tiene una visión global. Entiende muy bien cómo funciona el sistema global macro. Sabe de Argentina, que es muy importante”.
Más arriba deslizamos “y las aguas comenzaron a calmarse… al menos hasta fines de mayo”, en relación con la corrida de abril de ese año. Junio y julio fueron meses donde los inversores se mostraron expectantes, sin demasiados cambios, aunque el vuelco hacia el dólar fue evidente.
Sea por temores políticos (riesgo “Javo” o riesgo “Kuka”), los propios defectos del plan económico, la impericia del gobierno (que engloba a las dos anteriores), o por alguna otra razón, en los primeros días de agosto del año pasado, se aceleraron las dudas financieras.
De manera inesperada para el mercado (aunque no para la sociedad ya que el humor apuntaba, cuando menos, a una “no victoria” libertaria) el domingo 7 de septiembre, el oficialismo nacional perdió la elección por la Provincia de Buenos Aires frente al oficialismo provincial y la gente se volcó masivamente a comprar dólares, ese mes el Central vendió u$s7.000 millones.
La elección fue importante y exacerbó la situación, pero no fue todo. Agosto había finalizado con el dólar trepando 10% en el año frente a una inflación minorista del 19%, el riesgo 31% y las acciones cediendo 22%. Pero estos números no alcanzaban a reflejar el verdadero malestar que se vivía y lo frágil de la situación económica.
El acuerdo de abril con el FMI había forzado al gobierno a liberar la compra de dólares por parte de los particulares, pasando de esquema de “crawling peg” a uno de bandas de flotación cambiaria para fijar el precio. Para muchos esto no hizo más que exacerbar el retraso del dólar frente al peso, así mes tras mes, las compras por las personas (humanas, las legales siguen con “cepo”) fueron creciendo.
El 2 de julio en un evento frente a 700 ejecutivos el ministro Caputo, disgustado por las críticas y casi como un compadrito, desafió a quienes lo cuestionaban: “a cualquiera que le parezca que esta barato (el dólar), agarra los pesos y compra. No te la pierdas campeón”.
Ese día el “Billete cerró en $1240 por dólar y al siguiente en $1225. Pero en el mes las compras de billetes, u$s2020 millones durante abril, “volaron” a u$s5640 millones. “Campeón” había dejado de confiar en el “Messi de las finanzas” y estaba comprando.
En agosto el gobierno comenzó a subir las tasas, buscando esterilizar la plaza de pesos (que la gente los colocara en depósitos o títulos dolarizados). La TAMAR, que el último día de julio estaba en el 48,52%, el primero de septiembre llegaba a 91,76% al arrancar septiembre.
El problema con esta estrategia es que, si bien frenó el volumen de las compras de los particulares (fueron u$s3450 millones en agosto) no logró hacer lo mismo con el precio del billete que cerró el octavo mes del año en $1350 (desde fin de junio trepaba 8,87% frente a un IPC que subía 3,8%).
Pero había un problema más grande, la economía comenzó a enfriarse de manera significativa lo que no era bueno para el tema de la elección.
Tras el “desastre” electoral en la Provincia, las compras de dólares se dispararon. Con el billete orillando los máximos de la banda cambiaria, ese mes los particulares le sacaron al Central u$s6.857 millones, y los primeros días de octubre la cosa solo empeoró. Había estimaciones que al gobierno solo le quedan u$s1.000 millones de libre disponibilidad para hacer frente a la corrida. Parecía imposible que el gobierno pudiera sortear con alguna suerte la legislativa del 26.
La bala de plata del FMI como prestamista de última instancia se había disparado seis meses antes, así que solo quedaba lograr el apoyo directo de los EEUU.
Tradicionalmente, cuando un país está en problemas, el auxilio que brinda los EEUU lo da la Reserva Federal (Fed), a través de los fondos (en realidad bonos del tesoro yanqui) que ese país tiene depositados en el Foreign and International Monetary Authorities Repo Facility, el FIMA.
Estrictamente no es un rescate, sino un “repo” (un préstamo contra títulos) renovable, hasta siete días de plazo por un máximo de u$s60.000 millones por contraparte.
El segundo mecanismo son las líneas de swaps, contratos por los que la Fed facilita dólares a otro banco central, recibiendo como contraparte la moneda del país en problemas.
Cuando el auxilio lo realiza el Tesoro norteamericano es apelando al Exchange Stabilization Fund (ESF) donde están depositados los Derechos Especiales de Giro que le dio como contraparte de su contribución el FMI. El Tesoro puede emitir certificados contra estos títulos para venderlos o comprarlos a otros bancos centrales, celebrar swaps de monedas, actuar como garante, operar en futuros, oro, etc. a sola firma del secretario del Tesoro, a la que se suma en algunos casos la del presidente de los EEUU.
Según los últimos datos, el ESF tiene el equivalente a unos u$s175.000 millones, pudiendo realizar operaciones a no más de 6 meses dentro de un periodo de 12 meses cualesquiera por acreedor, salvo que el Presidente haga un pedido formal al Congreso, pidiendo una extensión por “circunstancias únicas y de emergencia”.
El 22 de septiembre por la mañana, Bessent publicó un tweet donde afirmaba que “el tesoro de los EEUU está listo para hacer lo que sea necesario dentro de su mandato para apoyar a la Argentina”, y que “todas las opciones de estabilización están sobre la mesa”. Listando como herramientas, líneas de swap, compra directa de pesos y compra de duda Argenta a través del Fondos de Estabilización del Tesoro, ESF. La última vez que se había aplicado este mecanismo habían sido u$s1466 millones por cuatro días, para auxiliar a Uruguay en agosto de 2002 (pagaron una tasa de 6,89% anual).
En un principio Milei iba a viajar a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 21, pero se retrasó hasta después del anuncio de Bessent. El 23, tras el discurso de Trump y pasado mediodía se reunió con el americano por 20 minutos.
El 24 en un nuevo tweet Bessent fue más específico, habló de que se estaba negociando una línea de swap de monedas por u$s20.000 millones y que el Tesoro estaba totalmente preparado para hacer lo necesario, acompañando el mensaje de Trump del 23 en el que este decía que Milei tenía su apoyo total y completo para ser reelegido como presidente (Trump confundió varias veces la elección legislativa con una presidencial).
El 3 de octubre la plana mayor económica del nuestro país viajo a Washington (Caputo, Daza, Quirno y Bausili). El 9 de octubre, Scott Bessent anunció un acuerdo para un swap de divisas con la Argentina por u$s20,000 millones y que ya había comenzado a hacerse de pesos. El 14 Milei viajo a Washington para agradecerle a Trump su apoyo, y por las dudas al día siguiente Bessent comenzó a hablar de unos u$s20,000 millones adicionales que involucraría a distintos bancos y fondos.
Si bien los números financieros no lo reflejaron de inmediato (en octubre se vendieron u$s5068 millones de dólares), esto sirvió para cambiar el ánimo de la sociedad y en especial de los que simpatizaban de no tan cerca con el oficialismo y que habían sentido estar a un paso del abismo.
El 26 tuvimos el resultado de la legislativa. Si bien se festejó, claramente la sociedad no estaba contenta: apenas 17% o 1,4 millones de votos más, que los que había conseguido LLA en la primera vuelta de 2023 -- y 35% menos/5,1 millones de votos menos que en la segunda.
De todas formas, los 9,4 millones de votos logrados (en las legislativas 2017 Cambiemos -que ya sabemos que ocurrió después- tuvo 10,3 millones de votos o 41,7% del total y en las 2021 9,9 millones o 42,7%) que reflejaban el apoyo del 40,6% de quienes votaron, aunque no muchos -menos del 26% de los argentinos en condiciones de votar- fueron los suficientes como para que el mercado celebrara y el gobierno comenzara a reencausar su plan económico. En noviembre las compras de los particulares cayeron a u$s1600 millones y la crisis estaba salvada.
A los economistas, dado que su control de la realidad inmediata es muy limitado, les encanta hablar de y trabajar sobre las expectativas, al punto que en excesos de hubris se sienten capaces de mover la realidad.
Cuando desagregamos la operación de rescate de octubre vemos algo si como una secuencia:
1 mensaje-reacción del mercado
-2 clarificación del mensaje-reacción del mercado
-3 negociación/mensaje más relevante-reacción del mercado
-4 intervención-reacción del mercado
-5 mensaje de apoyo extra-reacción del mercado
-6 resolución del conflicto-reacción del mercado.
Con cada uno de estos pasos, el Tesoro norteamericano y el gobierno argentino esperaban una reacción positiva del mercado, que idealmente solucionara en gran medida y revirtiera la crisis de confianza.
El 22 de septiembre tenemos el primer tweet de Bessent que fue recibido con una reacción significativa, cayendo el EMBI 25% al día siguiente (S&P Merval, dólar, y Tamar casi no se movieron)
El tweet aclaratorio del 24 no fue tan bien recibido: el EMBI trepó 8%, el S&P Merval cedió 4 y el billete sin cambios, mientras la Tamar caía algo menos de 4 puntos.
El anuncio que la plana mayor de Argentina viajaba a Washington el 3 de octubre para cerrar la operación, tampoco tuvo un efecto significativo. El lunes 6 el EMBI se recuperaba 7%, aunque al nivel del 23 de septiembre, y las demás variables quedaban prácticamente sin cambios.
El anuncio oficial, dado el 9 de octubre, que se había alcanzado y el acuerdo ya estaba en funcionamiento, se reflejó en una baja 13% en la tasa de riesgo país, pero apenas movió las demás variables.
Luego tenemos la visita de agradecimiento de Milei y el mensaje de Bessent que se estaba instrumentando otros mecanismos adicionales de auxilio en caso de que estos fueran necesarios. El 16 tuvimos una ligera suba del EMBI y el precio del dólar, las acciones prácticamente sin cambios, y solo la TAMAR mostrando una caída significativa (10 puntos).
Llegamos entonces a que, del cierre del 23 de septiembre al 24 de octubre previo a la elección legislativa, la tasa de riesgo país cedió 1%, el dólar libre trepó 3%, la TAMAR aumentó 16 puntos al 76,91% anual y solo el S&P Merval evidenció una mejora de 14% (ojo: que el optimismo fue básicamente local lo evidencia el Índice MSCI de argentina que trepó menos de 5% en ese periodo).
Si dejamos de lado el efecto del mensaje del 22 de septiembre, que tuvo un efecto relevante sobre el EMBI, lo mas que podemos decir es que los eventos posteriores y previos a la elección legislativa sirvieron en todo caso para frenar la corrida, haciendo que el mercado de activos argentinos ingresara en una suerte de impasse.
Como siempre, después de las expectativas vinieron los hechos y el hecho fue que el temor a una derrota del oficialismo argentino no se materializo. La respuesta del mercado fue inmediata, el 27 de octubre el EMBI se desplomó 35%, las acciones treparon 22% y la tasa retrocedió 20 puntos a 56,389% anual.
Más que las palabras y la plata de los EEUU, lo que calmó a los inversores fue la victoria de Milei (si esa victoria tuvo que ver con el apoyo explicito y fáctico de Trump, es otra cuestión).
El swap terminó cancelándose de manera anticipada, en enero de este año y según el balance del Banco Central implicó un pago de intereses por u$s17,74 millones, lo que equivale a una tasa de 2,87% anual, casi diríamos que un buen negocio, sino fuera que se trató de dinero que tuvo un destino más psicológico que práctico.
Lo que sorprende un poco en toda esta historia es que en mayo de este año Daza afirmó: “Nosotros sabíamos que teníamos una situación muy débil de reservas y que se venía un shock”, “no teníamos un prestamista y lo sabíamos desde el día uno; o sea, no era una novedad, era cosa de mirar la historia”, “ya teníamos coordinado con el Fondo Monetario todo el programa, ya habíamos hecho todo el ajuste fiscal, ya estábamos muy avanzados, y en coordinación con el Fondo Monetario y con el Tesoro, vino el swap”…
La pregunta es: ¿si lo sabían desde hacía tanto tiempo, si sabían tanto, por qué no tomaron las medidas del caso para evitar tener que recurrir al auxilio de los EEUU?
En un mundo donde el mismísimo presidente de los EEUU fue señalado como sospechoso de favorecer con sus vaivenes verbales en el conflicto con Irán a un grupo de especuladores en petróleo, ¿Qué nos queda para el secretario del Tesoro, los miembros del gobierno argentino,?.
Es cierto que Trump tiene un fuerte incentivo para que el precio del petróleo caiga (de ello podría depender el resultado de la próxima elección legislativa). Esto lo puede hacer con sus palabras e incluso con el timming de las operaciones militares, que parecen concentrase en los fines de semana, así la influencia sobre los mercados es menor.
Pero más allá de esto y de la elevada volatilidad que está aquejando al mercado petrolero, en gran medida impulsada por las acciones presidenciales, suceden cosas “raras” …muy cercanas al “insider trading”.
Tal vez el caso más relevante es el del 23 de marzo de este año, cuando 15 minutos antes de que el “blondo” publicara en su red social que posponía un ataque a Irán, ya fuera del horario normal de las operaciones, se registró un volumen anormalmente alto en futuros petroleros, unos u$s580 millones en un minuto, antes de que los precios se derrumban 13% tras el mensaje presidencial (hay unas 5 firmas -3 muy comprometidas- que están siendo investigadas por la CFTC).
Que en el último año Trump haya incrementado su fortuna en u$s2.200 millones (un rendimiento entre el 28% y el 33% anual), de ellos u$s1.400 millones por sus aventuras con criptomonedas en las que cerca de un millón de inversores perdieron casi u$s3.800 millones, el proyecto de adelantar los mensajes de su red social a quienes paguen un abono de u$s100.00 por mes, el acuerdo al que llegó con el IRS a través del Departamento de Justicia que le daría inmunidad hacia atrás a él y su familia ahorrándole unos u$s100 millones, o los millonarios “regalos” que viene recibiendo… mucho no ayudan.
Un nombre que se señaló como clave en los rescates y la relación Caputo/Bessent es el de Rob (Robert) Citrone. Alguna vez Citrone se vanaglorió de haber convencido en 2013 a Scott y a Soros de tomar una posición larga en dólares/corta en yenes, lo que les generó más de u$s1.000 millones de ganancia, afirmando que Bessent bromeaba que él (Citrone), había sido responsable del 75% del “Bonus” que recibió ese año. Lo cierto es que son amigos hace varias décadas.
Si bien no está consignado, existe la sospecha que, durante la primera visita presidencial a los EE.UU., Javier Milei o alguno de sus acompañantes, se reunió con Citrone y se habló de no se sabe muy bien qué (lo que sabemos es que le regaló a Milei una caja con cuatro vinos). El mismo Citrone ha dicho que “conozco al ministro de finanzas Luis Caputo desde los 1990´s, por unos 35 años” y que tuvo “múltiples encuentros con Javier Milei”, lo que sugiere más de dos veces.
En aquella época, los 90´s, Citrone trabajaba en el área de deuda soberana y monedas de mercados emergentes en Fidelity, después pasó a Tiger Management bajo el mítico Julián Robertson, y en 1999 fundó su propio fondo, el Discovery Capital Management (DCM).
La realidad es que en los últimos años la suerte de Rob con el DCM no ha sido de las mejores. De los más de U$D 13.700 millones que manejaba a principios de 2014, los activos del fondo han caído a U$D 2.400 millones, lo que ha derivado en una creciente toma de riesgo para impulsar los resultados (además de comprar acciones, el grueso de sus operaciones, el fondo realiza algunas ventas en descubierto y swaps).
Durante el tercer trimestre de 2021 -final de la primera presidencia de D.Trump y mucho antes de que el nombre de Javier Milei estuviera en danza- el DCM comenzó de manera gradual a posicionarse en certificados de acciones argentinas (ADRs), y para fines de 2022 el 13% de su cartera era riesgo argento. Si bien para junio lo había reducido a 9%, a fin de septiembre, días antes de las elecciones legaba al 21%, y para fin de año, con Milei ya en la presidencia tocaba el 22%.
Durante el primer trimestre de 2024 siguió comprando, y a fin de marzo declaraba que el 29% del dinero que manejaba estaba colocado en acciones de Vista (U$D 110 millones), el Galicia (U$D 43 millones), Mercado Libre (U$D 27 millones), Adecoagro (U$D 19 millones), YPF (U$D 14 millones), Pampa (U$D 3 millones) y el Macro (U$D 2 millones). En Total U$D casi U$D 218 millones, tal vez demasiado riesgo.
El 6 de mayo se encontró por primera vez con Javier Milei y Luis Caputo durante la Conferencia Milken. Más allá de la verborragia, algo no lo convenció y al terminar ese segundo trimestre su posición en Argentina había caído a 25% del total.
Los administradores de fondos, en especial los de la escuela de los 90´s, son como los teros: los huevos en un lado y se grita en otro.
Citrone no escapa a las generales de esta ley, así lo veíamos a mediados de octubre del 24 afirmando: “He dicho que esta será la década de América Latina. Pensamos que Argentina va a liderar eso. Pensamos que Milei es una gran parte de eso”, “en la medida que nuestros activos crezcan, que tengamos más influjos, vamos a estar poniendo gran parte de ello en Argentina”…, mientras continuaba reduciendo su exposición al país.
Para cuando Donald Trump ganó la elección en diciembre 2024, si bien el valor de sus activos argentinos estaba en torno a los u$s212 millones y habían sido ese año el principal generador de dinero para el fondo, como porcentaje de su tenencia total los papeles argentinos eran apenas el 14%, al pasar de 6.9 millones de acciones a 4.8 millones.
Luego vino el posible encuentro de febrero del año pasado, cuando el índice MSCI Argentina anotaba una caída de 15.4% desde el máximo del 7 de enero. Sea lo que sea que se hubiese dicho, Citrone -y demás inversores extranjeros- siguió sin convencerse de las ventajas de apostar más dinero por nuestro país (al día siguiente de la cita, el índice retrocedió 1.5%).
Para fin de marzo había achicado aún más su riesgo al 13% de lo administrado (2.5 millones de papeles), y luego de la reunión que tuvo el 14 de abril con Javier Milei en Buenos Aires -días antes de la llegada del Secretario del Tesoro y cuando las aguas locales ya comenzaban a calmarse gracias al dinero del FMI-, siguió “achicando paño”.
En un podcast de Goldman Sachs (A world of opportunity: Rob Citrone´s best ideas”, 14 de mayo del año pasado, publicado el 22), declaró que “Estuve en la Argentina en el ’91 y esta era una película muy similar… Esta es la misma película en la Argentina hoy, que comenzó, ya sabes, hace unos 18 meses” y que Argentina es “la mejor historia de inversión desde 2013” (prácticamente la misma canción que cantaba siete meses antes).
Irónicamente -o tal vez no-, para el 30 de septiembre, poco antes de las elecciones legislativas, apenas mantenía el 2.5% de su cartera (1.8 millones de papeles o u$s46 millones) en activos de solo dos empresas de origen argentino: Vista y Adecoagro.
Si bien por entonces se rumoreaba que había abierto posiciones vendidas contra Argentina y puesto algunas fichas en soberanos (2029 y 2030), no parecen haber sido demasiadas. El textual de la gente de Bloomberg fue: “That’s when Citrone added to his positions, buying some bonds when their yields topped 20%. He hasn’t added to the positions since then”, …algunos, es decir, no demasiados. Como sea es evidente que había dejado de confiar en el futuro de nuestro país.
De entonces ha venido incrementando otra vez la compra de ADRs nacionales, de manera muy pausada, y para fines de junio declara que el 4.8% de su administración son nuestros títulos, con 4.1 millones de acciones repartidos entre 5 sociedades (eliminó Vista, y tiene Galicia, u$s45 millones, YPF, u$s28 millones, el BBVA, u$s23 millones, Adecoagro, u$s13 millones, y Pampa, u$s5 millones.
¿Cuánta plata le dejo este periplo? Es cierto que no sabemos cuánto obtuvo con las ventas en descubierto, en particular con los bonos (que no le dejó demasiado), pero de su tenencia en acciones, poco más de u$s100 millones.
El 2024 fue un muy buen año para Citrone. A pesar de que el DCM generó un retorno del 48% (impulsado por su posicionamiento en empresas y bonos latinoamericanos), el 2023 lo había finalizado con activos por apenas u$s661 millones, aun golpeado por la pérdida de casi 30% que tuvo en 2022 (en 2019 había perdido 23%, como ya señalamos, Citrone “juega fuerte”).
La fuerte apuesta por los activos argentinos continúo rindiéndole frutos en 2024 y a medida que se desprendía de ellos, ese año obtuvo un rendimiento del 52%, apenas por debajo del 55% que había anotado en 2020. Lo que fue más importante, el fondo fue uno de los que generó mayor rendimiento ese año, volvió a estar en la mira de los inversores y finalizó diciembre con activos por u$s1.500 millones.
Durante 2025, llevó la tenencia de papeles argentinos a niveles nominales posicionándose en Nigeria y activos relacionados con la IA. Ese año el retorno del DCM se redujo a 36.8% llegando a u$s1.850 millones bajo administración el ultimo día del calendario. En la primera mitad del corriente, viene generando un resultado de casi el 28%, mientras alcanzó u$s2.408 administrados, siendo los proveedores de la IA su jugada más significativa.
El 29 de septiembre del año pasado Judd Legum, de Popular Information, apuntó a Citrone merced a su vínculo con Scott Bessent, como uno de los factótums detrás del rescate financiero que se estaba implementando para la Argentina. Esto lo recogió rápidamente la prensa argentina y tomó “visos de seriedad”, cuando el 9 de octubre Paul Krugman se hizo eco de la idea que el Tesoro estaba actuando para favorecer a “los amigos de Bessent en los fondos de cobertura”, nombrando específicamente a Citrone.
Mas allá de la pirotecnia verbal los hechos apuntan a que, si alguien influyó sobre Bessent, Citrone no estaba entre los que tenían más interés en hacerlo.
No siendo Citrone, lo que no está del todo claro entonces es si fue Bessent quien convenció a Trump de salir al rescate de Milei o Trump quine presionó a Bessent.
Mitad advertencia para los argentinos, mitad advertencia para Javier Milei -lo que refleja que no estaba del todo convencido-, después de la reunión con el argentino el 14 de octubre, Trump declaró, “Si gana, vamos a continuar con él”, “Y si no gana, nos fuimos”, “Si pierde, no vamos a ser generosos con Argentina”, “No vamos a permitir que alguien tome el poder y se patine la plata de los contribuyentes de ese país. Yo no lo voy a permitir”, “Tus números son buenos, después de mi ayuda serán mejores”.
Al día siguiente de la elección, en un vuelo a Asia, refiriéndose a Milei dijo a los periodistas “Él tuvo mucha ayuda de nuestra parte. Él tuvo un montón de ayuda. Le di un apoyo, un apoyo muy fuerte”.
El 20 de octubre le pegó un verdadero palo a la administración libertaria al declarar: “Argentina esta luchando por su vida… No tienen nada de dinero. No tienen nada de nada. Están luchando tan fuertemente para sobrevivir. Si puedo ayudarlos a sobrevivir en un mundo libre… El presidente de Argentina esta haciendo lo mejor que puede, pero se están muriendo”.
El 8 de diciembre fue más explícito, en una entrevista de Dasha Burns para Político le dijo: “(Milei) estaba perdiendo, yo lo respaldé y ganó de manera aplastante”, si LLA salió primero en las legislativas, para Trump fue por su obra y gracia.
Si bien el Tesoro norteamericano se vanaglorió de hacer un buen negocio con el acuerdo (que no fue un préstamo, el 11 de noviembre Bessent twitteo “Nuestra intervención en Argentina nunca fue un rescate. Fue una line de swap que generó dinero para los norteamericanos”, cuyos pormenores nunca se hicieron públicos y terminó pagándose antes del vencimiento (en palabras del Secretario: Argentina “pagó en un todo y rápidamente”, “la limitada cantidad de fondos que tomó”, “Ganamos decenas de millones de dólares” -esto parece haber sido más por la compra de pesos, que por la línea del swap-), el problema es que no todo es dinero y “el chiste” no fue gratis para Trump.
La oposición de los demócratas es siempre esperada. Pero quien primero protestó por el auxilio a nuestro país fue la senadora por Georgia Marjorie Taylor Greene, que en un tweet del 16 de octubre planteó, “díganme como es America First rescatar un país extranjero con U$D 20,000 o hasta U$D 40,000 millones del dinero de los contribuyentes norteamericanos”. Unos días más tarde en una entrevista con Tucker Carlson (el periodista favorito de la derecha norteamericana) subía su critica a “(El rescate) es una de las cosas mas guarangas que he visto jamás”, “Es un golpe para los ganaderos norteamericanos”.
Otros que se opusieron esos días al accionar presidencial fueron los Senadores Hyde, Fischer, Ricketts, Dines, Paul y los diputados Hageman y Stutzman. Lo que caracteriza a este grupo es que son todos republicanos representantes del corazón rural del movimiento MAGA.
Es cierto que no fue solo por el rescate a la Argentina, pero la aprobación de los norteamericanos hacia Donald Trump (promedio mensual de las encuestas recogidas por Nat Silver, sin ajustar), que desde abril estaba arriba del 45%, se cayó a 44.3% en octubre y 42.8% en Noviembre. Lo que es peor, en el centro de esta baja estaban los “farmers” del centro de los EE.UU., cuyo entusiasmo irrestricto por el Presidente se rompió y le son claves para evitar una derrota en las próximas legislativas.
¿Cómo podía ser que el Presidente rescatara de manera sin precedentes a un país que competía directamente contra ellos en carnes y granos, y no tomara en cuenta sus necesidades?
Trump “se jugó” y le salió mal con su electorado. ¿Sabía que tendría que pagar este precio? Cuesta pensar que no, especialmente ahora que para proteger ese electorado decidió incluir a nuestro país entre los sancionados por sus exportaciones cárnicas.
El 28 de febrero de este año, impulsado por Israel y en contra del consejo del vicepresidente J.D. Vance, la Directora de Inteligencia Tulsy Gabbard, el Jefe de Estado Mayor Conjunto el General Dan Caine, el periodista Tucker Carlson, etc. Donald Trump inició la guerra contra Irán con la operación “Epic Fury” (“Roaring Lion” para los israelitas).
El 1 de marzo, 2 de marzo, 26 de marzo y 23 de abril, el presidente norteamericano afirmó que tomaría entre 4 y 6 semanas cumplir una serie de objetivos para terminar con el Régimen Iraní.
Lo que iba a durar un mes y medio a lo sumo, ya lleva seis meses, el mundo esta pagando un altísimo costo por la suba del petróleo, los iranies sufren ahora, además del recrudecimiento del poder de sus lideres por las cuestiones propias de la guerra, y no está claro -incluso para los propios norteamericanos- quién puede declararse vencedor, si los persas o los yanquis.
En Israel, el 93% (encuesta U.Hebrea/I.Agam; 20 de junio) entiende que ganó Irán; en los EE.UU. el 35% que el país quedó mas débil y 23% que está más fuerte (Reuters/Ipsos; 22 de junio) del inicio de la contienda.
Una encuesta de la CNN apenas iniciado los ataques dio como resultado una aprobación del 41% entre los norteamericanos en general y 77% entre los simpatizantes republicanos (en línea con Morning Consult; YouGov dio 33%/68%). Los últimos números de Reuters/Ipsos (24 de agosto) hablan 31%/69% y el 83% creyendo que la guerra va a seguir por “un periodo extendido”.
Es claro que la senda armada no está sirviendo a ninguno de los objetivos que se buscaban, así que el lunes pasado la administración norteamericana decidió saltar a otro nivel cuando Sctott Bessent anunció el 24 de agosto el inicio de la operación “Economic Outcast” (Paria Económico), en lo que definió como el “día D Económico” para Irán (Trump lanzó la idea en un tweet del 19; se refiere al desembarco en Normandia de las tropas aliadas durante la segunda Guerra Mundial) .
Lo que había sido hasta ahora una guerra militar -y se encuentra en un “impasse”, donde los dos se dicen ganadores- pasó a ser una renacida batalla económica.
El objetivo cortar totalmente el acceso de Irán a dólares norteamericanos forzando a que quienes negocian con la república islámica deban escoger entre seguir sus operaciones o ser excluidos del sistema financiero norteamericano (el Swift). Hasta hoy son unas 24 personas, 48 entidades, 6 buques y las sucursales del banco Misr en la UEA los afectados (más adelante comenzarían a agregarse países).
El problema es que Irán viene sufriendo sanciones económicas por parte de los EEUU desde 1979/84 y de la Unión Europea desde 2000/07 sin lograr otra cosa que castigar a los Iranies. De hecho, el Régimen ya sobrevivió a caídas del PBI per cápita: -48% (1987/89); -53% (1992/93); -39% (2013/15) y -47% (2018/20), así que, aunque decir que están acostumbrados es una barbaridad, lo cierto es que han sabido adaptarse para enfrentar estas situaciones. A pesar de que el año pasado, 2025, el PBI per cápita se desplomó 25%, aun así, desde el 2000 el país un crecimiento promedio de 5.02% anual.
La primera duda en contra del éxito de la Operación Economic Outcast la sembró el mismísimo Scott Bessent cuando a la pregunta de un periodista le respondió: “Bien, le estamos dando a todos la oportunidad de corregir su mal comportamiento. ¿Por qué querría yo volar por los aires el sistema financiero global?”, agregando que se estaban disparando “tiros de advertencia” dando un “periodo de cura”, para que los involucrados cortaran las relaciones con Irán.
Sin dudas que las nuevas sanciones pueden causar más daños a los iranies, pero de ahí a ser exitosas…
La evidencia histórica apunta a que los cambios de régimen político se producen mayoritariamente cuando una sociedad tiene una clase media que “conoce” otras cosas y está en condiciones materiales de hacerlo, se rebela. No cuando una sociedad ya pobre, se empobrece más. Este es otro de los puntos en que Carl Marx se equivocó de lleno, sin embargo el concepto subsiste.
La idea yanqui de hacer que el Régimen se quede sin dinero y deba capitular, aun si las sanciones fuesen 100% efectivas, no es creíble, al menos hasta el año que viene. El Banco Central Iraní cuenta con u$s7.500 millones en efectivo, más que suficientes para cubrir las necesidades de comercio exterior de al menos los próximos seis meses (para peor/mejor las importaciones han caído más que las exportaciones).
Las estimaciones son que Irán seguirá vendiéndole un millón de barriles de petróleo diario a las refinerías “teapot” en Chinas (que no operan en dólares), aunque incrementando los descuentos (dado el mayor riesgo), las “trading” que operan desde Hong Kong y Singapur, simplemente cambiaran las chapas de sus puertas, los buques de la “Flota Oscura” cambiaran de nombre y bandera, y el gobierno y los particulares apelarán aún más a las operaciones con criptomonedas.
A menos que veamos un choque frontal con China, que no veremos, la chance de éxito -el cambio de Régimen- de Bessent es extremadamente baja.
El problema para el Secretario del Tesoro es que, de la misma manera que la guerra armada contra Irán ha sido posiblemente el mayor desgastante del apoyo popular norteamericano a Donald Trump (las idas y vueltas, una guerra que parece no tener fin y por sobre todo la suba del precio de los combustibles), el fracaso o “no éxito” de “Economic Outcast”, puede ser el Waterloo para el prestigio de Bessent.
20 de Agosto, Axios, “Fed and Treasury appear to be at odds when it comes to the markets”; 21 de agosto, The Wall Street Journal, “Why Scott Bessent Is Playing With the Treasury Market”; 24 de agosto, Reuters, “Move over, Warsh. Treasury's Bessent also has a credibility problem”; The New Yorker, “The Humbling of Scott Bessent”; 25 de Agosto, “The Heat on Treasury Secretary Scott Bessent Grows”; The Wall Strteet Journal, “Let the Bond Market Speak” por Stanley Druckenmiller; 26 de Agosto, Financial Times, “Scott Bessent’s bond intervention puts US Treasury on collision course with Fed”; The New York Times, “Bessent Faces Credibility Test in Quest to Tame Markets”; The Economist, “America will regret Scott Bessent’s bond-market misadventures”; Ambito, “Alerta en Wall Street, temen una pulseada entre Scott Bessent y los bond vigilantes” por Jorge Herrera; 27 de Agosto, Bloomberg, “America will regret Scott Bessent’s bond-market misadventures” y “Treasury Secretary Scott Bessent Desperately Needs to Course Correct”; The New York Times, “Wall Street loved Scott Bessent and Kevin Warsh. Not anymore”; 29 de Agosto, The Guardian, ‘Inept, incompetent, craven’: Scott Bessent struggles to clean up the president’s mess”, y podría seguir y seguir (de todos los artículos, el que más le dolió y no podía ignorar es el de su exjefe, Druckenmiller).
Si bien un desconocido para el gran público, cuando Trump anunció que lo postulaba para dirigir la billetera a de los EE.UU., Bessent era el funcionario mas popular contando con el apoyo prácticamente unánime de Wall Street, la prensa especializada y el establishment político (asumió con 68 votos a favor y solo 29 en contra, su condición de Gay, casado, lo ayudo con los Demócratas). Después de la semana pasada está visto que no es así.
Podría pensarse que el cambio de opinión del mercado arrancó con el anuncio que hizo el Secretario el 19, sobre duplicar entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre el monto de la recompra de bonos a 10-30 años desde u$s2.000 millones a u$s4.000 millones o más por operación, potenciado por el inicio de la Operación Economic Outcast,del 24. La excusa tras la intervención: “el mercado de la deuda a 30 años es muy ilíquido” y “vamos a hacer mercado”.
El 17 de agosto la tasa de los treasuries a 30 años cerró en 5.31% anual, el máximo desde el 12 de julio de 2007 (poco más de 19 años). En un principio la respuesta a la decisión de acrecentar la intervención en el mercado de bonos fue la esperada, para el 25 la tasa larga caía cerrando en 5.17%. Desde entonces viene subiendo otra vez para quedar este viernes 5.21%, esto es una baja de apenas 2.3 puntos básicos en el mes y arriba del valor alcanzado el 29 de julio último. En el ínterin el precio del oro viene trepando más de 10% y el Bitcoin 25%, señalando que el mercado no le confía.
¿El problema? No ha dicho con qué dinero está comprando los títulos, abriendo la puerta a pensar que se trataría de la Cuenta General del Tesoro (TGA) que mantienen en la Reserva Federal (lo que parece claro es que no está reemplazando deuda de largo con deuda de corto).
Si es así, lo que vemos es un maquillaje contable: el tesoro está usando dinero que deberá utilizar para otros gastos en la compra de títulos, buscando forzar una baja pasajera -suba del precio del bono- de la tasa. Cuando necesite esa plata para cubrir sus verdaderos fines (sueldos, seguridad social, intereses de la deuda, gastos del gobierno, etc.) tendrá que volver a colocarlos en el mercado y si el mercado se adelanta -que muchas veces lo hace-, a una tasa incluso mayor.
Que la operación es puramente electoralista y Bessent ha pasado a ser visto como un “siervo” de Trump, parece algo indiscutible cuando vemos la decisión de finalizarla al día siguiente de las elecciones de mediotérmino.
Tal vez lo peor del caso, ya que agrega incoherencia al pecado, es que en el pasado criticó más de una vez a sus predecesores, por hacer lo que hoy hace él de manera desembozada (Bloomberg, 7/6/24 “Trump Ally Scott Bessent Says Janet Yellen is Using Post to Aid Biden 2024 Bid”; Manhattan Institute, 13/6/24 “The Fallacy of Bidenomics: A Return to Central Planning”), mucho no le ayuda.
Pero esta no es la primera vez que Bessent politiza el uso del Tesoro, buscando servir a Donald Trump.
A poco de asumir, en una de sus primeras acciones, abrió a Elon Musk el acceso a la información sobre el sistema de pagos del Tesoro en una medida que, si bien buscaba detectar el fraude dentro del gobierno, le permitía a Trump congelar unilateralmente los pagos dispuestos por el Congreso (un juez federal prohibió la medida antes de que se implementara).
No demasiado después, autorizo al IRS para que proveyera la información impositiva a las autoridades de inmigración (otro juez federal lo bloqueó).
Mas recientemente estuvo la maniobra para tratar de convencer a Japón, que desistiera de vender los Bonos del Tesoro Norteamericano en su búsqueda de revaluar el yen, lo que veía como un factor detrás de la suba de la tasa de los “treasuries” (dice -notas del 20/8/26 a CNBC, del 21 al Financial Times y del 24 a CNBC-- que el que la deuda bruta del gobierno haya crecido más de 10.5% en los 19 meses que lleva la gestión Trump y el déficit del gobierno ronde 6.1% del PBI -en los últimos 50 años promedió 3.8%- no le preocupa).
El 31 de julio en una artimaña que fue propaganda más que un apoyo real a las autoridades niponas, Bessent filtró una serie de acciones y promesas de futuros apoyos al Japón (la ampliación del límite del FIMA, a lo que la FED se opone, sigue el sueño de los justos y sin que Tokio lo use) a la prensa y el mercado, buscando generar un cambio en las expectativas y frenar la suba de la tasa de los “treasuries”.
Más por lo que hicieron los japoneses -compraron yenes por u$s89.000 millones, el Tesoro entre u$s5.000 y u$s10.000 millones- la estrategia funcionó durante algunas horas (entre el 28 de julio y el 3 de agosto el yen trepaba de 166.85 por dólar a 157.18 por dólar). Este viernes pasado la moneda nipona había trepado nuevamente a 160.07 yens por dólar. Sobre el incremento que tuvo el costo del dinero, ya hablamos.
El 95% de los actores del mercado consultados entonces (31 de julio al 5 de agosto) por Reuters, que se manifestaron escépticos sobre el éxito de la intervención. Si algo evidencia semejante nivel de coincidencia es que ya entonces la credibilidad del Secretario del Tesoro, muy alta no era… y si vemos lo ocurrido estos días con las tasas Niponas muy equivocados en desconfiar de Bessent, no estuvieron.
Volvemos así al rescate que instrumentó para el gobierno de Javier Milei. Una aclaración: es Trump quien dijo una y otra vez de manera explícita que estaban apoyando al libertario.
Un punto no menor acá es la concentración de poder que logró Bessent dentro del Tesoro, que le permite actuar sin oposición. En la Oficina de Riesgo Financiero redujo el numero de analistas de 200 a solo 70, el IRS está sin Comisionado ni Asesor Principal y de los 16 cargos que deben pasar por el Congreso, 7 fueron despedidos o se fueron por propia voluntad (la ironía: todos nominados por Trump).
Si bien el Secretario puede argumentar que la operación Argentina fue exitosa, que la FED se haya mantenido al margen y fuera el Tesoro responsable en un todo es -además de los dichos del Presidente- una clara evidencia sobre el carácter netamente político que tuvo el rescate.
Como las cosas salieron bien con nuestro país (ganó Milei, pudo pagar el swap y el peso se revalorizó), nadie le reclamó nada, aunque como vimos, su manejo de las expectativas no tuvo los resultados esperados, reflejando que ya entonces los inversores dudaban de él.
La semana pasada quedó la sensación que el mercado había dejado de confiar en Sctott Bessent (esta semana el entro en modo “minimizar daños”, así que no se sorprenda si lo ve en todos lados). Los hechos apuntan a que en realidad esto no fue algo abrupto, sino un proceso que se inició hace tiempo, evidenciándose en octubre con el caso Argentino, profundizándose con lo de Japón y más recientemente con su estrategia para reducir las tasas, aunque es el eventual no éxito de la “Operación Economic Outcast” lo que podría de terminar por derribar su prestigio.
¿Cuál es la probabilidad real de que Donald Trump pierda la mayoría en Cámara Baja o la Alta el 3 de noviembre con las próximas elecciones de mediotérmino? Difícil decirlo, faltan dos meses, demasiado tiempo.
En el senado tiene una chance algo mejor de mantener la mayoría. Los demócratas necesitan ganar 4 bancas netas; se disputan 35 de las cuales 23 están en manos republicanas y esto no va por voto directo sino por estados. Los estados a mirar son Alaska, Maine, Michigan, Ohio, North Carolina y Texas. Sin embargo, encuestas y apuestas no se juegan y dan prácticamente un empate técnico.
En diputados los números sugieren un escenario binario, donde o conserva su estrecha mayoría, o pierde de manera significativa. Dicho esto, las encuestas y apuestas -aquí si se decide por el voto popular- favorecen a los Demócratas dándoles entre 2 y 15 diputados más de los que tienen ahora, en tanto solo necesitan ganar 3 lugares netos para ser mayoría. La relevante aquí parece ser el numero de personas que esté dispuesto a votar (más gente favorecería a los demócratas).
Según la casa de apuestas Polymarkets, la probabilidad para los demócratas de alcanzar la mayoría en ambas cámaras es de 50%, que la mantengan los republicanos, de 12%.
Para esto, la clave es la situación económica y en particular que baje el precio de los combustibles. Para esto, la clave es que Donald Trump doblegue a los Iranies de manera evidente y definitiva.
El 27 de octubre Benjamín Nethanyahu se juega su continuidad como Primer Ministro -y su futuro judicial-. Si bien no es imposible, hoy parece difícil que lo logre. Acá es donde, en la medida que sea corta (no antes de medidos de septiembre), sin bajas judías, con algunas victorias visibles y contundentes, más el apoyo de Trump, una acción armada contra Irán podría favorecerlo.
En la medida que esto genere además la percepción de una derrota inminente del régimen Iraní, también podría favorecer la chance electoral de Trump, quien tendría un fuerte incentivo para apoyar la acción israelí.
¿El riesgo? Que Irán resista y se apunte algunas bajas israelí-norteamericanas lo que llevaría a un desastre electoral para Bibi y Donald.
La sensación es entonces que lo que se viene es un desprestigiado Scott Bessent, cuyo jefe difícilmente retenga el poder del que goza hoy.
Con un Congreso dividido, Trump estará atado de manos para lograr la aprobación legislativa. Lo que es peor va a ser acribillado de pedidos de “impeachment” que, aunque no prosperen en el Senado, enrarecerán los dos últimos años de su gestión.
La situación del Bessent, quien viene siendo muy cuestionado por los Demócratas, sería peor. No solo queda a tiro del “impeachment”, sino que deberá responder a las citaciones (subpoena) de los diputados, a riesgo de ser acusado de desacato (lo que da pie a acciones judiciales y legislativas), mociones de censura (o pedidos de renuncia), investigaciones legislativas -incluyendo la entrega de documentos e investigación a entes y personas particulares involucradas-, recortes o condicionamiento de fondos, bloqueo o retraso de nombramientos de personal, etc.
Con este trasfondo, si nuestro país vuelve a tener problemas, difícilmente “el tío” pueda repetir un auxilio de la magnitud del que realizó el año pasado (aun si este no tuviese intencionalidad política).
Pero no solo se trata de “si puede”, sino también de “si quiere”. Su decisión de no interceder para que nuestro país sea exceptuado de la tarifa global del 10%, dejarnos fuera de la ampliación del cupo a las importaciones cárnicas (el ganador es Brasil) e incluso el acuerdo comercial de noviembre pasado demuestran que, en lo comercial, muy a favor de nuestro país no está.