Muchos ganan millones y deciden invertirlos de maneras algo particulares, por lo que es normal que multimillonarios se excedan con sus caprichos. En este caso, el reconocido Larry Page estuvo envuelto en una polémica alrededor de unas islas y desencadenó un conflicto legal pocas veces visto.
Además, esto podría hacerlo perder una enorme cantidad de dinero y generar desconfianza en este tipo de negocios, ya que es algo a lo que está acostumbrado, pero que no había salido a la luz hasta que este misterioso y polémico hecho llegó a los tribunales.
Quién es Larry Page y cómo se convirtió en multimillonario
Larry Page es uno de los empresarios tecnológicos más ricos del mundo. Junto a Sergey Brin fundó Google, la compañía que transformó la manera en que millones de personas acceden a la información en internet y que con el tiempo se convirtió en uno de los gigantes de su sector.
El crecimiento de la empresa le permitió acumular una fortuna valuada en cientos de miles de millones. A través de los años amplió sus inversiones y construyó un patrimonio que incluye propiedades, participaciones empresariales y distintos activos repartidos por varios países.
Entre esas adquisiciones figuran varias islas privadas. Page posee al menos cinco ubicadas entre el Caribe y el Pacífico Sur, incluyendo propiedades en Fiyi, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
Entre esas propiedades se encuentran Great Hans Lollik y Little Hans Lollik, dos pequeñas islas situadas frente a la costa de Saint Thomas. Su adquisición derivó en una disputa judicial que continúa abierta más de diez años después.
Larry Page Kimberly White
El fundador de Google y un conflicto legal que no esperaba vivir.
Kimberly White
Una disputa legal de 12 años y un comprador millonario imposible de rastrear
El conflicto comenzó en 2014. Mientras un promotor inmobiliario de Nueva York llamado James Eckel negociaba la compra de las islas, apareció una empresa radicada en California y presentó una oferta muy superior.
Según el reclamo de Eckel, llevaba meses trabajando para cerrar la operación y contaba con un acuerdo que le otorgaba prioridad para adquirir los terrenos. Incluso había ofrecido cerca de u$s9 millones por las propiedades. Sin embargo, el vendedor decidió aceptar una propuesta de u$s23 millones y concretó la venta.
La operación dejó a Eckel fuera del negocio y derivó rápidamente en una demanda judicial. El empresario sostuvo que el acuerdo previo había sido ignorado y reclamó quedarse con las islas pese a que ya habían cambiado de manos.
La disputa avanzó durante años por distintos tribunales. En 2019, una corte de apelaciones de Texas concluyó que podía reclamar una compensación económica, pero no la propiedad de las islas. Aun así, el conflicto no terminó.
La sociedad que adquirió los terrenos impulsó nuevas acciones judiciales para obtener una declaración definitiva que despejara cualquier reclamo futuro sobre las propiedades. Más de una década después de la compra, el litigio sigue abierto y continúa siendo un problema para los involucrados.
A medida que avanzaba la causa apareció otro elemento llamativo: nadie tenía claro quién había desembolsado los u$s23 millones para quedarse con las islas. La empresa compradora no revelaba la identidad de la persona detrás de la operación y fueron necesarias investigaciones y declaraciones judiciales para descubrir al verdadero propietario.
Finalmente, el nombre de Larry Page salió a la luz a través de Wayne Osborne, el administrador encargado de gestionar su patrimonio. Hasta ese momento, el cofundador de Google había permanecido completamente fuera de los documentos vinculados con la compra.
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Los extremos de la empresa familiar de Page para ser invisible
La adquisición de las islas permitió conocer algunos detalles del funcionamiento de Koop, la firma encargada de administrar la fortuna de Page y una de las estructuras patrimoniales más reservadas del mundo tecnológico.
La compra se realizó a través de una sociedad llamada Virgin Island Properties LLC, una empresa que no contenía ninguna referencia pública al fundador de Google. El objetivo era que la operación pudiera desarrollarse sin exponer la identidad del verdadero comprador.
Según trascendió durante el proceso judicial, ni siquiera el vendedor conocía quién estaba detrás de la oferta que terminó quedándose con las islas. El agente encargado de negociar la operación tampoco reveló la identidad final de la persona que aportaba los fondos.
Esa forma de trabajar responde a una filosofía que busca separar al máximo al empresario de sus propiedades y activos. Para lograrlo, las operaciones se realizan mediante distintas sociedades y estructuras legales que dificultan seguir el rastro hasta el dueño final.
La discreción también alcanza a quienes trabajan dentro de la organización. Los empleados firman acuerdos de confidencialidad y los perfiles profesionales públicos suelen contener información mínima sobre sus funciones. El resultado es una estructura diseñada para mantener a Page alejado de los focos incluso cuando realiza adquisiciones multimillonarias.