Fundición San Cayetano, la mayor fundición de Argentina, recurrió a la Justicia para reestructurar sus deudas después de meses de deterioro financiero. La empresa, que tiene 70 años de historia, 260 empleados y exporta alrededor del 80% de su producción, presentó su concurso preventivo el 9 de junio y declaró un pasivo de $34.187 millones. En el expediente explicó que la combinación entre la apertura de las importaciones, la apreciación del peso, la pérdida de pedidos y el costo del crédito terminó por afectar la rentabilidad de una actividad que compite con proveedores de todo el mundo.
La firma está radicada en Burzaco y fabrica piezas de gran porte para las industrias siderúrgica, petrolera, minera y energética. Su producción tiene una fuerte presencia en Estados Unidos y otros mercados internacionales. En la presentación concursal, la compañía describió las dificultades que atravesó y sostuvo que la situación no se originó en un problema de funcionamiento de la planta, sino en el cambio de las condiciones económicas en las que desarrolla su actividad.
“El flujo derivado de la actividad comercial regular es positivo y suficiente para cubrir los costos de producción y las obligaciones corrientes; la distorsión radica exclusivamente en la carga financiera acumulada”, afirmó la empresa en su presentación judicial.
El juzgado que interviene es el Civil y Comercial N°3 del Departamento Judicial de Lomas de Zamora y la apertura del concurso se produjo el 24 de junio de 2026. La compañía fijó como fecha de inicio de la cesación de pagos el 18 de diciembre de 2025, cuando comenzó a atrasarse en obligaciones propias de su actividad, entre ellas compromisos vinculados con el suministro de energía.
Siete décadas de industria metalúrgica
Fundición San Cayetano tiene una larga trayectoria en la industria metalúrgica local, comenzó a operar en 1956, cuando Nazareno Sforzini, un inmigrante italiano dedicado a la actividad, puso en marcha la empresa. En 1979 la compañía trasladó su planta a Burzaco y desde allí fue ampliando sus capacidades productivas.
En los años 80 incorporó la fabricación de piezas para la industria petrolera y luego comenzó a producir cilindros para trenes de laminación, un segmento en el que alcanzó una posición dominante en el mercado argentino. Con el paso de las décadas sumó negocios vinculados con minería, energía y otras ramas de la industria pesada.
La escala alcanzada por la compañía se refleja también en su perfil exportador. Cerca del 80% de su producción se vende en el exterior, de acuerdo con información de la firma, que tiene entre sus clientes a compañías como Ternium Siderar, Nucor Steel, Steel Dynamics, Cleveland-Cliffs, Glencore, Codelco y CSN.
La empresa explica que su negocio tiene una particularidad que terminó siendo determinante en el actual escenario: fabrica bienes de capital transables, por lo que debe competir con productores internacionales tanto en el mercado local como en los países a los que exporta.
En ese sentido, se define en el expediente como una “tomadora de precios internacionales”. La compañía sostiene que trabaja con márgenes reducidos y que cualquier modificación fuerte en el tipo de cambio, los costos financieros o los precios internacionales impacta directamente sobre la rentabilidad.
El problema de competir con China y financiarse en Argentina
La explicación que Fundición San Cayetano presentó ante la Justicia comienza a principios de 2024. “Desde principios del año 2024, la apertura de las importaciones y la revaluación de nuestro signo monetario, impulsadas por el actual modelo económico del país, nos llevó a una asfixia en el desarrollo de nuestra actividad”, señaló.
A partir de entonces, según relató la empresa, el mercado comenzó a ofrecerle una combinación particularmente difícil: menor demanda, presión para bajar precios y una estructura de costos que no podía acompañar la evolución de sus competidores internacionales.
Uno de sus principales clientes redujo sus pedidos aproximadamente un 50%. Frente a esa caída, la compañía aseguró que aceptó reducciones de precios solicitadas por compradores con el objetivo de preservar los negocios y mantener los puestos de trabajo.
La competencia de China aparece como uno de los principales factores mencionados en la presentación. “Los proveedores originarios de la República Popular China están presentes en todos los mercados en el que participamos, con precios que oscilan a la mitad del nuestro”, sostuvo la firma.
El contexto industrial tampoco ayudó. La actividad manufacturera acumuló una caída durante los primeros siete meses de 2026 y dentro del sector industrial hubo retrocesos particularmente fuertes en ramas vinculadas con maquinaria y equipos. En julio, la producción manufacturera cayó 4,9% interanual y 5% frente al mes anterior, mientras que el rubro de maquinaria y equipos registró una baja interanual de 26,7%. En ese escenario, una menor demanda industrial repercute sobre los pedidos de bienes de capital y sobre las decisiones de inversión de los grandes clientes.
Para Fundición San Cayetano, sin embargo, el problema no terminó en la demanda. La empresa puso el foco especialmente en el financiamiento. Según describió en el expediente, las tasas bancarias llegaron a ubicarse entre 80% y 90% anual, en un negocio que trabaja con márgenes de rentabilidad cercanos al 5%.
“Cuando un exportador toma una deuda para financiar su capital de trabajo, lo hace bajo la premisa de una rentabilidad proyectada, la cual queda destruida con el escenario económico actual”, sostuvo.
La firma también cuestionó el desfasaje entre el ritmo de actualización del dólar y el costo del dinero. En su presentación planteó que un crawling peg del 2% frente a tasas del 60% modifica sustancialmente la ecuación del negocio y genera, según su interpretación, “una transferencia de utilidad del productor al acreedor financista”.
El impacto se trasladó finalmente al flujo de fondos. La compañía reconoció que durante diciembre de 2025 comenzó a incumplir obligaciones y que los atrasos adquirieron “grado de permanencia y generalidad” hasta llevarla a solicitar el concurso preventivo.
Deuda, cheques rechazados y operatoria
La magnitud del deterioro también quedó reflejada en los reclamos de acreedores. Fundición San Cayetano registra 185 cheques rechazados por más de $1.000 millones y recibió intimaciones vinculadas con servicios esenciales, bancos y proveedores.
Entre las obligaciones reclamadas aparecen deudas con Metrogas y Edesur, además de reclamos de Banco Nación, Banco Provincia y proveedores del exterior. En paralelo, la información del Banco Central muestra una exposición financiera de alrededor de $22.355 millones con distintas entidades.
El pasivo concursal declarado asciende a $34.187 millones, compuesto principalmente por deudas comerciales y financieras. La empresa informó $18.512 millones con acreedores quirografarios por compras locales, $5.539 millones por compras del exterior y $7.791 millones correspondientes a financiamiento, además de obligaciones fiscales, sociales y laborales.
El dato que aparece como contracara es la estructura industrial que conserva la compañía. Al 31 de mayo de 2026 declaró activos por $83.286 millones, de los cuales $68.482 millones corresponden a bienes de uso. Es decir, una parte sustancial de sus activos está concentrada en la planta, maquinaria e infraestructura necesaria para producir.
Por eso, la empresa busca atravesar el concurso sin frenar la actividad. En la presentación aseguró que actualmente cuenta con pedidos suficientes para mantener la planta a máxima capacidad durante al menos ocho meses, aun si no ingresaran nuevas órdenes. También indicó que sus contratos con clientes tienen plazos que van desde seis meses hasta tres años.
En su presentación, Fundición San Cayetano definió el proceso como un “rediseño defensivo permanente y estructural” y no como una solución transitoria a la espera de que cambie el ciclo económico. La apuesta es sostener una empresa que, después de siete décadas, conserva capacidad productiva, clientes y una fuerte inserción internacional, pero que quedó atrapada, según su propia explicación ante la Justicia, entre altos costos locales y una carga financiera que terminó desbordando su flujo de fondos.