La capacidad de liderar equipos, adaptarse a escenarios inciertos, tomar decisiones complejas y comprender el impacto de la inteligencia artificial empieza a pesar tanto como la formación académica. Desde esa doble experiencia - académica y empresarial - impulsa una propuesta que busca "construir un puente entre la universidad y las organizaciones", combinando herramientas de management, finanzas, estrategia y liderazgo con una fuerte impronta en el desarrollo humano.
Durante la entrevista, Manzuoli analizó cómo evolucionan las demandas del mercado laboral, qué esperan hoy las empresas de sus futuros líderes y cuáles son las habilidades que marcarán la diferencia en los próximos años. También reflexionó sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el mundo del trabajo y sostuvo que, en un escenario de cambios acelerados, el principal diferencial seguirá siendo la capacidad de las personas para aprender, liderar y generar vínculos de confianza.
Juan Pablo Manzuoli: Creo que hay dos aspectos que distinguen nuestra propuesta. El primero es la cercanía: queremos una escuela de excelencia, pero no desde una lógica de competencia permanente, sino desde la colaboración. Trabajamos mucho el concepto competir y colaborar al mismo tiempo. Eso refleja cómo funcionan hoy las organizaciones. Dentro de una empresa las personas colaboran, comparten objetivos y trabajan en equipo, pero al mismo tiempo asumen nuevos desafíos, lideran proyectos o compiten por posiciones de mayor responsabilidad. Lo importante es que esa competencia se dé con reglas claras, con respeto y con capacidad de construir junto con otros.
El segundo eje es la trascendencia. Creemos que las personas no toman decisiones únicamente a partir de una lógica de costo-beneficio. También las movilizan los propósitos, los valores y la posibilidad de generar impacto en otros. Por eso buscamos formar profesionales que no piensen exclusivamente en su desarrollo individual, sino que comprendan que el crecimiento también pasa por construir equipos, desarrollar personas y generar organizaciones mejores.
P.: ¿Cómo se construye ese vínculo entre la formación académica y las necesidades de las empresas?
J.P.M.: Me gusta pensar esa relación como un puente. Ese puente tiene, al menos, dos pilares fundamentales: el primero es el conocimiento técnico. Un profesional necesita dominar herramientas concretas para negociar, gestionar una empresa, analizar un balance, diseñar una estrategia o liderar un proceso de transformación. Esa base es indispensable.
Pero hay un segundo pilar que hoy resulta igual de importante: las capacidades humanas. Las organizaciones están llenas de situaciones donde no existe una respuesta única. Hay decisiones que involucran personas, emociones, conflictos, dilemas éticos y prioridades contrapuestas. En esos casos no alcanza con aplicar una fórmula técnica. Por eso insistimos tanto en desarrollar el criterio, la capacidad de escuchar, el liderazgo, la empatía y la toma de decisiones. La universidad tiene que ayudar a construir ese puente entre la persona que el estudiante es hoy y el profesional que puede llegar a ser. Ese recorrido no consiste solamente en incorporar conocimientos, sino también en desarrollar una manera de pensar y de actuar frente a escenarios complejos.
P.: En medio de la evolución tecnológica, la irrupción de la IA y la exigencia de las empresas para la formación y conocimientos, ¿qué valor tienen hoy las habilidades blandas dentro del mundo corporativo?
J.P.M.: Durante muchos años las empresas pusieron el foco casi exclusivamente en los conocimientos técnicos. Hoy eso cambió. Las organizaciones necesitan personas capaces de trabajar con otros, generar confianza, liderar equipos diversos y adaptarse a contextos que cambian permanentemente.
El conocimiento técnico sigue siendo imprescindible, pero dejó de ser el único diferencial. Cada vez adquieren más importancia habilidades como la comunicación, la inteligencia emocional, la capacidad para resolver conflictos, negociar, escuchar y construir consensos. Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren aquellas capacidades que siguen siendo profundamente humanas.
Juan Pablo Manzuoli UCA
Desde su experiencia en el mundo corporativo y al frente de la Escuela de Negocios de la UCA, Juan Pablo Manzuoli reflexionó sobre "el puente" entre la universidad y las empresas,
Mariano Fuchila
P.: ¿Qué cambios observa hoy en las empresas argentinas y en el mundo corporativo?
J.P.M.: Las organizaciones atraviesan una transformación muy profunda. Los cambios tecnológicos, económicos y sociales son cada vez más rápidos, y eso obliga a las empresas a revisar permanentemente la forma en que trabajan, toman decisiones y desarrollan talento. Hace algunos años era posible pensar una carrera profesional con conocimientos que permanecían vigentes durante mucho tiempo. Hoy eso prácticamente desapareció. El aprendizaje continuo dejó de ser una ventaja para convertirse en una necesidad.
Las empresas ya no buscan únicamente especialistas. Necesitan personas con capacidad para seguir aprendiendo, adaptarse a nuevos escenarios y liderar procesos de cambio. Esa flexibilidad es una de las competencias más valoradas. En ese contexto, la universidad también tiene que transformarse. No alcanza con transmitir contenidos; debe enseñar a aprender, a cuestionar, a analizar información y a tomar decisiones en escenarios de incertidumbre.
P.: El liderazgo es un tema crucial para el mundo corporativo. ¿Qué tipo de líder demandan hoy las empresas y organizaciones?
J.P.M.: El liderazgo dejó de asociarse solamente con la autoridad o con ocupar un cargo jerárquico. Hoy lidera quien logra movilizar personas hacia un objetivo común. Eso implica desarrollar capacidades que van mucho más allá del conocimiento técnico. Un líder tiene que comunicar con claridad, escuchar, generar confianza, resolver conflictos y construir equipos diversos.
Muchas veces los problemas más complejos de una organización no tienen una única solución correcta. Hay decisiones donde intervienen cuestiones económicas, estratégicas y humanas al mismo tiempo. Por eso insistimos en que el management no consiste únicamente en administrar recursos. Consiste, sobre todo, en gestionar personas. Y gestionar personas requiere criterio, empatía y capacidad para comprender la complejidad de cada situación.
P.: ¿Qué lugar ocupan los negocios y las finanzas dentro de esa formación integral?
J.P.M.: Son una parte esencial. Todo profesional que aspire a ocupar posiciones de responsabilidad necesita comprender cómo funciona una organización desde el punto de vista económico. Eso implica entender estados financieros, analizar inversiones, evaluar riesgos y conocer el impacto que tiene cada decisión sobre el negocio, pero también significa comprender el contexto. Las empresas no toman decisiones aisladas. Lo hacen en un escenario económico determinado, con regulaciones, competencia, cambios tecnológicos y consumidores que modifican permanentemente sus hábitos.
Por eso la formación en negocios no puede limitarse a enseñar herramientas. Debe desarrollar la capacidad de interpretar la realidad y anticipar tendencias. Cuando una persona logra integrar conocimiento técnico con visión estratégica, está mucho mejor preparada para asumir responsabilidades de conducción.
Juan Pablo Manzuoli UCA
Manzuoli explicó a Ámbito cómo la irrupción de la inteligencia artificial está redefiniendo el trabajo y el liderazgo en las empresas.
Mariano Fuchila
P.: La IA aparece como uno de los grandes temas del presente. ¿Cómo impacta en la formación de los futuros ejecutivos?
J.P.M.: La inteligencia artificial representa uno de los cambios tecnológicos más importantes de las últimas décadas. Como ocurrió con otras grandes transformaciones, genera incertidumbre, pero también enormes oportunidades. Muchas tareas que antes demandaban tiempo hoy pueden resolverse de manera mucho más eficiente gracias a estas herramientas. Eso obliga a replantear la forma en que trabajamos.
Sin embargo, creo que la inteligencia artificial no reemplaza la capacidad de las personas para interpretar contextos complejos, construir relaciones de confianza o ejercer liderazgo. Puede procesar información con enorme velocidad, pero las decisiones estratégicas siguen requiriendo criterio humano. Por eso nuestro desafío no consiste solamente en enseñar a utilizar estas herramientas, sino en ayudar a comprender cuándo agregan valor y cuándo es indispensable la intervención de una persona. Las organizaciones van a incorporar cada vez más inteligencia artificial. La diferencia estará en quienes sepan integrarla con inteligencia humana.
P.: Entonces, ¿qué habilidades van a marcar la diferencia en los próximos años?
J.P.M.: Creo que las competencias técnicas seguirán evolucionando muy rápido. Lo que va a distinguir a los profesionales será su capacidad para aprender, colaborar, liderar equipos y desenvolverse en entornos de alta incertidumbre. Las organizaciones necesitan personas capaces de combinar conocimiento, pensamiento crítico y sensibilidad para entender a los demás. La tecnología seguirá avanzando y transformando industrias enteras.
Pero justamente por eso las habilidades humanas van a adquirir todavía más valor. La empatía, la ética, la creatividad, la comunicación y el liderazgo serán cada vez más importantes. Ese es el profesional que buscamos formar: alguien preparado para comprender los negocios, tomar decisiones responsables y liderar organizaciones que generen valor económico, pero también impacto positivo en la sociedad.