Una familia de inmigrantes, un pequeño campo de manzanas en California y una bebida que sobrevivió a prohibiciones, guerras y cambios de consumo. De esa combinación nació Martinelli’s, una compañía que lleva más de 150 años en las mismas manos y terminó construyendo un negocio valuado en cientos de millones de dólares.
Su historia empezó lejos de las grandes fábricas y de la expansión internacional que alcanzaría mucho tiempo después. Antes hubo una búsqueda de oro que no funcionó, experimentos con frutas cultivadas en la propia granja y una decisión inesperada, que terminó salvando a la empresa cuando vender alcohol dejó de ser una opción.
La familia dejó atrás la búsqueda de oro y encontró en las manzanas de California el comienzo de su negocio.
Martinelli's
Búsqueda de oro y manzanas: los orígenes de la dinastía Martinelli
Luigi Martinelli llegó a California en 1850, en plena fiebre del oro. Había dejado Suiza con la misma expectativa que empujó a miles de inmigrantes hacia el oeste estadounidense, aunque su futuro terminó lejos de las minas.
Se instaló en el valle de Pajaro, cerca de Watsonville, y comenzó a trabajar la tierra. Cultivaba granos, porotos y manzanas cuando, nueve años después, su hermano menor Stephano viajó desde Europa para sumarse a la actividad familiar.
Las frutas que crecían en la zona llamaron rápidamente la atención del recién llegado. En 1861 montó en un cobertizo un pequeño negocio dedicado al agua carbonatada y empezó a probar distintas bebidas. Hizo ginger ale, desarrolló una preparación llamada Orange Champagne y experimentó con las manzanas de la granja.
De esas pruebas salió una sidra alcohólica, que comenzó a comercializar en 1868. Ese año quedó como punto de partida de S. Martinelli & Company, aunque todavía faltaba mucho para que el apellido se convirtiera en una marca conocida fuera de California.
La sidra fue ganando espacio en la región y, hacia 1885, la familia ya elaboraba entre 10.000 y 15.000 galones al año. En 1890 obtuvo una medalla de oro en la Feria Estatal de California, una distinción que más adelante quedaría incorporada al propio nombre de Martinelli’s Gold Medal.
Con Stephano al frente, la empresa atravesó sus primeras décadas apoyada principalmente en ese producto. La siguiente generación, sin embargo, se encontraría con un problema capaz de hacer desaparecer todo el negocio.
La prohibición obligó a la familia a dejar de lado el alcohol y apostar por sus bebidas de manzana sin fermentar.
Martinelli's
Cómo sobrevivieron a la era de la Prohibición y reinventaron la industria de la bebida
Stephen G. Martinelli Jr., hijo del fundador, estudiaba en la Universidad de California en Berkeley cuando comenzó a trabajar sobre una forma de conservar el jugo de manzana sin que fermentara. La solución estaba en adaptar técnicas de pasteurización que ya se utilizaban para otros alimentos.
En 1918 regresó a Watsonville, después de la muerte de su padre y quedó al frente de la compañía con 27 años. Apenas dos años más tarde entró en vigencia la Prohibición en Estados Unidos, que impedía fabricar y vender las bebidas alcohólicas sobre las que se había construido Martinelli’s.
Aquellos ensayos con jugo sin fermentar terminaron siendo decisivos. La empresa pudo reemplazar buena parte de su producción por bebidas de manzana pasteurizadas y avanzar sobre un mercado, que hasta ese momento había tenido un papel secundario dentro del negocio familiar.
La sidra espumosa sin alcohol fue ganando protagonismo. Tenía la apariencia de una bebida para celebraciones, pero podía venderse legalmente durante la Prohibición. También empezó a utilizarse en producciones de Hollywood como sustituto del champagne en determinadas escenas.
Martinelli’s consiguió mantenerse en actividad durante esos años y continuó con el mismo modelo después de que terminara la restricción. En 1941 presentó además la botella verde con forma de champagne que durante décadas acompañaría a su sidra espumosa.
Con el paso del tiempo, las opciones sin alcohol desplazaron cada vez más a la sidra original. La compañía abandonó la producción alcohólica en 1977 para destinar esa capacidad a las líneas con mayor demanda.
La receta con alcohol reapareció mucho después. Martinelli’s preparó una edición especial por su 150° aniversario en 2018 y volvió a incorporarla a su catálogo en 2025, aunque con una distribución mucho más acotada que la de sus jugos y sidras sin alcohol.
La fórmula de producción que convirtió una pequeña cidería en una marca de 500 millones de dólares
La expansión de Martinelli’s nunca eliminó uno de los rasgos que tenía desde sus primeros años: sus productos no dependen de una única variedad de manzana. La compañía trabaja con diferentes combinaciones para mantener un perfil determinado de dulzor y acidez.
Entre las frutas utilizadas aparecen variedades como Newtown Pippin, Gala, Fuji, Granny Smith, Jonagold, Mutsu y Honeycrisp. Las manzanas son seleccionadas, lavadas, trituradas y prensadas antes de pasar por un proceso de pasteurización.
Ese método permite elaborar los jugos sin agregar endulzantes ni conservantes químicos. La empresa también fue ampliando sus instalaciones y adaptando las líneas a medida que aumentó la demanda.
La materia prima se convirtió incluso en un asunto propio del negocio. Ante la reducción de terrenos destinados a manzanos en algunas zonas del estado, Martinelli’s comenzó a arrendar campos para asegurarse el acceso a las variedades necesarias para conservar el sabor de sus productos.
La compañía también modificó formatos sin abandonar sus presentaciones históricas. A las botellas de vidrio que durante décadas funcionaron como una de sus señas más reconocibles se sumaron otras alternativas y, desde 2025, algunas bebidas comenzaron a comercializarse en latas de aluminio.
Martinelli’s permanece controlada por la misma familia que inició el negocio en el siglo XIX. Actualmente hay 23 accionistas familiares y una quinta generación que empieza a acercarse a la compañía, cuyos productos se comercializan en decenas de países.
La empresa tuvo ingresos estimados en u$s175 millones en 2025 y una valuación de hasta u$s500 millones. Pese al interés frecuente de inversores externos, la familia mantiene la decisión de conservar la propiedad del negocio.