La industria logística, tanto en Argentina como en el resto de América latina, se enfrenta a un escenario en el que la eficiencia, la capacidad de anticipación y la integración tecnológica dejaron de ser una aspiración para convertirse en condiciones básicas de supervivencia y competitividad.
La logística ante un año bisagra: los desafíos que marcarán el rumbo del sector en Argentina en 2026
La tecnología, la eficiencia operativa y la sustentabilidad son los ejes ineludibles para esta industria en un escenario más exigente, tanto local como regional. Los costos en el país subieron 37% en 2025.
-
Un gigante de logística y puertos ingresa al negocio de movilidad compartida en alianza con startups locales
-
Logística: las empresas proyectan más inversiones en tecnología para 2026, pero menos para sumar personal
La adaptación a los cambios tecnológicos es el mayor desafío para la industria logística, según una encuesta regional.
Los operadores logísticos y las empresas que dependen de ellos coinciden en que el nuevo ciclo que se inicia en 2026 estará marcado por mayores exigencias.
La presión por reducir costos convive con la necesidad de invertir en tecnología, talento e infraestructura, mientras que la sustentabilidad gana peso como variable estratégica y no solo como un compromiso declarativo.
En cuanto a costos, el año 2025 cerró con un incremento de 37,01% para las empresas argentinas, según el Índice CEDOL que publica la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL).
En el contexto doméstico, la cifra puede parecer moderada frente a lo que ocurrió en años anteriores. Pero en el nuevo marco económico tiene un impacto significativo. Las posibilidades de recuperar los incrementos por la vía simple de la suba de precios es prácticamente imposible.
Un sector que redefine su rol en las cadenas de valor
De cara al año que arranca, el sector logístico se enfrenta ahora a la necesidad de redefinir su identidad y su rol dentro de las cadenas de valor, con una mirada cada vez más estratégica y menos operativa.
Desde la mirada de sus propios actores, “la logística ya no puede limitarse a ejecutar: debe anticipar escenarios y acompañar la transformación de sus clientes”, una idea que sintetiza el espíritu del cambio que se proyecta para 2026.
Uno de los ejes centrales de este proceso es la redefinición del vínculo entre las empresas y los operadores logísticos. Las compañías demandan cada vez más socios estratégicos capaces de ofrecer soluciones integrales, optimizar inventarios, gestionar riesgos y acompañar procesos de transformación operativa.
La logística, en este sentido, deja de ser un centro de costos para convertirse en un factor clave de competitividad y diferenciación, aseguran las empresas.
La tecnología aparece como uno de los grandes catalizadores de este cambio. La digitalización de procesos, la integración de sistemas y el uso intensivo de datos en tiempo real permiten mejorar la trazabilidad, reducir errores y tomar decisiones más precisas en entornos complejos.
“El desafío es incorporar tecnología con un objetivo claro: ganar agilidad, eficiencia y capacidad de adaptación frente a un mercado que cambia cada vez más rápido”, señala Marcelo Ormachea, Director de Celsur, al describir las prioridades que marcarán la agenda del sector.
Las preocupaciones de los operadores logísticos de la región
La mirada de Ormachea es compartida por buena parte de los operadores de la región. De acuerdo con una encuesta realizada por la publicación especializada Logistec entre 93 operadores logísticos de la región, la adaptación tecnológica y el cambio cultural encabezan el ranking de los principales desafíos operativos, con un 32,6% de las respuestas.
El dato es revelador, ya que pone en evidencia que la brecha no se limita a la disponibilidad de las soluciones digitales, sino que se extiende a las personas y a la capacidad de las organizaciones para integrar nuevas formas de trabajar.
En este sentido, la logística enfrenta un dilema recurrente y que también afecta a otras industrias: la velocidad del cambio tecnológico suele ser mayor que la capacidad de adaptación organizacional.
Muy cerca de este primer desafío aparece el aumento de los costos operativos y de transporte, señalado por el 27,8% de los encuestados.
Más allá de las particularidades macroeconómicas de cada país de la región, el control de costos se consolida así como un desafío persistente, que obliga a revisar procesos, optimizar rutas, mejorar la utilización de activos y buscar economías de escala.
La encuesta de Logistec también destaca el déficit de infraestructura o conectividad, que fue mencionado por el 17,4% de los operadores.
Se trata de un problema estructural, ya que la falta de inversiones sostenidas en rutas, ferrocarriles, puertos y nodos logísticos limita la eficiencia del sistema en su conjunto y eleva los costos indirectos, afectando la competitividad regional frente a otros mercados.
A esto se suma la falta de visibilidad y trazabilidad, que concentra el 13,9% de las respuestas. La imposibilidad de contar con información en tiempo real sobre el estado de las operaciones limita la toma de decisiones y dificulta la coordinación con clientes y socios estratégicos, sostienen los autores del relevamiento.
Finalmente, la escasez de talento especializado, con un 8,3%, aparece como un desafío latente. Si bien no lidera el ranking de preocupaciones, refleja una realidad que atraviesa a toda la industria: la dificultad para formar y retener perfiles con capacidades analíticas, conocimiento técnico y visión de negocio.
“La logística del futuro no se define solo por infraestructura o sistemas, sino por la capacidad de las personas para interpretar información, coordinar actores y transformar la operación en una ventaja competitiva sostenible”, afirman desde Celsur, reforzando la centralidad del capital humano en el proceso de transformación.
Lo que viene: especialización y desarrollo sustentable
Otro de los grandes vectores que según las empresas del sector marcarán el rumbo hacia 2026 es la especialización logística. Sectores como energía y minería, junto con industrias que requieren operaciones complejas y de alto estándar, demandan soluciones a medida y servicios de mayor valor agregado.
En paralelo, las cadenas de suministro muestran una tendencia clara a acortarse y a ganar anclaje regional. La proximidad entre producción, almacenamiento y consumo se vuelve un factor decisivo para reducir tiempos, costos indirectos y exposición a riesgos externos.
Este fenómeno, asociado al denominado “nearshoring”, impulsa una logística más integrada al territorio y abre oportunidades para la región, pero también plantea desafíos en términos de capacidad operativa, infraestructura y estándares de calidad.
Dentro de este proceso de transformación, la sustentabilidad emerge como una variable estratégica de peso creciente. La optimización de flotas, la reducción de la huella de carbono y el uso más eficiente de los recursos comienzan a integrarse de manera directa en la planificación logística, impulsados tanto por regulaciones como por las exigencias de clientes y cadenas globales de valor.
Ya no se trata solo de cumplir con normativas, sino de responder a un mercado que valora cada vez más el desempeño ambiental como parte de la propuesta de valor.
El reto de extender la electromovilidad
En este marco, la electromovilidad se posiciona como uno de los grandes debates de cara a 2026. Si bien Argentina enfrenta un atraso relativo en la adopción masiva de nuevas soluciones energéticas, también cuenta con factores que podrían acelerar el proceso, como su posición estratégica en el nearshoring y la presión de las cadenas globales de suministro por cumplir metas ambientales.
La electromovilidad, entendida como la adopción de tecnologías de transporte basadas en energía eléctrica en lugar de combustibles fósiles, aparece como una solución directa pero compleja.
Sustituir sistemas tradicionales por unidades eléctricas implica repensar la infraestructura, los modelos de financiamiento y la planificación operativa.
Según José Carlos Gómez, director de Thermo King, durante 2024, se registraron 14.175 vehículos electrificados, principalmente híbridos, lo que representó un crecimiento cercano al 48% respecto del año anterior.
Sin embargo, este avance todavía no se refleja con la misma fuerza en segmentos clave como el transporte de carga refrigerado, fundamental para la seguridad y calidad de productos sensibles a la temperatura.
“Hoy es necesario movernos hacia una logística en carga refrigerada con enfoque sustentable, ya que contribuiría significativamente a reducir la huella ambiental de las ciudades argentinas. Las flotas refrigeradas, por su alto consumo energético y operación intensiva en zonas urbanas, deben estar en el centro de esta transformación”, afirma el directivo.
La cadena de frío es uno de los componentes más intensivos en consumo energético dentro de la logística, y los sistemas de refrigeración que operan con diésel generan una proporción significativa de las emisiones del transporte terrestre.
Para 2026, la presión regulatoria, las exigencias de trazabilidad y el avance del comercio internacional impulsarán aún más la adopción de tecnologías limpias. “El reto, por tanto, no es solo tecnológico: es de planeación, financiamiento y visión”, agrega el directivo de Thermo King.
La adopción de tecnologías eléctricas permite reducir emisiones, disminuir costos operativos en el largo plazo, asegurar el cumplimiento regulatorio, acceder a incentivos y fortalecer ventajas competitivas frente a estándares ESG cada vez más estrictos.
“La electromovilidad en Argentina representa uno de los cambios más significativos en la historia del transporte de productos sensibles a la temperatura. No se trata solo de sustituir motores diésel por baterías, sino de repensar toda la cadena de valor logística bajo un enfoque de eficiencia y sustentabilidad”, concluye Gómez.
- Temas
- Logística





Dejá tu comentario