El impacto ya dejó de ser solamente una cuestión de costos. En los últimos meses, distintas compañías tuvieron que cancelar vuelos, reducir capacidad, revisar sus planes de expansión, renegociar deuda o recurrir a procedimientos de protección judicial. En los casos más extremos, como el de la estadounidense Spirit Airlines, la compañía directamente dejó de operar.
El combustible recorta a la mitad las ganancias
La dimensión del problema puede observarse en las últimas estimaciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). El organismo redujo su previsión de ganancias netas para las aerolíneas mundiales en 2026 desde unos u$s41.000 millones hasta u$s23.000 millones, frente a los u$s45.000 millones obtenidos en 2025.
De esta manera, el margen neto de la industria pasaría de 4,2% en 2025 a apenas 2% este año. IATA atribuye el deterioro principalmente a las perturbaciones provocadas por la guerra en Medio Oriente y al aumento del precio del combustible, según el informe.
La asociación calcula además que el precio del jet fuel llegó a aumentar alrededor de 70% como consecuencia de la crisis. El gasto mundial de las aerolíneas en combustible podría alcanzar unos u$s350.000 millones durante 2026, frente a aproximadamente u$s252.000 millones en 2025.
El problema se potencia porque el combustible no es el único costo adicional. El cierre o las restricciones sobre determinadas rutas aéreas obligaron a muchas compañías a modificar sus itinerarios y realizar vuelos más largos. Esto significa más horas de utilización de los aviones, mayor consumo y una menor eficiencia operacional.
El estrecho de Ormuz se convirtió en uno de los puntos críticos. Según IATA, el precio del combustible para aviones llegó prácticamente a duplicarse desde fines de febrero, mientras que los flujos vinculados con esa zona representan aproximadamente una quinta parte del comercio marítimo mundial de jet fuel.
Spirit Airlines: el caso que encendió la alarma
El ejemplo más contundente es Spirit Airlines. La compañía estadounidense, especializada en el segmento de bajo costo, dejó de operar el 1 de mayo de 2026 después de no conseguir el financiamiento necesario para continuar con sus actividades.
Spirit ya atravesaba una situación financiera delicada y estaba intentando salir de un proceso de bancarrota. Pero el aumento del precio del combustible alteró las proyecciones sobre las que se había diseñado su reestructuración.
La compañía había calculado un precio del jet fuel de aproximadamente u$s2,24 por galón (3,78 litros) para 2026. Sin embargo, hacia fines de abril el valor había trepado hasta unos u$s4,51, prácticamente el doble. Con ese escenario, el plan financiero dejó de ser viable.
Spirit terminó cancelando todos sus vuelos y se convirtió en uno de los primeros grandes ejemplos de cómo el shock energético puede transformar una dificultad financiera en una salida definitiva del mercado.
El caso resulta particularmente significativo porque permite observar el mecanismo de concentración. Tras la desaparición de Spirit, sus competidores quedaron en condiciones de ocupar parte de sus rutas y captar pasajeros, especialmente en aquellos mercados donde la compañía tenía una participación relevante.
En su momento la agencia Reuters informó que Spirit representaba en determinado momento alrededor del 5% de los vuelos dentro de Estados Unidos y que su desaparición dejaba espacio para que otras compañías expandieran sus operaciones.
airBaltic: una compañía estratégica que busca sobrevivir
Otro caso relevante es el de airBaltic, la aerolínea de bandera de Letonia. La empresa solicitó en septiembre protección bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense, en un intento por reestructurar su situación financiera y conseguir un socio estratégico.
La compañía, controlada en un 88,37% por el Estado letón, acumulaba dificultades financieras y había quedado particularmente expuesta al aumento del combustible. El primer ministro letón reconoció que la aerolínea estaba atravesando problemas para afrontar sus obligaciones financieras y que el costo del jet fuel se había duplicado durante el año como consecuencia del conflicto en Medio Oriente.
El objetivo, en este caso, no es cerrar la empresa sino reducir deuda, achicar la flota y concentrarse en las rutas más rentables para volver a hacerla atractiva para un eventual inversor.
La situación muestra otra característica de la actual crisis: incluso una aerolínea considerada estratégica por un Estado puede necesitar recurrir a mecanismos extraordinarios de financiamiento y reestructuración cuando el aumento de costos encuentra a la compañía con un balance debilitado.
Volotea: deuda, combustible y reducción de flota
En España, Volotea también ingresó en una etapa de reestructuración. La compañía recurrió al procedimiento de preconcurso de acreedores para negociar con sus acreedores y evitar llegar a una instancia concursal.
La low cost española Volotea también está en problemas.
Reuters
La aerolínea calculó en aproximadamente 150 millones de euros el impacto del aumento del costo del combustible y anunció un plan para reducir su flota de los actuales 44 aviones a entre 30 y 35 aeronaves. También prepara una ampliación de capital, según informó en un comunicado.
El caso es especialmente significativo porque Volotea había logrado mejorar sus resultados operativos durante los últimos años. Sin embargo, la combinación de pérdidas acumuladas, deuda y el shock energético volvió a poner bajo presión su estructura financiera.
La compañía incluso había tenido que realizar ajustes de programación durante los primeros meses de la crisis y cancelar determinados vuelos debido al fuerte incremento de los costos de combustible.
AnimaWings, el caso más reciente
La situación de AnimaWings debe ser analizada en el mismo contexto. La aerolínea rumana anunció a fines de septiembre que había iniciado un proceso de reorganización judicial para preservar la continuidad de sus operaciones.
La empresa explicó que la decisión fue consecuencia principalmente de problemas técnicos recurrentes que afectaron la disponibilidad de su flota, con impacto sobre sus operaciones, actividad comercial y situación financiera. Esos problemas, según la compañía, se produjeron en paralelo con un contexto de mayores costos operativos y presiones económicas.
La compañía había comunicado además que seis de sus ocho Airbus A220 se encontraban afectados por cuestiones técnicas, lo que redujo significativamente su capacidad operativa.
El tamaño puede ser una ventaja
El escenario empieza a marcar una diferencia cada vez más clara entre las compañías con grandes estructuras financieras y las aerolíneas pequeñas o altamente endeudadas.
IATA reconoce que las aerolíneas que comenzaron 2026 con balances débiles son las que están sufriendo con mayor intensidad el shock. En Estados Unidos, además, el organismo identifica una diferencia creciente entre las grandes aerolíneas de red y las low cost.
Según IATA, las primeras tienen mayores posibilidades de incrementar tarifas, captar pasajeros premium y obtener ingresos adicionales a través de programas de fidelización y otros servicios.
Las compañías de bajo costo, en cambio, dependen en mayor medida del precio del pasaje y cuentan con menos herramientas para compensar una suba abrupta de costos.
De todos modos, la demanda de viajes continúa siendo elevada: IATA prevé 5.100 millones de pasajeros en 2026, mientras que el factor de ocupación podría alcanzar un récord de 84%. El problema está en que esa demanda no alcanza en algunas compañías para compensar completamente el salto abrupto de los costos.