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14 de septiembre 2026 - 14:41

Los negocios de los ayudantes de Scaloni: ladrillos, campo y patrimonio fuera de la cancha

Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala se apoyaron en la construcción de sus patrimonios financieros también fuera de los grandes negocios mediáticos del fútbol. El inmobiliario, el campo y las inversiones conservadoras aparecen como los principales destinos de un capital generado durante años de carrera en Europa.

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Pablo Aimar. Walter Samuel y Roberto Ayala, los ayudantes técnicos de Lionel Scaloni en la Selección Argentina, optaron por un perfil inversionista más reservado.

Ser parte del cuerpo técnico que llevó a la Selección Argentina a la cima del fútbol mundial también tiene una dimensión económica. Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala llegaron a la estructura de Lionel Scaloni después de haber construido patrimonios durante extensas carreras profesionales en Argentina y Europa. A diferencia de otros exfutbolistas que convirtieron su fama en marcas, restaurantes, hoteles o fondos de inversión, los tres optaron por un perfil mucho más reservado.

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La estrategia tiene un denominador común: proteger el capital acumulado durante sus carreras y transformarlo en activos de largo plazo.

Entre los tres, Pablo Aimar es quien exhibe actualmente la apuesta empresarial más concreta. El exjugador de River y Valencia desembarcó en el negocio inmobiliario de Río Cuarto, su ciudad natal, con Estancia Vicentina, un desarrollo premium que combina tierra, urbanización y valorización inmobiliaria.

El proyecto contempla una primera etapa de 160 lotes de entre 600 y 1.000 metros cuadrados y ya consiguió colocar cerca del 40% de las unidades durante la preventa. El emprendimiento se desarrolla sobre un predio de 60 hectáreas, aunque inicialmente se urbanizan 18.

La estructura societaria también muestra el componente familiar de la inversión. La familia Mondino posee el 50% del paquete accionario, la familia Aimar el 35% y la familia Zizzias el 15%. La administración está a cargo del arquitecto Daniel Marconetto.

El atractivo financiero está en la tierra. Los primeros compradores ingresaron con una rentabilidad proyectada cercana al 30%, mientras que el desarrollo ofrece financiación de hasta 48 meses. El plazo previsto para completar las obras ronda los 30 meses.

Pero el verdadero potencial del negocio está por encima de esos primeros 160 terrenos. Los socios poseen tierras linderas que permitirían multiplicar hasta por tres la escala del emprendimiento si las condiciones del mercado acompañan.

La apuesta inmobiliaria de Aimar

Estancia Vicentina busca posicionarse como un barrio boutique de baja densidad, con lotes grandes y servicios premium. El proyecto contempla un clubhouse de entre 800 y 900 metros cuadrados, con salones para eventos, gimnasio y pileta climatizada.

A eso se suman espacios verdes, riego por aspersión, seguridad perimetral y dos accesos principales, uno por calle Palestina y otro sobre la avenida Presidente Perón.

La ubicación es parte central de la tesis de inversión. El desarrollo está situado sobre uno de los corredores con perspectivas de expansión urbana de Río Cuarto, en una zona que podría beneficiarse de nuevas obras de infraestructura, entre ellas la autopista y el viaducto proyectados sobre la avenida Presidente Perón.

En otras palabras, el negocio no consiste solamente en vender terrenos: la apuesta es comprar, urbanizar y esperar que la infraestructura multiplique el valor de la tierra.

La ejecución ya comenzó y actualmente genera alrededor de 40 puestos de trabajo, con posibilidad de alcanzar los 100 trabajadores durante los picos de actividad. Para fines de 2026, el cronograma contempla que las redes de agua y cloacas alcancen entre 50% y 60% de avance y que el clubhouse llegue aproximadamente al 60%.

Uno de los puntos relevantes de la estructura financiera es que las obras no dependen exclusivamente del dinero que ingresa por la preventa. El respaldo patrimonial de los socios permite avanzar con infraestructura mientras continúa la comercialización.

Para Aimar, además, no es su primera incursión fuera del fútbol. En 2020 se convirtió en el principal inversor de una ronda de financiación de Wygers, un club español de esports y gaming. En aquella operación aportó €100.000 (que en ese momento equivalían a casi 11 millones de pesos argentinos) dentro de una ronda que alcanzó €624.895 (cerca de los $50 millones).

La diferencia entre ambas apuestas es significativa: mientras Wygers representó una inversión en una industria tecnológica y de entretenimiento de alto crecimiento, Estancia Vicentina se apoya en un activo mucho más tradicional para los grandes patrimonios argentinos: la tierra.

Walter Samuel: patrimonio europeo y perfil conservador

El caso de Walter Samuel es diferente. "El Muro" construyó buena parte de su patrimonio durante una carrera que lo llevó por algunos de los clubes más importantes de Europa, especialmente en Italia, donde jugó para Roma e Inter de Milán.

Su perfil inversor se mantuvo alejado de la exposición pública. El eje de su patrimonio está vinculado principalmente a activos inmobiliarios y financieros en Europa, con una estrategia orientada a preservar capital y mantener liquidez.

Su vínculo con Italia es especialmente importante porque allí desarrolló buena parte de su vida profesional y familiar. La combinación de propiedades y activos financieros conservadores le permitió mantener una estructura patrimonial diversificada fuera de Argentina.

Ahora, además, Samuel atraviesa una nueva etapa profesional. Su eventual salida del cuerpo técnico de la Selección y el comienzo de una carrera como entrenador principal en Europa pueden modificar nuevamente su estrategia de inversión: menos exposición a proyectos empresariales y mayor concentración en activos líquidos que acompañen su movilidad internacional.

En su caso, el objetivo parece ser menos la multiplicación agresiva del capital que la preservación de un patrimonio construido durante décadas de fútbol europeo.

Mientras que sobre Lionel Scaloni se conocen más detalles de sus empresas familiares sus ayudantes Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala, prefieren mantener sus sociedades comerciales fuera del radar público. Ninguno de los tres posee agencias de representación masiva ni cadenas hoteleras a su nombre, priorizando la tranquilidad financiera familiar.

Roberto Ayala: el campo como reserva de valor

Roberto Ayala también mantiene un perfil empresarial discreto. El exdefensor de River, Valencia y la Selección argentina diversificó su patrimonio hacia actividades vinculadas con el sector agropecuario, especialmente a través de campos y participación en negocios de producción agrícola-ganadera.

La elección tampoco resulta casual. Para una generación de futbolistas argentinos que acumuló buena parte de sus ingresos en moneda dura durante sus años en Europa, el campo representa una alternativa conocida para preservar capital y obtener renta productiva.

Ayala también desarrolló actividad vinculada a la gestión deportiva. Antes de incorporarse de lleno al proyecto de Scaloni pasó por áreas de secretaría técnica y captación de talentos, entre ellas Racing y Valencia, acumulando experiencia que posteriormente trasladó a su trabajo dentro de la Selección.

Su estrategia combina así dos activos: tierra productiva y conocimiento del negocio del fútbol.

Tres campeones del mundo, una misma lógica patrimonial

El denominador común entre Aimar, Samuel y Ayala no es la magnitud pública de sus inversiones sino justamente lo contrario: la ausencia de grandes apuestas destinadas a convertirlos en empresarios mediáticos.

No aparecen, al menos públicamente, cadenas hoteleras, grandes agencias de representación, restaurantes internacionales o conglomerados de marcas personales detrás de sus nombres.

La lógica es otra. Aimar apuesta por la tierra y el desarrollo inmobiliario en su ciudad natal; Samuel mantiene una estructura patrimonial vinculada a Europa y a activos de perfil conservador; y Ayala encuentra en el campo una alternativa de largo plazo.

Es una estrategia que contrasta con la de otras grandes figuras del fútbol mundial, que utilizaron su fama para construir verdaderos imperios empresariales.

En el caso de los ayudantes de Scaloni, el campeonato del mundo no derivó en una explosión de negocios sino en algo más silencioso: convertir los millones generados durante la carrera deportiva en patrimonio que pueda sobrevivir al fútbol.

Y Aimar ofrece el ejemplo más claro. Su Estancia Vicentina todavía está en su primera etapa, pero detrás de los 160 lotes iniciales existe una reserva de tierra que podría multiplicar varias veces el tamaño del proyecto.

Para el exmediocampista, el nuevo partido se juega ahora en otro terreno. Esta vez, el activo no es una pelota: son 60 hectáreas de tierra con potencial de valorización inmobiliaria.

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