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19 de enero 2026 - 11:30

Su idea fracasó dos veces, pero no bajó los brazos y creó un imperio de millones: quién es Payal Kadakia

Un problema simple al reservar clases disparó un modelo de membresía que cambió el fitness y movió millones en todo el mundo.

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De una frustración cotidiana a una plataforma gigante: la historia detrás de un proyecto que creció a fuerza de insistir.

Foto: Noam Galai

En el mundo startup, el manual dice que fallar temprano sirve si aprendés rápido. Esa lógica, que se usa en Silicon Valley, explica por qué algunas ideas mueren y otras despegan. La historia de Payal Kadakia lo prueba: dos intentos que no funcionaron terminaron abriéndole la puerta a una fortuna de millones.

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Antes de convertirse en empresaria, Kadakia vivía el baile y el entrenamiento como parte de su rutina. Pero un problema bien cotidiano le prendió la lamparita: quería tomar una clase en Nueva York y, después de saltar de sitio en sitio, no encontraba cómo reservar sin perder tiempo. Ahí nació una obsesión: sacar la fricción del camino.

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Dos tropiezos y una misma obsesión: simplificar la reserva de clases terminó en una empresa global y en millones en juego.

Quién es Payal Kadakia y cómo se convirtió en una empresaria millonaria

Kadakia creció entre dos mundos: el de la disciplina artística y el de la formación académica. Desde chica se enganchó con la danza clásica de India y más tarde estudió en el Massachusetts Institute of Technology, donde armó un grupo de baile. Con el tiempo, también fundó su propia compañía, Sa Dance Company, un proyecto que siguió sosteniendo mientras avanzaba con su carrera profesional.

En lo laboral, se movió por el camino más “corporativo”: pasó por Bain & Company y después trabajó en Warner Music. En 2010, tras un viaje a San Francisco y el contacto con emprendedores, se puso un plazo concreto: en dos semanas tenía que encontrar una idea de negocio para animarse a renunciar.

La inspiración le llegó por una frustración chiquita, pero repetida: reservar clases de danza o fitness era un lío. Su primera apuesta fue Classtivity, una plataforma tipo “agenda” que concentraba horarios y reservas. Tuvo ruido y visitas, pero no convertía lo suficiente. En vez de maquillarlo, Kadakia miró el dato que más dolía: la gente miraba, pero no compraba.

El segundo intento también se trabó. Lanzó Passport, un sistema para probar clases en distintos estudios, pero el producto no resolvía lo que el usuario quería de verdad: repetir lo que le gustaba. Cuando empezaron a “hackear” el sistema con cuentas falsas, la señal fue clarísima. Ahí apareció la decisión que la terminó diferenciando: insistir con la idea, pero cambiar el modelo hasta encontrar uno que cerrara.

Valuada en millones de dólares: el éxito de ClassPass

La versión que finalmente despegó fue ClassPass: un esquema de membresía que evolucionó hacia la suscripción con créditos para reservar clases, pagando a los estudios por cada asistente. Con el tiempo, la plataforma se expandió fuera de Estados Unidos y sumó miles de gimnasios y centros asociados, además de integrar nuevas actividades más allá del entrenamiento.

Ese giro convirtió el proyecto en un negocio grande: la empresa alcanzó una valoración estimada de US$470 millones. Y el impacto no se quedó en la marca: de acuerdo con estimaciones publicadas en medios internacionales, la fortuna personal de Kadakia superó los US$50 millones, un salto que empezó, paradójicamente, cuando se animó a aceptar dos fracasos como parte del camino.

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