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6 de julio 2026 - 12:00

Viajaba en colectivo con descuento y usaba ropa rota, pero al morir donó una fortuna de u$s188 millones

Nadie imaginó lo que escondía un vecino austero hasta que su último deseo cambió el destino de varias instituciones.

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Se vestía y vivía como una persona de bajos recursos, pero la verdad era completamente distinta.

Freepik

Las apariencias suelen engañar, pero son pocas las historias que comprueban este dicho con tanta fuerza como esta. Durante años, un hombre llevó una vida muy sencilla, evitó los lujos millonarios y hasta pasó inadvertido para casi todos los vecinos que se lo cruzaban en el día a día.

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Recién después de su fallecimiento salió a la luz el patrimonio extraordinario que mantuvo en secreto durante décadas. Su decisión final sorprendió a sus familiares, organizaciones benéficas y a toda una comunidad, que después de tanto tiempo descubrió la verdadera dimensión de su legado.

Vivió una vida sin lujos, pero escondía un gran secreto.

La historia de Jack MacDonald

Jack MacDonald nació el 5 de mayo de 1915 en Prince Rupert, provincia de Columbia Británica, Canadá. Cuando tenía apenas 3 años, su familia se instaló en Seattle, ciudad donde transcurrió la mayor parte de su vida. Ahí mismo cursó sus estudios, pasó por la Universidad de Washington y se recibió de abogado.

Tras cumplir 3 años de servicio militar en el Pacífico Sur durante la Segunda Guerra Mundial, regresó a Seattle y desarrolló una carrera de más de 30 años como abogado. En 1971 se casó con Mary Katherine Moore, una viuda con dos hijos adultos, con quien compartió numerosos viajes por destinos como África, Australia y Europa.

Luego de retirarse, la pareja vivió en Magnolia, un barrio residencial de Seattle. En 1997 ambos se mudaron a la residencia para jubilados Horizon House, pero dos años más tarde, Mary falleció y MacDonald permaneció viudo hasta su muerte, que se dio el 13 de septiembre de 2013, cuando tenía 98 años.

Quienes lo conocían lo describían como un hombre extremadamente austero, viajaba en colectivo con el pase de descuento para adultos mayores, vestía ropa muy gastada, aprovechaba cupones para ahorrar dinero y nunca mostraba señales de una situación económica privilegiada. Para cualquier persona, él era un hombre humilde.

Nadie se imaginaba que ese hombre austero escondía una enorme fortuna.

Millones ocultos: la fortuna secreta del abogado

La verdadera historia comenzó a conocerse después de su fallecimiento, ya que solo un grupo muy reducido de familiares y asesores sabía que MacDonald había construido una enorme cartera de inversiones durante décadas.

Su patrimonio no surgió únicamente de su profesión, en 1933 sus padres fundaron la empresa MacDonald Meat Company, dedicada al abastecimiento de carnes y mariscos para restaurantes y hoteles. Con el paso de los años, el negocio creció y MacDonald heredó parte de ese capital, que destinó principalmente al mercado bursátil.

Su pasión por las inversiones era conocida entre quienes pasaban por su casa, ya que usualmente se lo podía encontrar leyendo publicaciones financieras como Forbes y The Wall Street Journal y visitaba casi todos los días a su corredor de bolsa para seguir el desempeño de sus acciones.

Según integrantes de su familia, prefería estudiar personalmente cada compañía antes de invertir y tomaba las decisiones sin depender de terceros, lo que permitió que su patrimonio creciera hasta alcanzar una cifra impensable. Al abrirse su sucesión apareció el dato que sorprendió a todos, dejó bienes valuados en u$s188 millones.

No solo escondía una fortuna, también tenía un costado sumamente solidario.

Su faceta filantrópica que sorprendió a todos

Aunque llevaba una vida extremadamente sencilla, MacDonald mantenía un fuerte compromiso con distintas causas solidarias, de hecho, incluso antes de su muerte había hecho aportes económicos de manera reservada.

Uno de esos casos ocurrió en Elora, un pequeño pueblo canadiense al que envió donaciones anónimas que superaron los u$s150.000, dinero que permitió construir una pista de hielo y remodelar el ayuntamiento. En reconocimiento, la localidad bautizó una de sus plazas con su nombre.

También colaboró con el Instituto de Investigación Infantil de Seattle, al que entregó u$s536.000 mientras aún vivía. Pero demás de las contribuciones económicas, visitaba muy seguido el hospital para conversar con los pacientes. Sin embargo, la mayor sorpresa llegó con su testamento, ya que MacDonald decidió distribuir toda su fortuna entre tres instituciones.

El 40% del patrimonio quedó para el Instituto de Investigación Infantil de Seattle, mientras que el 30% fue destinado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Washington y el 30% restante al Ejército de Salvación de la División Noroeste.

En valores aproximados, el hospital recibió u$s75 millones, mientras que la universidad y el Ejército de Salvación obtuvieron alrededor de u$s56,3 millones cada uno. La donación destinada a la Universidad de Washington se convirtió en la más importante de la historia de esa casa de estudios y de su Facultad de Derecho. El hospital, por su parte, bautizó uno de sus edificios como Instituto de Investigación Infantil Jack R. MacDonald.

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