La vitivinicultura argentina volvió a demostrar su capacidad de generar divisas: las exportaciones totales alcanzaron u$s933 millones en los últimos tiempos, con un crecimiento interanual del 15,3%. Sin embargo, los primeros datos de 2025 muestran un freno en el vino —con caída de volumen y facturación— en un contexto donde la presión impositiva absorbe hasta el 62,4% del excedente de una bodega integrada.
Vino argentino: exportaciones, presión fiscal y debate estratégico, los desafíos y qué necesita el sector para crecer
El sector vitivinícola aporta u$s933 millones, empleo y desarrollo federal, pero enfrenta caída en ventas externas y carga impositiva. Vinos y tendencias.
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Cosecha de uva en viñedos argentinos: la producción primaria es el primer eslabón de una cadena que genera alto valor agregado y empleo en las economías regionales
Con 199.946 hectáreas cultivadas y 22.039 viñedos en 18 provincias, la vitivinicultura es una de las 10 principales cadenas agroexportadoras del país. Argentina es el 11º exportador mundial de vino, el 7° productor y el 9° consumidor global. Pero el debate ya no gira sólo en torno al posicionamiento internacional, sino a la competitividad estructural.
“El sector tiene un enorme potencial exportador, pero necesita previsibilidad y condiciones que acompañen la inversión”, sostuvo Mario González, actual presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR).
El mayor crecimiento en porcentaje lo registra la uva en fresco con un incremento interanual del 86,9%, seguido de las pasas de uva (+82,3%) y el mosto (+75%). Mientras que, en términos absolutos, los que incrementaron más sus ingresos en dólares son el mosto o jugo concentrado de uva con u$s57 millones más que hace un año, las pasas de uva con u$s37 millones más y el vino fraccionado con u$s22 millones de incremento en comparación con 2023. En el análisis por tipo de producto exportado, el vino fraccionado es el que mayor volumen moviliza. En 2024 cerró un año con un crecimiento del 3,4% en facturación por exportaciones y del 3,2% en volumen.
Los datos provisorios de 2025, según anticipos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), muestran que en el último año las exportaciones de vinos totales (fraccionado y granel) cayeron 6,8% en volumen, al pasar de 2,07 millones de hectolitros en 2024 a 1,93 millones de hectolitros; mientras que en facturación bajaron 7,2% al pasar de u$s712 millones en 2024 a u$s661 millones.
Desde COVIAR confirmaron también que el precio promedio de exportación del vino fraccionado cayó 1,8%, al pasar de u$s4,26 por litro en 2024 a u$s4,18 por litro en 2025.
En la misma línea, Fabián Ruggeri, nuevo presidente de COVIAR que asume el 7 de marzo próximo, anticipó que "el eje de 2026 estará puesto en consolidar mercados, diversificar destinos y fortalecer la competitividad sistémica de la cadena".
Además de su aporte en divisas, el complejo exportador de la uva —que incluye vino fraccionado y a granel, mosto, pasas y uva en fresco— es un actor central en la generación de empleo. Por cada 100 hectáreas cultivadas en producción, la vitivinicultura crea alrededor de 72 puestos de trabajo, muy por encima de otros complejos agrícolas extensivos.
“Estamos hablando de una actividad que genera diez veces más empleo por hectárea que el maní y muy por encima de cultivos como soja, maíz o trigo. Eso muestra el impacto social y federal que tiene la vitivinicultura”, destacó González.
Punto de inflexión
La vitivinicultura argentina atraviesa un momento de inflexión. Con presencia fuerte en Mendoza y San Juan, y con expansión en La Rioja, Catamarca, Salta, Buenos Aires y Patagonia, el sector reclama otras reglas para obtener mayor competitividad y robustecerse.
Genera 100.000 empleos directos y unos 350.000 indirectos, la cadena del vino constituye una de las economías regionales con mayor integración territorial. Sin embargo, González dijo: "el escenario externo adverso y la presión tributaria interna reabrieron el debate estratégico sobre competitividad y crecimiento".
La presión impositiva sobre la vitivinicultura argentina continúa en alza y, en términos comparativos, casi duplica la que enfrenta una finca o bodega de características similares en Chile. Así surge de la actualización al 2025 del informe elaborado por los economistas Alejandro Trapé y Juan Pott Godoy, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), a pedido de la Corporación Vitivinícola Argentina. Según el estudio, la carga tributaria representa el 57,1% del excedente puro de producción de una finca y el 62,4% en el caso de una bodega integrada, con variaciones según escala: en fincas pequeñas trepa al 61,2% y en bodegas chicas alcanza el 63,4%.
En este contexto, González, afirmó que aspira a que este año el Gobierno nacional impulse una reforma tributaria de fondo que alcance el IVA, Ganancias y también los gravámenes provinciales y municipales, cuyo peso —señaló— "resulta determinante en la fabricación, los despachos y la venta al consumidor final". Para el dirigente, sin una revisión integral de la estructura impositiva será difícil recuperar competitividad frente a otros países productores.
Una forma concreta de dimensionar el impacto fiscal es observar el caso de una bodega integrada en Mendoza, con producción propia de uva. Sobre el total de ingresos, los costos operativos absorben el 81% y dejan un resultado empresario inicial del 19%. De ese excedente, los impuestos se llevan el 62,4%, lo que reduce de manera significativa la rentabilidad final del negocio.
El informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo señala que esta presión supera ampliamente los promedios nacional y regional y casi duplica la carga que enfrentan productores en Chile. Mientras en Argentina los tributos representan el 57,1% del excedente de una finca y el 62,4% en una bodega, en Chile equivalen al 33,3% y 42,4%, respectivamente. Además, el estudio advierte que la presión fiscal viene en aumento desde 2017.
El frente externo
También en la caída de los márgenes de rentabilidad influyen los altos costos logísticos. En ese contexto, los empresarios del sector sostienen que una mejora en el poder adquisitivo de la población podría motorizar las ventas internas, que el año pasado registraron una baja del 2% en la Argentina. “Si la gente mejora sus ingresos, el consumo reacciona”, enfatizó González.
Según datos del sector, en 2025 las exportaciones muestran una retracción interanual en volumen, en un contexto de menor consumo global, sobreoferta internacional y fuerte competencia de países como Chile, España y Australia. El desafío pasa por recuperar valor agregado y posicionamiento en segmentos premium, donde Argentina logró diferenciarse en la última década.
Actualmente, las empresas que integran la Corporación Vitivinícola Argentina exportan principalmente a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, México y Brasil, y el objetivo es avanzar hacia nuevos destinos, especialmente en Asia. Ruggeri explicó que “la apertura de mercados es una prioridad y en Asia estamos dando pasos graduales, aunque los costos logísticos son elevados”.
También remarcó la intención de profundizar la presencia en Brasil, donde el consumo per cápita crece año tras año y los vinos argentinos ganan posicionamiento entre los consumidores.
En paralelo, el mercado interno tampoco exhibe dinamismo. El consumo per cápita se mantiene estable, lejos de los niveles históricos, y la sustitución por otras bebidas impacta en bodegas pequeñas y medianas, que dependen en mayor medida del canal doméstico.
Ruggeri sostuvo que el financiamiento es un factor determinante para que las empresas puedan invertir en tecnología, modernizar maquinaria y mejorar procesos productivos. “Sin acceso al crédito a tasas razonables es muy difícil ganar eficiencia y bajar costos. La incorporación de tecnología no solo mejora productividad y calidad, sino que también permite optimizar estructura de gastos y lograr que el precio final en góndola se adapte mejor al bolsillo del consumidor argentino”, afirmó.
Según explicó, la competitividad no depende únicamente del tipo de cambio, sino también de la capacidad de inversión para agregar valor.
Enoturismo y qué vinos ganaron impulso
El debate institucional cobra relevancia en este contexto. La COVIAR impulsa planes estratégicos orientados a la diversificación de mercados, la promoción externa y el fortalecimiento del enoturismo. Ruggeri sostuvo que esta modalidad permite motorizar actividades vinculadas como la gastronomía, la hotelería, el transporte y las excursiones turísticas.
“El mundo del vino se potenció. Ya no se trata solo de degustaciones: cada vez más personas viajan a las provincias productoras para conocer el origen, la cultura y el proceso productivo, y eso dinamiza otras economías regionales”, explicó.
Las fortalezas del sector volverán a exhibirse en la próxima edición de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el 7 de marzo en Mendoza, donde la dirigencia vitivinícola pondrá en agenda los desafíos productivos y exportadores.
La discusión gira en torno a cómo financiar y actualizar esas herramientas en un entorno de ajuste fiscal y revisión de estructuras público-privadas.
En términos productivos, el desafío es doble: mejorar productividad por hectárea y sostener calidad. La reconversión varietal, la inversión en tecnología de riego y la adaptación al cambio climático forman parte de la agenda. Las heladas tardías y eventos extremos en distintas campañas expusieron la vulnerabilidad climática de varias regiones.
Finalmente, tanto González como Ruggeri se refirieron a las preferencias de los consumidores. En el mercado interno, el 70% de las ventas corresponde a vinos tintos (con el Malbec a la cabeza), mientras que el 30% se distribuye entre blancos, espumantes y rosados. No obstante, señalaron que crece la demanda de blancos dulces con menor graduación alcohólica, especialmente entre los consumidores más jóvenes.
En el segmento premium de exportación, en cambio, la participación es más equilibrada, con una relación cercana al 50% entre tintos y blancos. “Creemos que el Torrontés riojano puede convertirse en la vedette de 2026 por su identidad y potencial en mercados externos”, concluyeron.










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