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10 de octubre 2026 - 00:00

Argentina (con sus provincias) primero

Los vínculos de los gobernadores con Estados Unidos y los acuerdos sobre minería, energía e infraestructura amplían la agenda de inversiones y cooperación internacional.

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Osvaldo Jaldo recibió al embajador estadounidense Peter Lamelas en Tucumán para conversar sobre exportaciones, inversiones y cooperación.

La visita del embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, a Tucumán dejó una imagen política mucho más interesante de lo que parece a primera vista. El gobernador Osvaldo Jaldo lo recibió para hablar de cooperación, inversiones, producción y oportunidades entre la Argentina y los Estados Unidos.

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Los números explican el interés. El 27% de la producción tucumana (limones, arándanos y frutillas) se exporta a Estados Unidos, y en la reunión con Lamelas se habló de exportaciones, inversiones y condiciones fitosanitarias. Jaldo le explicó al embajador el concepto de “Tucumán Primero”, y Lamelas respondió que es igual al de su gobierno. La provincia no fue a pedir permiso para hablar con Washington: fue a hablar de negocios.

Tucumán no es un caso aislado. Lamelas ya había recorrido el norte en abril cuando estuvo en Jujuy con Carlos Sadir, y ese mes también se reunió con Gustavo Sáenz, gobernador peronista de Salta. El objetivo es recorrer las provincias para conocer cada potencial particular, y es una señal de cómo Washington lee el país a través de varios interlocutores.

Esa lectura se vio con claridad en París, donde los gobernadores viajaron a la nueva edición de Argentina Week para ofrecer a inversores sus propios activos. Asistieron los gobernadores de Mendoza, Entre Ríos, Chubut, Neuquén, Río Negro, Salta, Chaco, Jujuy, Santa Cruz, San Juan, Catamarca y Corrientes. Se habló de minería, litio, energía e infraestructura. Cada provincia llevó su cartera, sus reglas y su propio relato, sin depender de un único mostrador nacional.

En la primera edición de Argentina Week, en Nueva York, las provincias hicieron algo similar. Río Negro, por ejempo, firmó con American Minerals un convenio para realizar estudios de prospección y evaluar el potencial geológico del territorio en minerales críticos.

La minería está uniendo también el potencial regional argentino. En abril, Jujuy, Catamarca y Salta, integrantes de la Mesa de la Región Minera del Litio, firmaron un convenio con el Consejo Federal de Inversiones para fortalecer la gobernanza del sector y estimular a los proveedores locales. Su objetivo es dar reglas claras y seguridad jurídica a los inversores extranjeros. Es una forma de federalismo práctico.

La visión original de Perón sobre la integración continental

Nada de esto es extraordinario en términos diplomáticos. Sin embargo, el conjunto sirve para exponer una contradicción de la política argentina. Durante décadas, se construyó una identificación automática entre nacionalismo y antiamericanismo. EEUU debía representar al adversario; Cuba, la revolución y las distintas expresiones del tercermundismo aparecían como parte de una supuesta tradición emancipadora latinoamericana.

El problema es que esa lectura no solo envejeció, también simplificó al propio Juan Domingo Perón, quien pensaba la evolución política internacional como un proceso que avanzaba desde la época de las nacionalidades hacia el continentalismo y, finalmente, hacia el universalismo. Su idea partía de naciones fuertes capaces de integrarse en espacios continentales y, desde allí, ingresar en una etapa de creciente organización global.

Es una diferencia fundamental. El universalismo no comenzaba destruyendo naciones, sino después de consolidarlas. Por eso, en pleno siglo XXI, Argentina (con sus provincias) Primero y America First no deberían interpretarse como expresiones de aislamiento. Pueden entenderse como: primero reconstruir la Nación, luego defender sus intereses y su producción, asegurar su energía, dominar su tecnología y proteger su soberanía.

Donald Trump comprendió una parte esencial de ese fenómeno. America First no significa que EEUU deba abandonar el mundo, sino que debe relacionarse con el mundo desde la defensa explícita de sus intereses nacionales. Argentina necesita hacer exactamente lo mismo, y tiene frente a sí una oportunidad histórica para profundizar su relación estratégica con las democracias del Mundo Libre.

América puede volver a pensarse como una comunidad de naciones soberanas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, vinculadas por intereses económicos regionales y principios políticos y estratégicos. No hace falta borrar las diferencias para construir esa alianza. Al contrario: la fortaleza del continente depende de la fortaleza de sus naciones.

Las trabas de un mapa mental de 1960

La izquierda peronista quedó, en este contexto, atrapada en otro tiempo. Sigue interpretando Washington con categorías políticas de la Guerra Fría y, en algunos casos, continúa observando a América Latina a través de los anteojos ideológicos de Fidel Castro. Pero pretender interpretar la revolución tecnológica, la IA, los semiconductores, la guerra cognitiva, la ciberseguridad y la competencia estratégica del siglo XXI con el mapa mental de La Habana de 1960 es simplemente anacrónico. El mundo cambió.

La discusión actual ya no pasa por capitalismo y revolución cubana. Pasa por decidir qué lugar ocupará Argentina en la nueva arquitectura mundial, puntualmente respecto a China, por ejemplo. Si queremos comerciar libremente o ser socio estratégico de infraestructura crítica, telecomunicaciones, energía, datos o tecnología sensible. Son cosas distintas.

Argentina necesita inversiones, mercados y comercio. Pero también necesita comprender que la soberanía se juega tanto en una antena, un algoritmo, un satélite o un centro de datos. Es importante, por ende, defender la claridad de su pertenencia al Mundo Libre y profundizar su relación estratégica con las democracias tecnológicas de Occidente y Asia. Y si buscamos en Asia un modelo de desarrollo económico compatible con la libertad política, la referencia debería ser Taiwán: una sociedad que ya demostró que puede alcanzar un extraordinario nivel de desarrollo tecnológico, convertirse en protagonista de la economía mundial y hacerlo dentro de un sistema democrático, capitalista y pluralista.

El objetivo debe ser construir capacidades propias mediante alianzas entre países libres. Por eso vuelvo a Perón, cerca de un nuevo aniversario de su 17 de octubre. Su secuencia —nacionalidades, continentalismo, universalismo— resulta contemporánea cuando se la despoja de las disputas partidarias del siglo XX.

Así como EEUU necesita una América estable, próspera y segura, Argentina necesita aprovechar su posición con capital, tecnología, mercados y una arquitectura de seguridad que acompañe su reconstrucción. Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y el resto del continente tendrán que formular sus propias respuestas frente al mismo escenario. Y paradójicamente, sus gobiernos están girando en esa dirección.

Ese debate es muchísimo más importante que continuar recitando consignas de una Guerra Fría terminada hace más de tres décadas. Por eso la imagen de Lamelas y Jaldo en Tucumán, sumada a los acuerdos de Río Negro y el norte minero, tiene una lectura clave. Demuestra que la relación entre Argentina-EEUU no pertenece a una fuerza política determinada y que se construye también desde las provincias.

Es una relación entre naciones. Y puede convertirse en uno de los pilares de una nueva etapa continental. Las provincias ya empezaron a recorrer ese camino; a la Nación le toca acompañarlas y no frenarlas. De Alaska a Tierra del Fuego. De Washington a Buenos Aires. Y, mirando hacia Asia, del lado de Taipéi y de la libertad. Quizás haya llegado el momento de volver a discutir aquella idea peronista original sin los prejuicios ideológicos de otro siglo.

Por Fernando León, presidente de la fundación Diplomacia Ciudadana.

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