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Los bajos niveles de salarios (propios de las economías «socialistas») y el constante aumento de la productividad china son dos de los principales responsables de lo antedicho.
Las cifras recientemente publicadas por el Banco Central de China, sin embrago, comienzan a confirmar los temores de algunos, que sugieren que podría haber llegado la hora de que, desde China, se comience a exportar inflación, con todas las preocupaciones consiguientes.
Entre ellas, la que tiene que ver con la capacidad china de mantener su fuerte ritmo de compras de materias primas en constante crecimiento, sin que los aumentos de precios de sus insumos se trasladen a los precios finales de sus productos, para que las empresas chinas puedan mantener un adecuado nivel de utilidades.
Lo que viene sucediendo en China, para países como la Argentina, es una suerte de fabuloso «maná». En especial, su siempre creciente ritmo de compra de materias primas a precios históricos tan atractivos como los de los últimos tres años. Particularmente, en el caso de rubros como la soja y las lanas.
El índice de precios corporativos chinos aumentó (anualizado) 8,3% en marzo pasado. Todo un salto que no puede ignorarse.
Ese índice, recordamos, mide la evolución de los precios que las empresas chinas se pagan entre sí por sus compras y ventas de materias primas e insumos. Es una suerte de índice de precios «mayoristas», en consecuencia.
El precio del mineral de hierro, en China, parece haber aumentado, en un año, nada menos que 75%, y el del algodón 35%. Y ese fenómeno luce ahora como extendido.
En junio del año pasado, ese mismo índice de aumentos de precios mayoristas» era de apenas 1%, y durante todo 2002 había resultado -como es fácil recordarnegativo, proyectando entonces deflación.
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