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Después de haber pasado una semana en China, esa alerta ha sido ahora confirmada ampliamente por los hechos. La economía china «está sobrecalentada, si la medimos por su sustentabilidad en función de la disponibilidad real de recursos», reconoció públicamente la semana pasada Wu Xiaoling, el propio vicegobernador del Banco de China.
De allí que no sorprenda demasiado que antes de que se pusiera en marcha el feriado de una semana que se inicia con la celebración del tradicional 1 de Mayo (período durante el cual unos 90 millones de chinos se desplazan para tomarse vacaciones) el Banco de China solicitara telefónicamente a su sistema financiero que desacelerase el otorgamiento de préstamos al sector de la producción.
La medida -sin precedentes- incluye en la moratoria entre otras cosas los préstamos hipotecarios, la emisión de bonos y otros papeles de deuda, y hasta el financiamiento del comercio exterior.
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