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25 de abril 2007 - 00:00

Cómo aprovechar el boom del petróleo

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El precio del barril está otra vez dando que hablar a los mercados. Lo hizo la última vez en enero, cuando su valor llegó a bajar a 50 dólares. La fuerza que está demostrando en estos días es insólita, en particular, considerando la temporada -que se sitúa entre las dos fases de mayor consumo en Norteamérica, el invierno (por la calefacción) y el verano (cuando la gente pasea mucho en coche)-. Resulta que el costo del galón de gasolina ha subido a 2,80 dólares, o sea casi a los niveles que se habían alcanzado tras los desastres que el huracán Katrina causó a plataformas de perforación y refinerías en el Golfo de México en 2005. El precio del barril de petróleo ha subido casi 30% desde enero y está de nuevo por encima de los 60 dólares. La tendencia al alza es determinada en parte por la reaparición de problemas geopolíticos en el Oriente Medio, sin embargo, la relación demanda-oferta está sufriendo desequilibrios crecientes.

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La sed de combustible de los países emergentes es insaciable: en China se pasó de 2 millones de vehículos en el año 2000 a 16 millones el año pasado, con una expectativa de que esta cifra será duplicada hasta el año 2010. Estados Unidos, de otro lado, muy difícilmente logrará bajar su consumo porque su estructura está programada para depender del transporte individual, y los esfuerzos que se están haciendo en todo el mundo para implementar el uso de energías alternativas renovables resultarán en un ahorro de pocos puntos porcentuales de combustibles fósiles.

Del lado del abastecimiento la situación es igual de triste o peor: el rendimiento del principal pozo de México, Cantarell, descubierto hace unos 30 años, ha bajado en 20% en los últimos 12 meses. Según las estadísticas, la mayor parte de los grandes pozos actualmente en explotación ya superó su fase de mayor producción. La preocupación viene de la rapidez con la cual Cantarell está perdiendo su capacidad productiva.

Como si esto no fuera suficiente, durante los últimos 20 años los países árabes han estado declarando reservas constantes o en aumento aunque no hicieron descubrimientos relevantes desde los años 80. Además, recientemente se ha observado que en estos países se está trabajando en el desarrollo de nuevos pozos, cuya extracción tendrá un costo muy alto.

Suficiente para levantar dudas o por lo menos sospechas sobre la seriedad de las estadísticas presentadas por estas entidades gubernamentales. Con esto no hay razón para sentir pánico, el petróleo no se va a acabar mañana y probablemente no se va a acabar nunca, pero sí, hay que contar con precios mucho más altos. Esto lo ha entendido muy bien Putin, que en varias ocasiones ha afirmado que Rusia tiene el mayor interés en dejar sus reservas energéticas donde están ahora: bajo tierra. ¿No pensaría usted de la misma manera, si fuera dueño de un bien que existe en cantidad limitada, difícilmente reemplazable, producido por pocos y deseados por todos? Sólo hay que esperar que los otros países productores no se contagien con esta forma de pensar.

Una noticia negativa siempre tiene su lado positivo, por lo tanto hay que ver cómo aprovechar este incremento en los precios. Las acciones de compañías dedicadas a la búsqueda de petróleo y desarrollo de nuevos pozos petrolíferos son probablemente las que más potencial tienen. Actualmente estamos quemando combustible extraído de pozos «fáciles», mientras que de aquí en adelante los nuevos descubrimientos serán en zonas de difícil acceso, con grandes dificultades técnicas para la extracción y, por lo tanto, estas compañías podrán facturar muy abundantemente. Las mayores son Schlumberger y Halliburton, pero es posible comprar una acción que representa el índice de este sector, la Oil Holders Trust (OIH).

Las grandes empresas petrolíferas, por otro lado, no están logrando sustituir sus reservas, o sea, no consiguen reemplazar con nuevos descubrimientos el petróleo vendido. Para empeorar las cosas, los países en los cuales operan están pidiendo una parte mayor del retorno de la venta del petróleo. Las fortunas que están generando las van distribuyendo a los accionistas, en forma de dividendos o a través de la recompra de acciones propias.

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