6 de abril 2022 - 09:45

Cómo podemos construir una sociedad de trabajo

Nadie más que aquel que se levanta a la mañana y emprende la búsqueda laboral, sabe la difícil situación que implica conseguir empleo en nuestro país.

Empleadores desbordados de mal genio interactúan con una fuerza de trabajo desolada, propia del alejamiento de la condición de pleno empleo, necesaria para consolidar un verdadero equilibrio económico.

El camino a alcanzar este equilibrio económico toma inicio inspirando a los empresarios desde las políticas públicas, a que se sientan apoyados para incorporar personal.

En el caso particular de las pymes dentro del marco formal, con el fin de ocasionar un cambio positivo en las relaciones del trabajo. Sin crédito, con la espalda quebrada por impuestos, burocracia e ineficiencia, y lo peor, el avance del Estado en todas las áreas y el fracaso de su intervencionismo que en la asistencia social tiene uno de los más dramáticos ejemplos. El País de los Planes Sociales. Nunca hubo tantos planes y tanta conflictividad a la vez. La misma clase política que los invento y los reprodujo ahora se hace la sorprendida, luego de recibir encuestas donde hablan de una clase media podrida. Los planes han demostrado no ser un puente hacia el trabajo sino una nueva escala en el charco de la pobreza. Cada día aparece una nueva historia sobre alguien que ofrece empleos, pero no encuentra interesados porque prefieren no desprenderse de la seguridad de la asistencia o porque no hay suficiente capacitación. La distorsión empieza cuando es el propio Estado el que dice que el mérito y el esfuerzo no vale y que sólo vale el Estado poderoso que iguala. ¡Pero que iguala! Lo único que esta ausente en Argentina es la falta de capacitación y una cultura del trabajo rota como la economía.

En las graves fallas y desactualizaciones del mercado laboral y en el negocio de la pobreza del que deriva la cultura de los planes, no hay inocentes.

El estado debe incentivar la inversión privada, teniendo en cuenta el perfil del sector pyme y aplicando de forma transitoria una reducción neta de contribuciones. Solo debemos visualizar un escenario con un desarrollo económico equitativo.

Hace 6 años atrás se afirmaba que las pymes generaban el 75 % del empleo, hoy el sector pyme sigue ocupando un lugar preponderante en la generación de puestos de trabajo, pero cada vez el pequeño o mediano empresario exige menos profesionalismo, contratando irregularmente.

Este es el punto, en el presente tenemos acceso a la educación terciaria y universitaria para la gran mayoría de los interesados, por eso el merito se debe reivindicar, debe haber recompensa, no todo debe ser lo mismo.

El joven se forma con la ilusión de incorporarse al mercado de trabajo y desarrollarse. El objetivo laboral de la población activa se debe concretar mediante el equilibrio entre dependiente y empleador y el “deber de hacer las cosas bien”.

Ahora bien, ¿Por qué algo que es tan fácil en la teoría no se pone en marcha?

Porque es necesario que todos nos comprometamos como sociedad, que salgamos del círculo vicioso de un Estado cada vez más grande con políticas asistenciales, provocando una enorme presión fiscal sobre un sector privado cada vez más reducido.

La educación y el trabajo deben ser los dos pilares fundamentales para sacar una sociedad adelante con vistas a un futuro prometedor.

Cada uno de nosotros debemos tomar actitudes de esperanza ¿Qué va a llevar tiempo? Obvio. Mientras demostrémonos a nosotros mismos que queremos avanzar.

En Argentina el Estado peca cuando interviene y también cuando no lo hace. Parece una afirmación contradictoria que se saldaría muy fácil. El Estado debe garantizar el cumplimiento de los derechos sin favoritismos ni ventajas con la ley como parámetro. Lamentablemente la política encuentra sus monedas de cambio más miserables en la necesidad y un día ese círculo también se agota, porque sólo lo convierte en un socio de que la pobreza siga como está.

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