El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La diputada Maria Lelia Chaya, que preside la Comisión de Acusación, confirmó mis temores, en el sentido de que la mayor cantidad de denuncias presentadas se refieren a «mal desempeño» y «cohecho».
Si bien el tema de la corrupción judicial fue recogido ya por Dante en la «Divina Comedia» («Paradiso», Canto IX, II 12735), lo que sugiere que es de larga data, el problema en la Argentina es grave. Particularmente, en el fuero federal, sobre algunos de cuyos jueces flotan acusaciones de todo tipo. Desde las antedichas, hasta la de falta de independencia respecto de los otros poderes del Estado. Pero ellos no parecen conmoverse. Como si, de alguna manera, creyeran estar efectivamente más allá del bien y del mal. Lo que, desgraciadamente, aparenta ser bastante así.
Es cierto que, como dijera el juez J. Clifford Wallace, «la corrupción judicial siempre existió». Pero también que hay grados y grados e instrumentos para enfrentarla. Veamos lo que se hace en los Estados Unidos.
Dejá tu comentario