Daniel Artana salió a responder punto por punto los argumentos que esgrimió ayer en Ambito Financiero el canciller Rafael Bielsa para defender las medidas adoptadas por el gobierno en el reciente conflicto comercial con Brasil. El economista había publicado también en este diario el día lunes un artículo en el que señalaba que el acuerdo entre empresarios de ambos países era «la peor opción». Por eso la reacción del canciller. Ahora es el turno del economista, en este interesante debate planteado con Bielsa.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
1) La decisión de dar protección adicional a la que ya rige en la Argentina no es un tema dogmático. Alguien gana y alguien pierde con medidas de este tipo. Como en general los afectados son los consumidores que tienen menor capacidad de lobby que los beneficiados (productores radicados en el país y sus proveedores), es conveniente evaluar con sumo cuidado cualquier decisión que involucre un incremento en la protección. Recuérdese que los consumidores ya enfrentaban precios más altos por los productos importados de extra zona por la protección que brinda el arancel externo común, y ahora se les limita la importación desde otro miembro del Mercosur. Por ello, creo que lo mejor era no ceder a las presiones proteccionistas.
2) Existe abundante literatura que critica duramente a las restricciones voluntarias a las exportaciones, entre otras razones, porque llevan a que los productores de otros países que acceden al mercado protegido se beneficien también de los mayores precios que pagarán los consumidores. Penalizar a los consumidores argentinos para favorecer a productores radicados en Brasil no parece ser la mejor opción de política comercial.
3) El canciller parece sugerir que las opciones de protección mejores no estaban disponibles, mientras que las licencias no automáticas y los acuerdos voluntarios entre empresarios de ambos países sí lo estaban. Sobre este punto tengo varias reflexiones. Por un lado, si las normas internacionales nos dejan herramientas que son muy malas, hay más razón para no aplicarlas (recuérdese que el Presidente sugirió que se aplicaría el mismo método a la industria textil, con lo cual no se trataría de casos aislados). Por otro, había alternativas disponibles, aunque no en el ámbito de la Cancillería. Si el objetivo era nivelar la mesa, se podía haber recurrido a medidas directas de promoción al sector (créditos blandos, subsidios directos) que aplica no sólo Brasil, según han mencionado in extenso los que defienden la medida adoptada, sino también el propio gobierno argentino (un ejemplo es el programa de apoyo a las pymes). Las medidas de promoción directa tienen la ventaja de ser más transparentes (su costo puede figurar en el presupuesto), no afectan a los consumidores, no traban el intercambio y hubieran apuntado directamente al problema de la restricción crediticia que esgrime el canciller como justificativo de la decisión del gobierno argentino.
4) El canciller no hace ningún comentario sobre la paradoja de alentar oligopolios privados entre empresarios de la Argentina y Brasil. Alentar el oligopolio colusivo y luego suponer que se podrá evitar que perjudique a los consumidores suena poco pragmático, más bien diría bastante ingenuo. Siempre que se restringe la oferta o su crecimiento, la presión de la demanda llevará a que los precios suban. Además, aun cuando los cupos sean similares a las importaciones actuales, los precios tenderán a subir porque se limitó al productor de menor costo. Finalmente, la suba de precios es particularmente difícil de controlar en productos heterogéneos, como los electrodomésticos, que además tienen una tendencia declinante de precios. En verdad, para capturar una renta oligopólica, los productores ni siquiera necesitan aumentar los precios mucho, sino demorar algún tiempo su reducción.
5) La estrategia de restringir el intercambio comercial para alentar el comercio luce bastante retorcida.
6) Coincido con el canciller en que la integración regional es un proceso complejo y que sus frutos se miden en términos de varios años, pero ello no significa que cualquier tipo de medida sea aceptable.
7) Finalmente, celebro que el canciller se haya prestado a un debate de ideas que, a la larga, es lo que ayuda a mejorar las decisiones de política pública.
Dejá tu comentario