El nuevo contexto mundial a causa del brote de coronavirus nos invita a reflexionar sobre cómo las construcciones de las masculinidades de los líderes mundiales tienen un impacto, no solo sobre su propia salud, sino sobre toda la población a la cual gobiernan.
Un primer punto para tener en cuenta es cómo pensamos esa masculinidad hegemónica (la avalada): podemos pensarla como un estatus que se obtiene y que hay que reconfirmar regularmente. En este sentido, tanto la exposición a los riesgos como la demostración de fuerza cumplen la función de comprobación del ser varón, especialmente ante los ojos de sus pares. Aceptar ayuda, reconocer que no se tiene todo el conocimiento, no priorizar el trabajo son cuestiones muchas veces equiparadas a la debilidad, y por lo tanto, asociado a lo femenino (que por oposición a lo masculino es percibido como negativo). La construcción cultural de la masculinidad está escindida, casi completamente, de todo lo relacionado a cuidados: tanto al propio, como al de los demás.
Ahora bien, en una situación como la actual este mandato, presente tanto en la población general como en los mandatarios, es especialmente dañino.
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Bolsonaro y la “gripecita”: El presidente de Brasil hizo caso omiso sobre la gravedad del coronavirus al aparecer los primeros casos positivos en ese país. Llegó a calificar de “gripecita” a la pandemia que ya llevaba más de 40.000 muertes a nivel mundial. La descalificación de las amenazas externas como forma de demostrar que a un “macho” verdadero, el virus no le hace nada, sembraron las bases para una catástrofe en el país vecino, donde se siguen reiterando demostraciones, en su mayoría de varones, en contra del aislamiento como medida de cuidado. Hoy es uno de los países más afectados de la región, con 38.000 casos (al 20 de abril). No está demás mencionar que llegó a despedir a su Ministro de Salud, quién se oponía a su postura.
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Donald Trump y la priorización de la economía por sobre la salud: Para el presidente de Estados Unidos la prioridad siempre fue la reactivación económica, ignorando las recomendaciones de la OMS acerca de mantener las medidas estrictas para evitar que el virus siga esparciéndose. Más allá de la necesidad de tener buenos indicadores económicos en un año electoral, el paralelismo entre varón-proveedor económico y mujer-cuidadora se ha traducido en una falla de previsión, donde al día de la fecha tienen 759.000 afectados y más de 40.000 muertes. Las más altas de mundo.
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Boris Johnson, el ministro de salud y otras autoridades británicas con coronavirus: el Reino Unido tardó en declarar la cuarentena obligatoria, también por priorizar la economía por sobre la salud. Inicialmente promovía el contagio como “forma de generar inmunidad”. En este contexto, aunque abandonaron este discurso, el primer ministro y varias de las autoridades claves para combatir el coronavirus dieron positivo para esta enfermedad. Para reflexionar qué pasa cuando el autocuidado y la salud están tan relegados que terminan afectando a un país entero. Hoy Inglaterra es uno de los países con mayor número de afectados.
Desde Grow proponemos revisar estos mandatos, compararlos con sus pares varones y mujeres que han tomado otras decisiones y aprovechar esta oportunidad de aprendizaje. Ojalá podamos dimensionar lo dañino de los mandatos de la masculinidad hegemónica y lo concreto de sus efectos.
(*) Confundadora y investigadora de Grow, género y trabajo.