La profunda crisis económica mundial que enfrentamos presenta para muchos gobernantes la oportunidad de tratar, de pronto, de ganar protagonismo (y votos) a través de impulsar medidas populistas. Los ejemplos de intentos en este sentido comienzan a conocerse. En todas partes. Hasta en el disciplinado Japón.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero no siempre tienen éxito. Porque hay sociedades en las que son muchos los que piensan, examinan y cuestionan seriamente las medidas de gobierno propuestas y en las que, por ende, el fácil «maná» del populismo puede llegar a rechazarse. Veamos -en este sentido-lo que efectivamente sucedió en el Japón.
El nuevo -e impulsivo primer ministro japonés, Taro Aso, propuso distribuir entre todos los ciudadanos japoneses unos 21.000 millones de dólares, para que sea -sostuvo la propia gente la que directamente se ocupe (ante la llegada del inesperado ingreso) de «estimular el consumo» ella misma.
Madurez
La coalición de gobierno que lidera Aso -no obstante- no cayó en la tentación y decidió que sean, en todo caso, los gobiernos municipales los que decidan si quieren, o no, excluir a los más ricos de la inesperada «lluvia» de yens. Una muestra de madurez, por cierto.
La atinada reacción de la coalición fue impulsada por el propio ministro de Economía, Kaoru Yosano, (quien no es ciertamente una figura decorativa), quien, al escuchar la propuesta, mostró su independencia de criterio y recomendó que la distribución no alcanzara a los estratos más ricos de la sociedad.
Vértice
Tanto el Partido Liberal Democrático como el Partido Nuevo Komeito, que conforman el gobierno, endosaron -de inmediato-la sugerencia de Yosano. Nadie habló, crispado, de «traición» por parte de Yosano. Ni, menos aún, de «indisciplina partidaria». Porque los japoneses saben que la responsabilidad principal de todos sus funcionarios no tiene como vértice al partido o a la coalición de gobierno, sino al pueblo todo.
No obstante, lo más notable de este episodio es que nada menos que 60% de la sociedad japonesa consideró que la distribución gratuita de dinero que les era ofrecida era «innecesaria». Quizás por esto es que la distribución sugerida por Aro se volvió rápidamente en su contra, en el escenario de lo político, cual búmeran, generando una fuerte caída de popularidad (del orden de 5%), en tan sólo cuestión de horas.
Los economistas japoneses advierten que la distribución de dinero en efectivo propuesta por Aro sólo provocaría, de tener éxito, apenas 0,1% de crecimiento en el PBI japonés, porque se estima que 75% de los eventuales beneficiarios no gastaría, sino que, en cambio, ahorraría los fondos recibidos gratuitamente, negándose a participar en la «fiesta» que les es propuesta.
La reacción tiene probablemente mucho que ver con la situación de la economía japonesa, que se ha contraído notoriamente en el segundo trimestre del año, como nunca en los últimos siete años. El tercer trimestre del año mostrará, posiblemente, una economía más bien detenida, estancada. Ante esto, la gente -sabia y mayoritariamenteparece elegir la precaución.
Distintas lecciones, queda visto, se acumulan en torno al inusual intento populista japonés, que terminó fracasando. Hay sociedades que ciertamente no tiran « manteca al techo»; particularmente cuando advierten que no es imposible que los tiempos que vienen puedan resultar inusualmente duros.
Dejá tu comentario