9 de agosto 2023 - 09:10

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte XCIII)

Juan Domingo Perón.

Juan Domingo Perón.

En agosto de 2015, sabíamos que la Argentina tenía déficit fiscal, pero ni era el más alto de la historia, ni tampoco el más difícil de solucionar. Antes habíamos tenido desbarajustes macroeconómicos descomunales condimentados con endeudamientos excesivos que hacían muy compleja la tarea de restablecer los equilibrios. De la complejidad que planteaban los ajustadores seriales, se podía inferir que estaban preparando el campo para una devaluación violenta. Macri hablo de liberar el dólar y que el mercado le fije precio. Eso era ir por un plan de shock y someter la economía a cambios bruscos, un plan muy recesivo y de elevado costo social, que ya habíamos probado hasta el hartazgo.

LA UNICA VERDAD ES LA REALIDAD (J.D. PERON)

Ante la dura realidad que iba a dejar Macri, se iba corriendo el velo, y se podía ver que el FMI financió la fuga de capitales, el pago a los bancos e inversores estadounidenses que hubieran quedado impagos, y eso no le apetecía a quienes tenían la esperanza de zafar de los anales de la historia internacional y local.

El relato de “los últimos 70 años” se re instalaba, como afirmamos antes, porque ninguno de los artífices del peor gobierno desde el regreso a la democracia, ni quienes apoyaron el saqueo más grande de la historia argentina se hacía cargo. Ninguno quería debatir dignamente cómo haría la Argentina para reparar su economía y salir del estrepitoso fracaso del gobierno de Cambiemos, con la totalidad de los índices macroeconómicos y sociales devastados.

Además, Macri se iba y dejaba problemas de competitividad, debilitamiento de la competencia y, rentas cuasi monopólicas en manos de grupos económicos, como en ningún país del mundo. Los recuerdos del corralito, el corralón, la pesificación asimétrica, el Plan Bonex, con gobiernos neoliberales dejaron grandes secuelas a las que se sumaba la experiencia Macrista. Así, la sociedad había vuelto a ser violentada como en aquellas crisis, pero esta vez, gracias a la asistencia del FMI y la contención de los movimientos sociales y las CGT, no había crisis financiera terminal y tampoco una reacción social, en medio de la suba del riesgo país, mientras seguían fugando capitales, y retirando depósitos del sistema bancario, huyendo del suplicio del gobierno Macrista.

En esta congruencia, inventaban algo realmente creativo, el peronismo-kirchnerista que había ganado las PASO, era responsable del terremoto que se había iniciado en enero 2018, para las variables financieras y reales, agravando significativamente la herencia que recibiría la próxima administración.

Nunca ocurrió nada parecido, decía un economista que apoyo al gobierno de Cambiemos. Ni en la transición cuando ganó el Frente Amplio en Uruguay, Lula en Brasil, ni Correa o aun el Sandinismo en Nicaragua, ni cuando tiempo atrás llegaron al poder Salvador Allende o Getulio Vargas. Claramente Alberto Fernández no podía superar los niveles de riesgo de las izquierdas mas radicalizadas, ni los populismos sudamericanos. De modo que no fue Alberto Fernández quien construyo un desastre colosal, sino los 4 años de gobierno Macrista que venían a pasar factura por todos los desmanes perpetrados.

La vulnerabilidad macroeconómica fundada por los gobiernos neoliberales en los países latinoamericanos, el recuerdo del final de cada una de sus experiencias que terminaron en crisis macroeconómicas, provocando debacles financieras y cambiarias, que a su vez hicieron implosionar sus programas económicos como “la bicicleta” de Martínez de Hoz con su “tablita”, el Plan Austral y la Convertibilidad. Tras el resultado de las PASO y la suspensión de desembolsos del FMI, llegó el verdadero terremoto financiero y cambiario, el programa con el FMI colapsó.

El programa de emergencia con el Fondo puesto en marcha en octubre 2018 buscaba que el Banco Central resguardara las reservas para lo cual se fijaron metas exigentes de reservas internacionales netas que implicaban que no se podían utilizar dichas reservas para vender dólares en el mercado cambiario y divisas al Tesoro contra pesos o letras, con el fin de pagar deuda pública. Además, el programa con el FMI buscaba que el BCRA no emitiera pesos, para lo cual se fijaron metas monetarias cada vez más contractivas, con el objetivo que el gobierno alcanzara un “déficit fiscal primario cero”. Pero el terremoto coincidió con la quita de apoyo post PASO, cuando se dieron cuenta que al perder las elecciones Macri, el programa iba colapsar y el FMI volvía a retirar su apoyo (cancelaba los desembolsos), igual que a Cavallo en 2001.

Se vendían reservas a troche y moche, el BCRA volvía a emitir pesos y el gobierno nacional no cumplía con la meta de déficit primario cero. La realidad era que la Argentina se había quedado otra vez sin el apoyo del FMI porque no se ajustaba al programa que ni siquiera era un programa de estabilización para un país de inflación alta, sino simplemente un programa que buscaba evitar el default de la deuda pública y la espiralización de la tasa de inflación, aunque no logró esos objetivos, ni tampoco consiguió dejar atrás la recesión.

La historia argentina volvía a demostrar que, desde el golpe de Estado de marzo de 1976, las recurrentes crisis macroeconómicas emergentes de la aplicación de políticas neoliberales, habían producido un daño inmenso al PBI per cápita (con Macri cayo más de 10% según Federico Sturzenegger). Las crisis macroeconómicas tienen efectos devastadores en el corto plazo: caída del PBI, aumento de la pobreza, maxidevaluación, la aceleración de la inflación, pero además hipotecan el nivel de vida de las generaciones futuras.

Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros

Dejá tu comentario

Te puede interesar