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Cómo funcionan los canjes de deuda
Bajo este mecanismo se formula una oferta de canje de los títulos existentes en default por nuevos títulos con condiciones financieras distintas a las originales. Generalmente, se establece en las condiciones de la oferta que sólo sería implementada si se obtiene un porcentaje mínimo de aceptación (80%, por ejemplo) de parte de los acreedores, quienes tienen la opción (pero no la obligación) de aceptar los nuevos títulos.
Es difícil que el mercado acepte un porcentaje menor que el indicado. Usualmente, se utilizan dos métodos para lidiar con los acreedores: negociación con ellos o sus representantes (oferta negociada), u oferta unilateral para ser aceptada o rechazada. Pero el equipo económico está siguiendo una suerte de camino intermedio, tal como veremos.
De acuerdo con el primer método, el gobierno deudor conforma un comité de acreedores integrado por los inversores de mayores tenencias, con el cual lleva adelante una negociación concreta sobre los términos de repago. Estas negociaciones pueden durar meses y, en ocasiones, hasta años. Si las partes alcanzan un acuerdo preliminar, el gobierno y los miembros del comité salen al mercado a divulgar los términos del mismo frente al resto de la comunidad inversora tratando de convencerla que acepte dichos términos; el comité de acreedores sólo puede recomendar, pero no tiene poder para tomar y ejecutar decisiones de vincular a los inversores.
La otra opción consiste en que el gobierno deudor diseña una oferta de reestructuración con la asistencia de sus asesores legales y financieros, y eventualmente alguna contribución de ciertos acreedores significativos mediante consultas informales y sin una agenda de negociación con aquéllos. Luego del diseño de la oferta, la misma es lanzada a los inversores, para que éstos, en un plazo perentorio, la acepten o rechacen.
Según el FMI, las consultas informales y ofertas unilaterales son posiblemente la opción preferida en los casos de reestructuración predefault que se desarrollan dentro de una suerte de terreno de amenaza real de incumplimiento, en razón de que dichas consultas constituyen un proceso más rápido que la constitución y negociación vía un comité de acreedores.
Sin embargo, en casos de reestructuraciones posdefault en las cuales el deudor persiga reducciones de deuda sustanciales, las consultas informales pueden no ser efectivas en canalizarel acuerdo de los acreedoreshacia las propuestas del deudor, y por lo tanto, puede ser necesario constituir un mecanismo de negociación formal con representantes de los inversores reunidos en un comité, apuntando a lanzar una oferta negociada. Este punto de vista, sumado a las políticas de «negociaciones de buena fe», ha llevado al FMI a exigir al gobierno a que incluya en la carta de intención que la Argentina se compromete a negociar con los distintos comités de acreedores todos los aspectos de la reestructuración.
El esquema del gobierno
El gobierno argentino no está utilizando ninguna de las dos opciones mencionadas, sino que ha tomado una especie de camino intermedio. Ha anunciado las quitas, pero no hay plazo perentorio para que los inversores acepten o rechacen la propuesta, sino que se abrió un período de ciertas consultas formales posteriores, pero sin ninguna flexibilidad para modificar el corazón de la propuesta.
Tampoco hay negociaciones con los comités de acreedores y tampoco diálogo efectivo sobre los términos de la oferta que puedan derivar en cambios de las condiciones sustanciales. Tras el anuncio de la quita, los funcionarios argentinos indicaron que se iban a reunir con grupos de acreedores, pero no para negociar, sino para intercambiar impresiones sobre la reestructuración, definir las condiciones de los bonos dentro de las quitas «inflexibles» ya anunciadas y para mantener a los inversores informados. Y así lo han hecho. En cualquier caso, y tal como desarrollamos en el libro, el esquema del gobierno sería muy riesgoso, ya que las demandas básicas de los acreedores no se toman en consideración para diseñar y formular la oferta, y por lo tanto, el rechazo podría ser considerable, además de generarse un tremendo desgaste en la relación entre las partes, con ramificaciones hacia otras organizaciones como el FMI, el G-7 y el Tesoro de Estados Unidos. Las negociaciones sólo tienen sentido si hay espacio para cambios (es decir, si el gobierno reconoce que puede hacer modificaciones) o si hay fundamentos indiscutibles para apoyar la postura del deudor (para que luego quede claro que las quitas propuestas tienen fundamentación económica, financiera y social).




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