El poder de la educación en el camino hacia el cambio climático

Opiniones

Los estudios sugieren que una vez que los jóvenes adquieren educación sobre el clima, ayudan también a educar a sus familias.

La educación es un medio poderoso para estimular el cambio de conducta y la acción colectiva, para cultivar habilidades ecológicas, garantizar una transición justa hacia una economía sostenible y desarrollar la capacidad de adaptación de las comunidades. Más de 130 países apuntan a reducir a cero las emisiones de carbono para 2050. Las innovaciones tecnológicas serán fundamentales para alcanzar este objetivo, pero lograrlo y mantenerlo también requiere aprender a vivir en este planeta a medida que el clima cambia.

Es por lo que la educación es un facilitador clave de esta transición. La educación -a menudo no contemplada como factor para alanzar estos objetivos-, debe convertirse en un tema central en las discusiones sobre el clima y a su vez, debe intensificar sus propias ambiciones para estimular la justicia climática. Para promover este cambio, un reciente informe de BCG titulado: “Education as a Catalyst for Climate Progress” presenta tres criterios claves:

Desarrollo de la alfabetización climática

Al aumentar la conciencia y la comprensión de los estudiantes sobre el cambio y la acción climática, las escuelas pueden capacitar a los jóvenes para que se conviertan en agentes de cambio dentro de sus comunidades locales. Los estudios sugieren que una vez que los jóvenes adquieren conocimientos sobre el clima, ayudan también a educar a sus familias, lo que tiene un efecto multiplicador en sus comunidades. Para acelerar la alfabetización climática, los educadores, las instituciones educativas y los gobiernos deben comprometerse a implementar planes que estén orientados a la acción (en lugar de ser simplemente difusores de la información) y capacitar a los maestros en consecuencia.

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Las escuelas deben invertir en la sustentabilidad de su propia infraestructura para ser ejemplo y ofrecer oportunidades de aprendizaje experiencial a los estudiantes. Los investigadores también deben evaluar rigurosamente los efectos indirectos que tiene el desarrollo de la alfabetización climática en la comunidad en general en términos de promoción y cambio de comportamiento.

Cultivar habilidades para una transición justa

A medida que las economías realizan la transición ecológica, la educación puede formar a los colaboradores a través de la recapacitación y la educación continua mientras establecen las bases para aquellos que ocuparán (y definirán) los trabajos del futuro. Esto es fundamental ya que, sin los equipos calificados necesarios para alcanzar las innovaciones, la transición a una economía verde puede retrasarse.

Para facilitar una transición justa hacia una economía sostenible, los líderes de la educación, el gobierno y la industria deben adoptar una visión expansiva de las habilidades ecológicas y la alfabetización climática que incluya las competencias técnicas y de liderazgo que el futuro demanda. Los líderes deben adoptar un enfoque basado en datos para comprender las habilidades requeridas para una economía más verde y alinear los programas educativos y las capacitaciones en las instituciones. Las asociaciones entre la educación, el gobierno y la industria deben centrarse en garantizar que todos, especialmente aquellos de grupos históricamente marginados, tengan acceso a las habilidades necesarias y los caminos hacia un buen trabajo.

Desarrollar la capacidad de adaptación

Hasta hoy en día, muchas inversiones para mejorar la adaptabilidad y la resiliencia se han centrado en la infraestructura, pero esto resulta insuficiente respecto a las estrategias para hacer frente al cambio climático. Una mayor inversión en educación es un medio fundamental para mejorar las capacidades de adaptación a largo plazo.

Para construir un caso más sólido que incentive la inversión en la educación se necesita contar con más investigación para demostrar el vínculo entre la educación y la mejora de la adaptabilidad, la resiliencia y las oportunidades económicas. Una mayor evidencia y conciencia sobre el potencial de la educación podría fortalecer los planes nacionales de adaptación de los países y desbloquear opciones de financiación interseccional más flexibles.

Debemos ir por este camino, comprendiendo que la educación puede tener un impacto transformador en la acción climática ya que empodera a los estudiantes para reducir y responder a los efectos adversos del cambio climático y llevar lo que aprenden en las clases a sus comunidades. Asimismo, brinda a los colaboradores las habilidades necesarias para prosperar en una economía más verde, y equipa a los líderes para implementar el siguiente nivel de innovaciones climáticas y navegar por una transición justa. Por último, permite también a los ciudadanos usar su voz, poder de consumo y apoyo político para impulsar la acción climática. Ha llegado el momento de desatar el poder de la educación para promover la acción climática y la justicia.

Managing Director & Partner de Boston Consulting Group.

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