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8 de noviembre 2007 - 00:00

"EEUU se desliza en una pendiente riesgosa"

El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales, personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien opina que la versión no oficial de que China va a diversificar sus reservas, dejando afuera al dólar, fue un mal adicional en la lista de Estados Unidos. Esta noticia intensificaría la caída del dólar, pero lo cierto es que para el especialista hace tiempo que EE.UU. «se desliza en una pendiente riesgosa para la estabilidad financiera», que hasta el momento fue ordenada, algo que podría modificarse.

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Periodista:¿Es la tormenta perfecta?

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Gordon Gekko: Sólo faltaría que suban las tasas de interés.

P.: Todos los demás males dijeron presente y es una lista extensa. A la cabeza, el dólar que se derrumba ante la afirmación de que China busca diversificar sus reservas, aumentando el papel de otras divisas más fuertes que ésta.

G.G.: No fue el anuncio oficial de una decisión, como se creyó en un principio. Pero, aun así, el impacto no se moderó. Toda versión que mencione la voluntad de emigrar del dólar -ya sea que involucre al Banco del Pueblo de China o a una espectacular modelo brasileña- goza hoy de credibilidad.

P.: Quedó claro que no se trata aún de una decisión oficial. ¿Podría ser una amenaza? Es la segunda vez que se dispara.

G.G.: Si uno toma el comentario al pie de la letra -si China dejase de comprar dólares o redujera sus adquisiciones en forma drástica-, Pekín, más que desafiar a EE.UU., estaría plegándose a sus demandas. No podría evitar las presiones sobre el yuan renminbi a favor de su apreciación contra el dólar. Y eso es lo que pretenden Bush y el Congreso. Sin éxito. En paralelo, sería sí un gesto provocador y hostil hacia la Europa del euro.

P.: Lo cierto es que el oleajecambiario provocó revuelo en todos los mercados. Las Bolsas, esta vez, no pudieron desentenderse.

G.G.: El dólar hizo lo suyo. Pero contó con aliados valiosos. General Motors aportó su contribución. Y, como ya se torna costumbre, la sensibilidad sobre la verdadera salud de los bancos jugó un rol de villano.

P.: General Motors tomó una pérdida extraordinaria de u$s 39.000 millones. ¿Guarda relación con las desgracias hipotecarias? ¿O es un nuevo frente de tormenta?

G.G.: Ni lo uno ni lo otro. Amortizó créditos fiscales que la firma estima no va a poder utilizar.

P.: Un cargo no monetario.

G.G.:
Es el único aspecto positivo. No va a abrumar la caja. Pero no deja de ser una mala noticia. Además, si soplasen vientos favorables sobre la demanda de automóviles, no hubiera sido necesario adoptar la decisión.

P.: ¿Dónde termina la caída del dólar? No estaremos entrando en una región peligrosa...

G.G.: Hace tiempo que nos deslizamos en una pendiente riesgosa para la estabilidad financiera. Sólo que, hasta el presente, la caída se desplegó en forma ordenada. Pacífica. Pero que el declive del dólar comience ahora a encrespar las aguas de los mercados de capitales modifica la naturaleza del proceso.

P.: ¿En qué sentido?

G.G.: EE.UU. podía ser prescindente. Recuerde siempre las palabras de John Connolly, secretario del Tesoro en la última fase de Bretton Woods. «El dólar es nuestra moneda, pero el problema de ustedes.» Si las Bolsas pierden la vertical, pasa a ser el problema de todos.

P.: Entiendo. China está «socializando» el conflicto.

G.G.:
No es fácil juzgar intenciones. Pero quien haya leído sobre el octubre negro de 1987 -el tema estuvo de moda al cumplirse el vigésimo aniversario- comprenderá la conexión posible entre la incertidumbre en el mercado de cambios y las turbulencias en los mercados de capitales. Si el dólar acelera su derrape, si la volatilidad se transmite y agrieta los mercados, entramos de lleno en zona de intervención cambiaria.

P.: ¿Cree que el Grupo de los Siete tomará cartas en el asunto?

G.G.: No sólo el G-7; se necesita involucrar a China.

P.: ¿Podrá la acción oficial frenar la estampida? ¿No se quebrantó la confianza en la capacidad del dólar de atesorar valor?

G.G.: Lo ideal para que una intervención coordinada tenga éxito es la exageración. Si las modelos rehúsan subirse a una pasarela a menos que cobren en euros, es un dato alentador. Una caída vertical del dólar, paradójicamente, facilitaría resultados rápidos.

P.: Uno no debería remar en contra de los fundamentos. Tarde o temprano, lo arrastrará la corriente.

G.G.: A estos valores de dólar/euro, los fundamentos cuentan a favor. Quizá no el tipo de cambio multilateral. Tal vez -considerando una canasta amplia de monedas- el dólar deba ajustarse más. Por eso mismo, es importante que se sumen China y los países de Asia (y los emergentes en general), porque ésas son las divisas que deberían apreciarse contra el dólar.

P.: ¿No piensa que la Fed quedó atrapada entre dos fuegos? Su deseo de evitar una recesión en EE.UU. y, del otro lado, la debacle del dólar que enciende la mecha de la suba de los precios de la energía y los commodities.

G.G.: La Fed tiene un solo instrumento disponible. Las tasas de interés. Y varios blancos que -desalineados ya hace algún tiempo- hoy demandan atención. Mi opinión es que el Tesoro jugará un papel creciente para apagar el incendio. No es sólo el dólar. Son los inmuebles, las hipotecas, los bancos. Nadie va a comprar un bono garantizado por hipotecas subprime -un CDO- simplemente porque la Fed baje las tasas de interés. Eso está claro. Ya hemos doblado el Cabo de Buena Esperanza en esos temas.

P.: ¿Cree que el Tesoro tomará esos asuntos a su cargo?

G.G.: ¿Cuándo fue la anterior crisis inmobiliaria?

P.: A fines de la década de los 80. Y principios de los 90.

G.G.: ¿Castigó a los bancos?

P.: A las entidades especializadas en ahorro y préstamos para la vivienda.

G.G.: ¿Se olvida de que Citicorp debió recortar el pago de dividendos?

P.: ¿Entonces?

G.G.:
El Tesoro creó la Resolution Trust Corporation (RTC). No fue la Fed, sino la RTC la agencia que conjuró el daño inmobiliario. Lea a Stiglitz -el premio Nobel- y entenderá que se trató de una carambola para ayudar a los bancos. La Fed hizo lo suyo. En esencia, lo de siempre. Bajar las tasas de interés. Dejar que la curva de rendimientos se empine. Y, por esa vía, permitir que los bancos reconstruyan su capital.

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