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Antes de explicar por qué, conviene decir que esta eventual subestimación no se origina en que la economía real (medida en volúmenes de producción y consumo) es más grande o está creciendo más de lo que se dice (ni siquiera por el argumento usual de que la economía negra es más importante de lo que se cree). No es un problema de mediciones reales; estamos seguros de que el INDEC hace una buena y honesta tarea. El problema aparece cuando se quieren traducir los valores reales (que se expresan en moneda constante) a valores nominales a precios de hoy, para economías como la argentina que han experimentado saltos de precios importantes (en 2002) con fuertes cambios de precios relativos (no sólo de tipo de cambio, sino entre distintos bienes locales).
Esta variación es casi idéntica a la variación promedio del índice de precios al consumidor en dicho período que, como sabemos, fue muy inferior a la variación de los precios mayoristas (104 por ciento, siempre midiendo los promedios). O sea, que cuando se nominaliza el PBI a valores corrientes (en léxico profesional se calcula el índice de precios implícitos del PBI), los precios del PBI se mueven de forma muy parecida a la evolución de los precios al consumidor y casi nada en función de los precios mayoristas. Esto guarda lógica dado que la estructura del PBI es «más parecida» a la estructura del IPC (donde servicios pesa tanto como bienes) que la de IPM (donde los servicios no existen). Pero daría la sensación de que se ha ido la mano. Sólo con que el deflactor de precios implícitos ponderara en «algo» a los precios mayoristas, ya lo empujaría para arriba generando un PBI más alto en pesos nominales más alto que el de hoy (no significaría que somos más ricos, sino simplemente que el país es un poco más caro de lo que creemos). Bajo ciertas simulaciones, podríamos pensar que en pesos de hoy, el PBI de la Argentina está más cerca de $ 400/ 420 mil M que del valor oficial.
A similares conclusiones se llega si comparamos el valor del PBI argentino con el de Brasil. A los valores oficiales actuales, el PBI brasileño sería 3,93 veces el PBI argentino, una relación récord histórica reciente que no se explica por diferencias de tipo de cambio, ya que ambos están parecidos nominal y realmente. Aun sabiendo que este valor récord es en parte debido a que Brasil le sacó 11,5 puntos de diferencia en crecimiento real a la Argentina en tres años, una relación cercana a 3,3 veces luciría más razonable mirando series históricas. Veríamos entonces que un PBI argentino equivalente a un tercio del brasileño daría alrededor de 150 mil M de dólares, bastante equivalente a nuestro PBI en pesos de $ 415 mil M. Con la «nueva balanza», veríamos, por ejemplo, que coeficientes económicos relevantes adquieren más sentido. La recaudación de impuestos ha mejorado de la mano de las retenciones y ganancias, pero de ninguna manera estamos muy por encima de los récords anteriores, como sugiere el valor de 20,5% del PBI oficial; es cierto que volvimos a los buenos valores de la década del '90; eso sí, con una mucha mayor participación de impuestos distorsivos. El gasto público primario ha subido mucho después de la licuación, pero no es cierto que haya vuelto a los máximos valores previos a la crisis (19 por ciento del PBI); sí volvió a los niveles de los primeros años de la convertibilidad.
Si nuestro cálculo es correcto, todos los indicadores económicos serían más bajos como porcentaje del PBI de lo que actualmente se cree, llevando a distintas conclusiones, algunas más «optimistas», otras más «pesimistas». Por un lado, el esfuerzo fiscal realizado vía es menos de lo que parece: no habría 3 puntos de superávit primario, sino 2,7 por ciento. Por el otro lado, el peligro de un eventual exceso de circulante monetario como porcentaje del PBI no sería tan grave, y el actual nivel de la deuda pública no sería de 135 por ciento, sino de 120 por ciento. Aunque no son grandes cambios que lleven a conclusiones muy distintas, en la sintonía, adquieren relevancia. Sería bueno que algún técnico se ocupe de «calibrar adecuadamente la balanza» para chequear esta opinión intuitiva que surge simplemente de estudiar la realidad.
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