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27 de septiembre 2026 - 07:00

El que avisa no traiciona: el derecho a saber cuándo interviene la IA

Es momento de saber no solamente qué estamos viendo, sino también de dónde viene, cómo llegó hasta nosotros y qué transformaciones pudo tener en el camino. Es importante avanzar hacia mecanismos que indiquen de manera clara y comprensible cuándo un contenido fue generado o sustancialmente intervenido mediante inteligencia artificial.

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Es importante contar con la información suficiente para distinguir la IA.

Depositphotos

Imaginemos por un momento que una persona recibe una imagen, escucha un audio, mira un video o lee un texto. ¿Cómo sabe si eso ocurrió realmente? ¿Cómo puede distinguir una imagen documental de una imagen creada artificialmente? Tal vez sea momento de pensar en algo tan sencillo como poderoso: la trazabilidad de la información, una manera de saber no solamente qué estamos viendo, sino también de dónde viene, cómo llegó hasta nosotros y qué transformaciones pudo tener en el camino.

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Así como existen etiquetas que nos permiten conocer el origen y composición de un producto, podríamos avanzar hacia mecanismos que indiquen de manera clara y comprensible cuándo un contenido fue generado o sustancialmente intervenido mediante inteligencia artificial: una marca de agua, un sello, un registro, un estándar de procedencia digital. No para censurar el contenido ni para impedir su circulación, sino todo lo contrario, más bien para darle a las personas más información para decidir qué hacer con él.

La importancia de la transparencia

Como uno de sus nuevos desafíos, la transparencia debería darnos mejores herramientas para pensar. Y esto es especialmente importante cuando hablamos de niñas, niños y adolescentes. No podemos pedirles que naveguen por este nuevo ecosistema con herramientas del siglo pasado. Si la inteligencia artificial puede generar textos, imágenes, voces y videos cada vez más difíciles de distinguir de los reales, necesitamos enseñarles también a preguntarse de dónde viene aquello que están viendo.

El contenido generado con IA crece diariamente.

Hay una pregunta que quizás deberíamos empezar a hacerles a nuestros hijos de una manera diferente. No solamente “¿cómo estuvo tu día?”, sino también: “¿cómo estuvo Internet hoy?” La frase, que escuché recientemente de Hernán Navarro, fundador de Grooming Argentina, durante un webinario de la Red iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información (RTA), puede parecer una simple modificación de una pregunta cotidiana. En realidad, encierra un cambio de época.

Internet ya no es un mundo paralelo: es parte de nuestra vida. Ahí aprendemos, jugamos, trabajamos, nos informamos, construimos vínculos, elegimos qué consumir y también formamos nuestras opiniones. Para las nuevas generaciones, esa frontera prácticamente dejó de existir. La inteligencia artificial está en todos lados.

Frente a esa expansión aparece algo comprensible: el miedo. Es razonable que estas noticias nos preocupen, pero quizás haya algo más importante que el miedo: tener un plan. La discusión no debería ser si vamos a permitir o a prohibir la inteligencia artificial. Esa disyuntiva llega tarde. La inteligencia artificial ya está entre nosotros y la verdadera pregunta debe ser otra: ¿qué reglas necesitamos para que su desarrollo esté al servicio de las personas y no al revés?

Cómo abordar el avance de la Inteligencia Artificial

Y aquí el derecho de acceso a la información tiene mucho que aportar, porque la transparencia no significa solamente que el Estado publique información. Significa también que las personas podamos conocer el origen de aquello que recibimos, comprender cómo se produjo, identificar quién intervino en su elaboración y contar con herramientas para distinguir información de opinión, contenido auténtico de contenido sintético. Por eso, poder contar con un sistema de etiquetado que explicite el uso de IA en la generación de un contenido es, antes que nada, una herramienta de transparencia. Una marca visible, sencilla y comprensible podría funcionar como una primera señal. No alcanzaría, por sí sola, para resolver el problema de la desinformación, pero sí podría ofrecer algo que hoy muchas veces falta: contexto.

La innovación necesita libertad, pero la libertad también necesita reglas cuando están en juego derechos fundamentales. No se trata de frenar el progreso, se trata de decidir qué tipo de progreso queremos. La inteligencia artificial puede ampliar el acceso al conocimiento, facilitar aprendizajes, mejorar servicios, potenciar la creatividad y abrir oportunidades extraordinarias; pero para que esos beneficios sean realmente sociales, necesitamos construir confianza. Y la confianza no se decreta, se construye con información. Por eso, en este Día Internacional del Derecho de Acceso a la Información, vale la pena volver a una idea esencial: tener acceso a información no alcanza si no podemos saber qué información estamos recibiendo. La transparencia del futuro tendrá que ocuparse también de esto. El próximo 21 de octubre, la Ciudad de Buenos Aires será sede del XXXI Encuentro de la Red de Transparencia y Acceso a la Información, bajo el lema “Explorando la inteligencia artificial en red: cooperación internacional orientada a la transparencia y al acceso a la información en tiempo real”. Será una oportunidad para que autoridades de distintos países de Iberoamérica compartamos experiencias y pensemos respuestas comunes frente a un fenómeno que no reconoce fronteras.

Si la inteligencia artificial atraviesa nuestras vidas en tiempo real, la cooperación para proteger nuestros derechos también tiene que hacerlo. Quizás el desafío de esta época no sea elegir entre tecnología y humanidad y sea algo mucho más ambicioso: hacer que la tecnología avance sin que la humanidad pierda el control sobre la información que necesita para decidir libremente. Y para eso necesitamos algo que conocemos desde hace mucho tiempo y que, paradójicamente, hoy vuelve a ser urgente: transparencia. La transparencia no debería decirnos qué creer. Debería darnos mejores elementos para decidir qué creer.

Titular del Órgano Garante del Derecho de Acceso a la Información de CABA.

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