7 de febrero 2026 - 00:00

El verdadero dilema: proteccionismo o reformas

Con la incertidumbre política despejada y una mejora en las variables financieras, la economía abre una ventana de oportunidad. El debate de fondo pasa por definir la secuencia de cambios necesarios para recuperar competitividad, crecer y generar empleo de calidad.

Hay que sustituir la vieja dicotomía entre proteccionismo o apertura por una discusión sobre la secuencia e integralidad correcta de las reformas que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible.

Hay que sustituir la vieja dicotomía entre proteccionismo o apertura por una discusión sobre la secuencia e integralidad correcta de las reformas que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible.

Mariano Fuchila

La elección de octubre despejó la incertidumbre política y, sobre esa base, se fueron acumulando una sucesión de buenas noticias en la economía. No solo se tranquilizó el mercado cambiario, sino que –ayudado por la flexibilización de la banda cambiaria, cuyo techo desde enero se actualiza por IPC– el Banco Central viene acumulando reservas a un muy buen ritmo. Mientras, el descenso del riesgo país muestra una dinámica que despeja las dudas sobre cómo el Estado afrontará los vencimientos de la deuda pública.

El “lado B” de este proceso es la moderación en el proceso de baja de la inflación. Pero es recomendable un cambio de prioridad. En la situación que se enfrentaba a fines del 2023, bordeando la hiperinflación, lo más urgente e importante era bajar la inflación. Alcanzado el objetivo, más allá del subsistente crecimiento de los precios superiores a los que prevalecen en el resto del mundo, para los próximos meses mucho más urgente e importante que terminar de derrotar la inflación es salir del estancamiento en la producción.

Las evidencias muestran que, dentro de una gran dispersión entre sectores, en promedio la actividad económica está estable desde comienzos del año pasado. Por eso, sin abandonar la expectativa de convergencia de la inflación interna a la internacional, la prioridad es salir del letargo en la producción. De allí que resulte particularmente inoportuna la falta de criterio que llevó a la renuncia de Marco Lavagna a la titularidad del INDEC. Parecería que exagerar la importancia de cuánto variarán los precios al consumidor en los próximos meses derivó en decisiones que atentan contra la credibilidad.

Mucho más relevante es asumir que la estabilidad en la tasa de desempleo no es un síntoma de que el mercado de trabajo detuvo su proceso de degradación sino, por el contrario, una alerta de que, como hace más de una década que no hay generación de empleos de calidad, la gente apela al trabajo informal, especialmente como cuenta propia, para generar ingresos de subsistencia. Tanto por razones sociales como para darle sostenibilidad política al programa económico, es pertinente focalizar la atención en generar condiciones para un crecimiento sostenido de la producción y el empleo de calidad.

Otra vez el falso dilema entre apertura y proteccionismo

La contratación de una empresa extranjera para la construcción de una obra de infraestructura para Vaca Muerta generó otra ola de polémicas en torno al anacrónico antagonismo entre apertura y proteccionismo. Bajo los posicionamientos tradicionales se cae en un dilema inconducente. El aislamiento lleva a la decadencia porque los precios más altos empobrecen a la población en general y desalienta la producción nacional al someterla a insumos y bienes de capital más caros. La integración al mundo, en un entorno plagado de factores que quitan competitividad, tampoco sirve para salir de la decadencia.

La manera de disipar el pesimismo es centrar el debate en identificar las condiciones que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible. Esto pone como prioridad la reconversión en el interior de las empresas y una agenda variada y compleja de políticas públicas. Se trata de revertir malas decisiones acumuladas durante décadas, que son las que impiden una integración al mundo eficiente y sostenible.

pesos dolar

Régimen cambiario, bimonetarismo y crédito

Dada esta situación, la reforma con impactos más inmediatos es acelerar la transición hacia el régimen cambiario definitivo. Con equilibrio fiscal y baja del riesgo país, el Tesoro está en condiciones de afrontar la deuda, permitiendo que el Banco Central se concentre en acumular reservas con emisión monetaria al ritmo que le permita abastecer la demanda de dinero.

La secuencia siguiente es institucionalizar un régimen bimonetario, como ocurre, por ejemplo, en Perú. Esto implica darle al dólar curso legal, terminar de eliminar el cepo y permitir que el sistema financiero intermedie, bajo reglas similares, con las dos monedas. El principal impacto es ofrecer mayor previsibilidad y que el crédito juegue un papel relevante como factor dinamizador y como insumo fundamental en el proceso de reconversión empresarial.

Con impactos menos inmediatos, pero trascendentales, aparecen reformas como la laboral. En esta área, el proyecto en tratamiento en el Congreso tiene la integralidad y profundidad acorde a la magnitud del problema. Sin perjuicio de ello, como se desarrolla en los PAL N° 111 a N° 117, hay ajustes que permitirían aumentar la potencia transformadora, en especial para empresas más pequeñas.

Reforma tributaria y competitividad en un país federal

Otra área especialmente condicionante de la competitividad de la producción nacional es la tributaria. Con la actual conformación del sistema impositivo es muy difícil ser competitivo, especialmente en sectores de mayor valor agregado. La producción nacional queda descolocada al incorporar en sus costos la incidencia de impuestos como ingresos brutos, sellos, impuesto al cheque, tasas municipales y derechos de exportación, a lo largo de toda la cadena de suministros.

No está en duda la necesidad de transformar el sistema tributario, sino la manera de hacerlo. Especialmente cómo enfrentar las dificultades derivadas de que los tributos a eliminar dependen de los tres niveles de gobierno, y aportan una proporción muy alta de los ingresos totales en un contexto de fuerte restricción fiscal.

Si la opción es confiar en que la gradual baja del gasto público genere las condiciones para eliminar impuestos distorsivos, hay muchas razones para el pesimismo. El planteo es simplista y voluntarista. Pero si se está dispuesto a desplegar estrategias más disruptivas, aun dentro del régimen federal, pueden instrumentarse reformas acordes a una integración al mundo eficiente y sostenible.

La empresa que ganó la compulsa para Vaca Muerta tiene sede en India, un país federal que enfrentó problemas similares y los abordó con un “Súper IVA”, fusionando la maraña impositiva. Este antecedente fue tomado por Brasil, que avanza en una reforma donde el IVA sustituirá impuestos superpuestos de los tres niveles de gobierno. Que el principal socio comercial de la Argentina esté implementando una reforma tributaria procompetitividad es mucho más relevante que el impacto de un cambio metodológico en el IPC.

La tranquilidad cambiaria y financiera es una ventana de oportunidad, pero no una solución permanente. Para aprovecharla hay que romper inercias de décadas, sustituyendo la vieja dicotomía entre proteccionismo o apertura por una discusión sobre la secuencia e integralidad correcta de las reformas que permitan una integración al mundo eficiente y sostenible.

Economista, presidente de IERAL de la Fundación Mediterránea

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