ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

5 de junio 2020 - 12:04

Emisión monetaria y pobreza

Los consensos sociales, políticos y económicos piden pista en esta pulseada inesperada, tal vez la más grave que vive la Argentina.

ver más

El año 2019 cerró oficialmente con un 35,5% de personas bajo la línea de pobreza. Es probable que, por la baja actividad económica en el primer trimestre de 2020 más los efectos de la cuarentena obligatoria ese número se eleve en junio de 2020 al 40%.

Imagen: Télam

A primera vista, lo que deja expuesta la pandemia del Covid-19 es la enorme fragilidad de la humanidad en varios aspectos esenciales: hizo explotar las principales características de vida, entre ellas los hábitos, los deseos, la salud de la población y del planeta y varios de los sistemas que las sustentaban, entre ellos los del trabajo y el sistema económico-financiero.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El siempre ponderado científico Albert Einstein solía decir: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. La frase viene a cuento porque, en particular la Argentina se inclina por repetir las mismas fórmulas para resolver problemas parecidos a lo largo de su historia. Pero en el cuadro que deja ver en sus primeros trazos el paso del coronavirus por América Latina, y en nuestro país, las soluciones que se apliquen basadas en hechos anteriores serán insuficientes y, tal vez, poco apropiadas.

La emisión monetaria no es inversamente proporcional a la pobreza, ya lo veremos.

Para comenzar se cometió el error de adjudicarle a la epidemia una connotación emparentada con la guerra. La palabra “luchar” contra el virus es de uso corriente, pero vetusta en estos tiempos. Una pandemia no es una guerra, el Covid-19 es peligroso pero no un arma de alta letalidad, ninguna conducción política la dirige para anexar territorios o extender dominación. Es, nada más y nada menos, que una desgracia sanitaria expandida en todo el planeta.

A causa de las cuarentenas las economías de todos los países cayeron, con más o menos estrépito según sus características preexistentes. Incluso afectó a Estados Unidos y Brasil donde se privilegió la economía por sobre las vidas. Pero ahora, los gobiernos ya buscan la manera de volver a la actividad.

¿Cuál es la experiencia más cercana para buscar una salida económica adecuada? Ninguna pandemia anterior, sino el crash financiero de 2008 que provocó un cambio muy profundo en la economía mundial. Después de ese suceso, que en la Argentina remitió a la caída financiera de 2001, hubo un cambio importantísimo en el mundo, que dejó de ser el que era: del crecimiento relativamente alto y una moderada inflación que existían hasta 2008 se pasó a una situación de crecimiento lánguido y a una gran deflación. Hoy se espera que el Covid-19 provoque una recesión mayor que la del 2008-2009.

Antes de la cuarentena la economía argentina ya exhibía una complejidad inconveniente. La elección de atender la Deuda Externa en forma prioritaria y la ausencia de un Presupuesto Nacional para 2020 no solo paralizaron al país sino que lo pusieron en estado de Emergencia antes de que llegara el Covid-19.

Si los fondos eran escasos cuando comenzó la cuarentena, el 20 de marzo pasado, las reservas se diluyeron casi por completo con la ayuda económica a millones de personas que no pudieron salir a trabajar, a empresas que quedaron al borde de la quiebra por mantener sus persianas bajas respetando el aislamiento obligatorio, todo agravado por el aumento insostenible de los precios en los productos de primera necesidad.

Emisión monetaria preocupante

La parálisis de la sociedad y del sistema productivo económico y financiero tuvo para el gobierno solo una opción, muy preocupante: la emisión monetaria sin control, financiada por el Banco Central de la República Argentina, inadmisible en otros países. Desde el 10 de diciembre hasta hoy se emitieron 1.100.000 millones de pesos.

Es muy probable que esta emisión virtualmente sin límite lleve a los argentinos otra vez a recorrer el camino más conocido, y no por eso el mejor: cubrir el déficit fiscal con emisión, paso previo a la suba de la inflación y la depreciación del peso, hasta llegar al punto en que la devaluación sea inevitable. Ello genera a su vez un shock adicional de inflación que -de acuerdo con su medida- elevará fuertemente el porcentaje de la pobreza. Un trayecto de manual.

Al llevar más de 70 días de cuarentena ese cuadro se refleja en el incremento diario de la asistencia alimenticia a millones de familias. Quiere decir que también repetimos otro ciclo, pero esta vez desde un punto de partida de mayor pobreza estructural.

La emisión más el cepo cambiario en la actual y cruda coyuntura, no hacen más que ensanchar la brecha cambiaria poniéndole más presión a una futura devaluación y a influir en los precios de la economía.

Es cierto que, dada la pandemia del Covid-19, todos los bancos centrales del mundo (en mayor o menor medida), están inyectando dinero a los mercados para salvar empresas y ayudar a individuos, para evitar quiebras masivas derivadas del “parate” en la producción y el consumo. La enorme diferencia entre la Argentina y el resto del mundo es que este mecanismo es “excepcional” a nivel mundial pero el más usual en el nivel local.

Los resultados negativos derivados de una política de excepción tendrán menos impacto en países con economías robustas y monedas fuertes que no suelen tomar este tipo de medidas.

Si bien el mundo, seguramente, experimentará una inflación más alta que años anteriores, eventualmente el exceso de dólares, euros, yenes, será aceptado por las instituciones financieras, empresas y público en general, por lo que la pérdida de su valor tendrá un piso razonable. No será el caso del peso argentino, desvalorizado hasta por los propios argentinos cuando utilizan la moneda nacional exclusivamente para transacciones, buscando “deshacerse” rápidamente de los sobrantes en pesos consumiendo un bien durable, pasándolos a otra moneda fuerte (típicamente el dólar), o hacer una inversión que lo relacione a una divisa confiable.

Nivel de pobreza en crecimiento

El año 2019 cerró oficialmente con un 35,5% de personas bajo la línea de pobreza. Es probable que, por la baja actividad económica en el primer trimestre de 2020 más los efectos de la cuarentena obligatoria ese número se eleve en junio de 2020 al 40%, según las proyecciones más conservadoras.

Traspasar el límite de tener a más de la mitad de los argentinos en la pobreza y cuantificar la desaparición de empresas medianas y chicas, plantearía un panorama sombrío y de gran dificultad para salir de la meseta y retomar el sendero de crecimiento económico básico con expectativas de desarrollo, aunque sean relativas.

Los consensos sociales, políticos y económicos piden pista en esta pulseada inesperada, tal vez la más grave que vive la Argentina, para recuperar el terreno y el tiempo perdidos y alcanzar nuevamente el tren del siglo XXI.

Ojalá que en el mundo, después del Covid-19, se cumpla una reflexión de Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía en 2013: “Un efecto a largo plazo de esta experiencia podrían ser unas instituciones económicas y políticas más redistributivas: de los ricos hacia los pobres, y con mayor preocupación por los marginados sociales y los ancianos”.

Legislador porteño de Vamos Juntos

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias