10 de agosto 2007 - 00:00

"Estabilizar las condiciones financieras ha pasado a ser la prioridad absoluta"

El periodista dialoga con el especialista en mercados que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, quien analiza el impacto en Europa de la crisis por la deuda subprime de los EE.UU. «En mercados financieros muy integrados, el riesgo se distribuye, no necesita permanecer donde fue generado», dijo en referencia a la inyección de fondos que hizo ayer al sistema el BCE. «Nos estamos desayunando de la verdadera envergadura del problema», advirtió.

Estabilizar las condiciones financieras ha pasado a ser la prioridad absoluta
PERIODISTA: No se suponía que fuera así. El comunicado de la Fed -su gesto de prescindencia, la postura de «manos libres»-daba por sentado que la situación financiera estaba bajo control. ¿No cometió un serio error de cálculo?

Gordon Gekko: La liebre saltó en Europa. Estados Unidos debió arremangarse y acompañar. Lo mismo que el Banco de Canadá.

P.: El Banco Central Europeo pasó, sin solución de continuidad, de sugerir una nueva suba de tasas de interés, a destrabar, con urgencia, los grifos de la liquidez. Sintonizaba otro canal.

G.G.: Verter 95 mil millones de euros no estaba, para nada, en su agenda. Como se ve, no es un juego sencillo de anticipar. Bernanke tampoco tenía en mente que, dos días después de una reunión de la Fed que retaceó todo auxilio verbal, iba a girarle un cheque al sistema por 24 mil millones de dólares...

P.: ¿Qué pasó? ¿Es otro coletazo del problema de la deuda hipotecaria subprime o uno nuevo de cosecha propia?

G.G.: Es, en esencia, el problema conocido de las estructuras montadas sobre la base de la deuda subprime de los EE.UU. Que ha sumado otros ingredientes. La liquidez de los bancos que financian compras y fusiones de compañías ha quedado atrapada, en parte, por sus compromisos de «underwriting». Es una bonita cifra...

P.: ¿Cuánto?

G.G.:
Calcule que -sólo en las tres últimas semanas-hubo que postergar colocaciones de deuda por 50/60 mil millones de dólares, ya que los mercados de alto riesgo cancelaron todo apetito. Y las transacciones corporativas quedaron en pie. Ese financiamiento -de alto riesgo-se mantiene en los libros. El stock total sumará unos 400 mil millones de dólares. Lo que, por cierto, no estaba en los planes.

P.: ¿No es curioso que la crisis del subprime golpee tanto en Europa? Parecería que más que en los EE.UU.

G.G.: En mercados financieros muy integrados, el riesgo se distribuye, no necesita permanecer donde fue generado.

P.: ¿Pero por qué tanta vulnerabilidad en las instituciones de Europa? La semana pasada hubo que rescatar a un pequeño banco alemán; hoy hay que librar una asistencia masiva. Y 49 bancos del continente tomaron fondos. Los nombres ilustres, esta vez, también se anotaron.

G.G.: Siendo tentador, no es fácil penetrar el mercado bancario de los EE.UU. Ello forzó siempre a tomar una exposición en los márgenes. Y los productos derivados de la deuda subprime eran uno de tantos vehículos disponibles. Sólo que, a priori, muy rentables. Con todo, IKB, el citado banco alemán, siempre sostuvo que no tenía exposición al subprime. BNP Paribas había dicho que la suya era negligible. Creo que nos estamos desayunando de su verdadera envergadura.

P.: ¿Qué disparó este renovado episodio de estrés? ¿Un salto en las dificultades de cobranza?

G.G.: No. La cartera irregular aumenta a tranco lento. Y, que se sepa, no hay casos de default en las obligaciones garantizadas por deuda subprime. No en las calificadas como grado de inversión.

P.: Pese a ello, están en el ojo del huracán...

G.G.: Su liquidez se ha evaporado completamente. Y, sin mercado secundario, no hay cotizaciones. Salvo precios de liquidación...

P.: ¿Por qué habrían de liquidarse?

G.G.: El talón de Aquiles es que los portafolios combinaron estas obligaciones con un alto apalancamiento.

P.: Como una manera de potenciar rendimientos...

G.G.: Un atajo para devengar retornos de dos dígitos sobre la base de una cartera de instrumentos con grado de inversión. Una idea brillante. Con una vulnerabilidad: una merma de precios -aun acotada-obligaría a reponer garantías. A disponer de un capital adicional.

P.: Ya se vio con los fondos de Bear Stearns. La caída de precios se come el capital propio con rapidez.

G.G.: El esquema es ingenioso. Estas estructuras no son commodities. No son homogéneas; sus flujos de fondos son intrincados. Su liquidez secundaria siempre, por ende, fue restringida. Pero ello, encierra un lado bueno. La valuación no podría hacerse por precios, sino por modelo. Estos activos no se marcaban a mercado, sino al valor teórico que sugería un modelo de referencia.

P.: Altos rendimientos. Bajísima volatilidad. Es como la invención de la rueda.

G.G.: Correcto. Los bancos de inversión cerraron todo el ciclo de producción. Desde empaquetar las hipotecas, crear las estructuras garantizadas por dicha deuda, distribuirlas en el mercado y proveer el financiamiento para energizar los retornos.

P.: ¿Por qué se dice, entonces, que la falta de precios impide calcular el valor de los activos y por ello debe suspenderse la actividad de varios de estos fondos de inversión?

G.G.: Esto es lo mismo que decir que los prestamistas quieren cobrar y los inversores desean retirarse. Y, por cierto, no admiten llevarse un papel con las ecuaciones del modelo. Quieren su dinero. Y no hay modelo por sofisticado que satisfaga esa restricción. Hay que pasar por el mercado. Y allí las cuentas no cierran.

P.: ¿Cómo sigue la película?

G.G.: Hoy hemos visto un cambio de vías en la política monetaria. Estabilizar las condiciones financieras ha pasado a ser la prioridad absoluta.

Dejá tu comentario

Te puede interesar