Energía: "El deterioro del sector se ha profundizado en estos últimos"

Opiniones

Es necesaria la unidad del movimiento obrero para enfrentar la pandemia y a los enemigos del pueblo.

Hemos visto cómo ha pasado con una velocidad inusitada, el cambio en la conducción política de nuestro país. Hace cerca de cinco meses, la situación era sumamente compleja y de alto impacto sobre la realidad de los argentinos, dejando el gobierno saliente un daño tremendo en la matriz productiva, en la previsional, en el sistema sanitario y en el tejido social.

Las primeras medidas del naciente gobierno eran atacar el hambre de casi 14.000.000 de argentinos, otro punto era renegociar la deuda externa impagable que dejaban, como decía un periodista hace unos meses. Esos ceos ricos que nos gobernaron como una banda hicieron negociados, al tiempo que destruían todo lo que tenían a su alcance, pero cuidado: siguen a la fecha con sus fechorías, utilizando toda la artillería con la que contaban y cuentan con sus viejos socios para aplicar métodos de presión sobre el actual Gobierno.

En medio del armado de la nueva estructura, el Ejecutivo inicia el lanzamiento de la Tarjeta Alimentaria y las negociaciones con los acreedores, pero tanto en la Provincia de Buenos Aires como a nivel nacional, estos grupos inician la resistencia, a través del lock out patronal de los grandes grupos sojeros por la reestructuración de las retenciones en todos los niveles y avanzan con el boicot a las sesiones por el quite de privilegios jubilatorios -en especial a jueces-.

En todo ese tiempo difícil, una parte de la oposición que no da respiro y habiendo sido culpables de lo destruido, quiere mostrar un poder, sostenido por aquellos que los acompañaron estos cuatro años y que lograron bajo su dominio hacer fastuosas riquezas, mientras se acentuaba el descontrol, la degradación y el desmantelamiento del Estado. Su política económica neoconservadora cercenaba derechos y empobrecía a capas amplísimas de la población, a la par que el capital había logrado imponer una relación de fuerzas que le era absolutamente favorable, logrando desvalorizar o quitar con la ayuda de muchos, la mayoría de las conquistas obreras y consiguiendo desorganizar y confundir a muchos integrantes de las filas del Movimiento Obrero.

En esta pelea aparece el Covid-19 y en los primeros días de marzo cambia rápidamente toda la planificación que se venía desarrollando, a la vez que aparecen obscenidades en el tema sanitario, el cual no se encontraba preparado para recibir semejante pandemia. El Presidente de la Nación asume la política que prioriza “la vida por sobre lo económico” y ahí comienza el otro drama, con un país vaciado y endeudado, se debe volcar todo el potencial a la estructura sanitaria inexistente, a volcar apoyo económico a pymes, trabajadores y trabajadoras que se quedaron sin trabajo o suspendidos, a jubilados, cuentapropistas, en definitiva, se vuelcan millones de pesos para hacer frente a este flagelo.

En este 1 de Mayo, el Movimiento Obrero sigue con la inercia de los últimos años, negociaciones de cúpulas y falta de comunicación con los diferentes secretarios generales, ya sea a través de una convocatoria a los mismos o un confederal para que fijemos en conjunto cuál es el camino a seguir, cuál es la estrategia para defender las políticas que intenta aplicar este Gobierno, porque hay que saber: los enemigos están juntándose, presionando a través de los medios de comunicación, y los empresarios que incontrolablemente trabajan sobre los precios y las finanzas contra el pueblo argentino.

Creemos en la nobleza de los gremios que han cumplido y seguirán cumpliendo con el Gobierno, ofreciendo sus hoteles y la infraestructura de sus obras sociales con el fin de ayudar a tener reacción ante un crecimiento exponencial de la pandemia. Los trabajadores y trabajadoras reclaman ya un accionar institucional en el marco de la unidad, que llegue claramente a las bases que se encuentran confundidas y a lo que ya se suma el cansancio del aislamiento, la recesión que lleva a pérdida de fuentes de trabajo y suspensiones, a la falta de ingresos.

Nosotros, los sindicatos de la Corriente Federal de Trabajadores de la CGT R.A. que confrontó con el modelo anterior, siempre hemos sostenido una posición común sobre la necesidad de llegar a la unidad, dispuestos a construir desde esa unidad los espacios de esta mayoría, que hoy debe luchar cada día con los que nos saquearon y quieren seguir haciéndolo, totalmente insolidarios, porque no les interesa el ser humano y su único Dios es el dinero, buscan seguir aumentando sus riquezas a costa del pueblo argentino. Ante ello debe estar el Movimiento Obrero defendiendo este modelo político, económico y social, que venció en las calles y en las urnas en 2019, con toda la fuerza que siempre dio en los momentos más terribles para nuestro país.

Por último, y por ser un gremio de un servicio público esencial, cuya situación de deterioro se ha profundizado en estos últimos cuatro años, con el aumento de tarifas, la falta de inversión que sólo permitió una fuerte transferencia de recursos y fuga de divisas hacia los grupos multinacionales concesionarios de estas empresas de servicios eléctricos, quiero cerrar esta nota con una definición que nuestro querido y entrañable compañero Germán Abdala, quien fuera Diputado Nacional y Secretario General de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), en un reportaje en el mes de mayo de 1991 nos decía:

“Es un momento propicio como para hacer una evaluación de todo el proceso de privatizaciones, ya que ahora se puede discutir sobre resultados y no sólo en base a ideología o intenciones. Lo primero que se ve es que no se cumplieron ninguno de los apotegmas que planteó el gobierno, sobre todo la gestión Dromi: no hubo inversión de riesgo, no significó una reactivación ni se generaron nuevas fuentes de empleo. Tampoco se produjo la desmonopolización que tanto agitaron como propaganda……y lo único que cambió fue el Estado argentino por otro Estado. Pero para colmo fue un pésimo negocio para la sociedad, porque el Estado terminó subsidiando a los compradores… o favoreciéndolos mediante la capitalización de la deuda. Además todo está lindando con la corrupción…, esa es la concepción de aquellos que quieren ingresar en la era tecnológica sin haber pasado por la revolución industrial. Dicen modernización pero sin desarrollar el país...” A 29 años, esta realidad expresada por Germán Abdala no ha cambiado, nos quedamos sin las empresas y con un Estado que perdió y sigue perdiendo.

(*) Secretario General de la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía.

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