Las crisis globales en el siglo XXI: ¿qué rol debe tener el Estado?

Opiniones

La crisis es una oportunidad dice el ideograma chino; quizás esta crisis nos dé la posibilidad de un nuevo estado de bienestar y un nuevo modelo de integración regional.

La crisis sanitaria, económica y social provocada por el Covid-19, nos ha confirmado o reconfirmado que “Las crisis en el siglo XXI habrán de tenerineludiblemente características globales”.La crisis climática, la crisis financiera del 2008 y por supuesto la crisis enunciada son claros ejemplos que en un mundo hiperglobalizado como el actual, las crisis sean por el motivo y las causas que fueren, ya no habrán de afectar a un solo país o a una región específica, sino que el impacto y las consecuencias habrán de repercutir de manera global.

Frente a este contexto, se hace necesario reabrir una vez más la reflexión y el debate respecto del rol no solo de los estados nacionales, sino esencialmente de las regiones y en consecuencia de los procesos de integración regionales. En nuestro caso particular, América Latina y su relación con la prospectiva estratégica a adoptar, destinada a conquistar un sendero de desarrollo estratégico sostenible en el tiempo.

En lo referente a los estados nacionales, se hace decididamente necesario recrear un nuevo modelo de Estado de Bienestar. Un estado no anclado en el contexto social político y económico de mediados del siglo pasado, sino uno surgido en el contexto social, político y económico actual, pero con la impronta particular de un estado benefactor como el que supimos conocer. La pandemia obligo a los estados nacionales a adoptar un rol más activo en lo concerniente a la acción, protección, asistencia, intervención, articulación y planificación; en definitiva un rol más asociado con un estado benefactor que con cualquier otro tipo de estado.

Frente a tal afirmación, quizá la pregunta que surja sea ¿pero porque un nuevo modelo de estado de bienestar y no pensar en otro modelo?. Porque los Estados de Bienestar establecieron los medios para conciliar la democracia y el capitalismo mediante la protección de las instituciones de las economías capitalistas, sobre todo la propiedad privada. Del mismo modo operaron sobre los intereses del conjunto de los ciudadanos, a través de la acumulación de recursos destinados a proporcionar a cada un mínimo básico y de oportunidades a lo largo del ciclo vital. Asimismo el Estado de Bienestar al expresar un nuevo colectivismo, logro defensores en las izquierdas y las derechas políticas; incluidos aquellos preocupados principalmente por el crecimiento y el desarrollo económico; en tal sentido es importante recordar que la conocida edad de oro del capitalismo se desarrolló durante la etapa de plena vigencia de este Estado benefactor.

Por supuesto que las tareas y los desafíos de este nuevo estado, no habrán de ser para nada sencillas. Entre los desafíos más importantes a afrontar estarían:

  • Abolición de la pobreza e indigencia. (tarea que demandara una política de estado sostenible en el tiempo, recursos, esfuerzo y compromiso de todos los actores sociales)
  • Reducción acelerada y sostenida de las desigualdades estructurales existentes en cada territorio y región en particular.
  • Creación de nuevas riquezas y reparto distributivo de las existentes para lograr contrarrestar la acumulación histórica existente.
  • Fiscalidad justa y necesaria. (En este sentido las elites debe comprender que sin una cohesión social no hay convivencia y desarrollo posible)
  • Creación de nuevos derechos económicos, sociales, culturales, sanitarios y tecnológicos, sin dejar de velar y exigir el cumplimiento de los actuales.

Estamos viviendo una situación completamente impensada y excepcional fruto de una pandemia que puso en jaque la economía mundial. Frente a esta situación se abre la posibilidad de generar un estado que sea capaz de generar una nueva ciudadanía y sentar las bases de una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

Como se formuló al inicio, las crisis en este siglo habrán de ser globales y la importancia de los procesos regionales de integración vuelven a tomar una importancia significativa. Debe comprenderse que es imperioso un fortalecimiento del proceso de integración latinoamericano existente. Salvo el caso de Brasil y Haití, nos une el mismo idioma, las mismas raíces nativas y las cuestiones culturales. La homogeneidad de la región es un enorme potencial que no puede seguir siendo desaprovechado, dado que es una característica primordial en la integración.

En el plano económico, somos una región con una significativa fuente de recursos naturales, humanos y tecnológicos. En relación con el plano geopolítico, es necesario construir de una vez y para siempre un bloque regional solido frente a la Comunidad Económica Europea, Asia, los Estados Unidos y la Unión Africana. Un bloque que nos permita posicionarnos desde un plano de fortaleza y no de debilidad como el presente.

La región debe darse un plan común de acción y desarrollo. Un plan que le permita fortalecerse, mejorar sus instituciones, defender el multilateralismo, abolir la pobreza, tener una política económica, fiscal y social en común y que le permita poder sentarse en un plano de mayor paridad frente a los grandes bloques de poder político y económico mundiales. Este reto debe ser emprendido en principio por los países líderes de la región (México, Brasil y Argentina) y a posteriori el resto de las naciones del continente incorporarse en el menor tiempo posible.

Como región debemos poder vencer la indiscutible “Teoría de la Dependencia”. Debemos actuar como sujetos políticos e históricos y ser protagonistas de nuestro propio destino. América Latina debe empezar a disputar la hegemonía existente construyendo una contrahegemonia; no intentarlo y quedarnos en la remembranza de los tiempos pasados, terminara siendo funcional a la hegemonía reinante. No es una locura ni un arrebato, sino que es ejercer la decisión de construir la patria grande que soñaron nuestros libertadores y que nos merecemos todos quienes vivimos en ella.

La crisis es una oportunidad dice el ideograma chino; quizás esta crisis nos dé la posibilidad de un nuevo estado de bienestar y un nuevo modelo de integración regional que nos permitan poder construir un mejor y más justo porvenir para todas y todos las y los latinoamericanos.

(*) Licenciado en Ciencia Política y Gobierno (Univ. Nac. de Lanús), profesor en Docencia Superior (UTN), miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP). (@fidalgomarcelo)

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