(El experto en mercados internacionales personificado como el banquero de la película «Wall Street», Gordon Gekko, destaca la fuerte jugada de la Fed de salvar al banco Bear Stearns. Pero pone reparos sobre la decisión política si hace falta otorgarle más capacidad de intervención al banco central.)
PERIODISTA:Tras el salvamento de Bear Stearns, ¿hay un antes y un después de la crisis? ¿O habrá que seguir aferrado a la butaca sin soltarse el cinturón de seguridad?
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Gordon Gekko: ¿Será el piso? No lo creo. Pero es un mojón importante. Marca los límites de la tolerancia de las autoridades, lo que claramente no van a permitir.
G.G.: Esa es la lección básica del affaire Bear Stearns.
P.: Serán rescatados aunque el sector público tenga que hacerse cargo de la cartera en problemas.
G.G.: Usted reemplaza un fantasma por otro. Quita de lado la idea de una corrida que pueda desestabilizar al sistema financiero con imprevisibles consecuencias. E instala la convicción de que la Fed (o, eventualmente, el Tesoro) es, no solamente un prestamista generoso de última instancia, sino el coleccionista de activos de último recurso. La mano firme que se quedará con los trastos inservibles si su peso amenazara con hundir a los bancos.
P.: Cambia una pesadilla inminente por un futuro dolor de cabeza.
G.G.: Correcto. Por eso el alivio fue inmediato. Esto es lo bueno de incurrir en riesgo moral. Lo malo, se sabe, se verá más adelante.
P.: ¿Hasta dónde se pueden repetir operaciones como Bear Stearns? Un portafolio de 30 mil millones de dólares es una gota en la copa de los potenciales problemas. ¿Tendrá la Fed espaldas suficientes, llegado el caso, para tomarlos todo sobre sus hombros?
G.G.: El capital de los bancos excede con holgura 1 billón (millón de millones) de dólares. La erosión opera contra ese colchón. La Fed quedaría expuesta al riesgo residual; a sólo una fracción de las estimaciones de pérdidas que circulan con profusión (y varían entre 400 mil millones y 1 billón de dólares).
P.: Mi reparo es que la hoja de balance de la Fed no es muy voluminosa. Y resultará una limitación si la tormenta cobra nuevas víctimasde peso.
G.G.: La Fed dispone de unos 900 mil millones de dólares (aprox.) y, a través de las distintas ventanillas de asistencia, ya comprometió 400 mil millones. Sume los redescuentos a los brokers/dealers y estamos en la mitad. No veo inconvenientes para acomodar la cartera que se hereda tras la absorción Bear Stearns y manlostener, independiente, el programa monetario.
P.: Si uno mira el volumen de los activos del sistema se da cuenta que estas cifras son apenas una moneda. Si la iliquidez se agrava, no aportarían mucho más alivio que un balde de agua. Y ni siquiera menciono los problemas de solvencia.
G.G.: Tiene razón.
P.: ¿Deberá la Fed aumentar sus pasivos monetarios -el dinero de alta potencia- para satisfacer su rol de bombero si se empeña en múltiples frentes?
G.G.: Tampoco. La respuesta oficial no pasa únicamente por el swap de activos (el canje temporario de liquidez y títulos del Tesoro por activos hipotecarios) que propulsa la Fed. Las agencias patrocinadas por el gobierno -Fannie Mae, Freddie Mac y bancos del sistema federal de préstamos para la vivienda (FHLB)- aumentaron su poder de fuego en 350 mil millones de dólares, estos días, cortesía de cambios regulatorios ad hoc que favorecen una mayor demanda de hipotecas. Pero aun prescindiendo de las agencias, siempre queda el recurso a mano, de que la Tesorería capitalice a la Fed. Si su hoja de balance no da la talla, un aporte de capital que incremente la posición de títulos del Tesoro en el activo del banco central bastará para ensancharla. Es simple.
P.: Haría falta voluntad política.
G.G.: Correcto.
P.: ¿Existirá?
G.G.: Que mejor ocasión de comprobarlo que ahora. El Senado va a examinar los detalles de la operación Bear Stearns. El traspaso de la cartera de los 30 mil millones de dólares y la constitución, en los hechos, de un vehículo especial de inversión (SIV) en cabeza de la Fed de Nueva York. Es dinero de los contribuyentes el que está en juego. Si le concede el visto bueno -en rigor se trata de una operación de naturaleza fiscal y no monetaria, que tendría que realizar el Tesoro y no la Fed- no debería objetarse una eventual ampliación de capital que facilite una mejor prestación de las funciones que sí son propias de la Fed.